Me maravillé con el camino que subía o bajaba según se fuera o se viniera a Comala, o con Susana San Juan preguntando, en su delirio, si no oía cómo rechinaba la tierra. Fui indiferente, en cambio, al libro como objeto: la edición accesible de Pedro Páramo del Fondo de Cultura Económica. Una amiga universitaria me lo prestó o regaló, confieso no recordarlo, un ejemplar de pasta dura verde y blanca, tipografía grande, papel de buen gramaje, del Círculo de Lectores. Lo conservé; aún permanece en el buró de mi hijo, que desde la adolescencia se adueñó de él y, por una extraña razón, lo guarda en su dormitorio. No sé si por su contenido o por la pieza, que sin ser obra de arte editorial, destaca sobre otras ediciones populares que conozco.







