La menor de mis hijas, sospecho, ha caído bajo la influencia de nuevas amistades. De un tiempo a la fecha la descubro hurtando algunos de mis libros, para mi alegría, y comprando novelitas tan pasadas de moda que fueron escritas por Amado Nervo. Este viernes le compré, en la ahora difunta Librería Porrúa de Tepic, la novela indigenista Nayar, del yucateco Miguel Ángel Menéndez, que en 1940 ganó el Premio Nacional de Literatura con un jurado que presidió Alfonso Reyes. Confieso que conservo un ejemplar viejísimo de Populibros La Prensa y prácticamente no recuerdo nada de su contenido, porque el indigenismo lo leí en mi juventud por una obligación ideológica y autoimpuesta, no por placer. Deseo que mi niña lea sólo por gozo, aunque la critiquen los apóstoles de la ideología del poder.



