7.7 C
Tepic
sábado, septiembre 19, 2026
InicioOpiniónLas veredas de Alejandro

Las veredas de Alejandro

Fecha:

spot_imgspot_img

—Deberías publicar tus memorias, Alejandro —le sugerí en una de nuestras frecuentes pláticas a inicios del nuevo milenio, en su casa de Aután, fascinado ante las innumerables anécdotas sobre su trayectoria de militante, candidato, legislador y presidente municipal.

Alejandro Gascón Mercado fue una de las escasas figuras que logró quebrar la hegemonía del régimen priista en las décadas de 1960 y 1970. Se trataba de un líder excepcional. Abrazó la causa del socialismo desde la adolescencia, cuando cursaba la Secundaria para Hijos de Trabajadores en Tepic; allí asimiló la visión materialista y revolucionaria del mundo a través de las enseñanzas de figuras como Severiano Ocegueda Peña, respetado docente de base, temido por el oficialismo y perseguido por su filiación comunista.

Su liderazgo estudiantil y su posterior traslado a la Ciudad de México lo condujeron, junto a su entrañable camarada Salvador Castañeda O’Connor, a integrarse en las filas del Partido Popular Socialista (PPS). Fue secretario particular de Vicente Lombardo Toledano, bajo cuya tutela formativa creció su proyección política. Fue electo diputado federal en dos ocasiones y, a la par de un puñado de cuadros comprometidos con el socialismo en Nayarit, emprendió un intenso trabajo territorial. Esa fuerza organizativa fue factor clave para que el presidente Adolfo López Mateos viera con buenos ojos la candidatura de su hermano Julián por la coalición PRI-PPS al gobierno del estado.

Dotado de una elocuencia vibrante y un talento oratorio fuera de serie, Alejandro cosechó simpatías populares más allá de su parentesco con el gobernador, cimentando una fuerza electoral propia que lo llevó a la alcaldía de Tepic (1972-1975) y a convertirse en el aspirante indiscutible a la gubernatura en los comicios de 1975, contienda en la que el aparato del Estado orquestó un fraude electoral para cerrarle el paso a un gobernante de izquierda socialista.

—Sería un acto de vanidad intelectual —me atajó con su habitual aspereza y esa voz grave tan característica—. ¿Qué tengo yo que aportar?

—Todo —le reviré—. Es más: tus vivencias ya no te pertenecen solo a ti; le pertenecen a los nayaritas, especialmente a quienes te admiran y han caminado contigo.

Alejandro guardó silencio unos instantes. Tras meditarlo, me preguntó con cautela:

—¿Y tú me lo publicas? ¿La Universidad me lo puede publicar?

Le respondí afirmativamente.

—Entonces búscame a alguien que me grabe y pase a máquina lo que le vaya dictando; te garantizo el original en poco tiempo.

El proceso le tomó cerca de medio año. Las veredas del tiempo no fue concebido como un tratado académico, sino como un testimonio vivo, dictado al calor de la memoria y la pasión política.

—Tú tienes que escribir el prólogo —me advirtió—. Para un texto testimonial como este, tu visión académica es indispensable.

Enviamos los originales a la imprenta universitaria. Apenas transcurridas unas semanas, Alejandro ya me llamaba puntualmente a las seis de la mañana para recordarme que “la revolución no descansa” y averiguar cómo iba la edición. Aunque le insistí en que contactara a Enedina, entonces directora editorial de la universidad, no me libré de recibir dos o tres llamadas tempraneras por semana hasta que los libros salieron de la imprenta.

El volumen, de más de seiscientas páginas, vio la luz en junio de 2000 y fue presentado por Salvador Castañeda y por mí en el patio central del Complejo Administrativo de la UAN. Alejandro, su familia y sus correligionarios acogieron con orgullo la obra, que prácticamente agotó su tiraje al poco tiempo de circular.

Fiel a sus convicciones, Alejandro estructuró el libro a su manera: dejó en un segundo plano el amargo agravio del fraude de 1975 para concentrarse en su trayectoria política y en su gestión al frente del Ayuntamiento de Tepic. En sus páginas cobran vida el asambleísmo, los comités de defensa popular, la seguridad ciudadana y la rendición de cuentas en la plaza pública. Forjó su visión socialista a partir del poder comunitario y no de imposiciones burocráticas; esa visión programática explica el arrastre de masas que desbordó a Nayarit en 1975. Lo demás es parte de la historia negra del autoritarismo mexicano.

Años después, hacia 2008, durante mi encargo en el Senado de la República, acompañé a Andrés Manuel López Obrador a una gira por Temacapulín, Jalisco, donde sostuvimos una asamblea con pobladores que resistían la inundación de su comunidad por la presa El Zapotillo. En el trayecto de vuelta por carretera, Andrés Manuel se levantó de su asiento y se acercó a mí con el libro de Alejandro entre las manos.

—¿Ya viste esto? —me dijo—. Son las memorias de Gascón Mercado. ¿Las conocías?

—Sí, licenciado —le respondí sonriendo—. Yo le escribí el prólogo y lo publicamos cuando yo era rector.

—Mis padres lo admiraban profundamente; mi madre militó en su partido y la gente del sureste lo tenía en muy alta estima —comentó el dirigente.

—Aquí en Nayarit también se le recuerda con mucha nostalgia; quienes tuvimos la fortuna de tratarlo jamás lo olvidaremos. Líderes como él hacen mucha falta —concluí al devolverle el ejemplar.

Andrés Manuel tomó el libro con las dos manos, se limitó a sonreír con aprobación y regresó en silencio a su asiento.

Francisco Javier Castellón Fonseca
Francisco Javier Castellón Fonseca
Académico y político. Presidente Municipal de Tepic 2017-2021. Rector de la Universidad Autónoma de Nayarit 1998-2004. Senador por Nayarit 2017-2021.
spot_img

Más artículos

spot_img
spot_img
spot_img
Artículo anterior