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viernes, octubre 2, 2026
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¿De qué depende el voto razonado?

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Hace años, uno de los mejores gobernadores que ha tenido este estado, me compartía una breve historia y yo la comparto también.

Se encontraron dos amigos enfrascados en una discusión sobre la bravura de sus respectivos perros. “Este es más bravo que el tuyo”, decía uno y el otro respondía: “No, el mío es mucho más bravo que el tuyo”. Para acabar con el alegato, uno de ellos propuso una solución. Dijo: “Metamos a nuestros perros a ese cuarto vacío y que se maten entre ellos: el que sobreviva, demostrará que es el más bravo”. El amigo le respondió: “De acuerdo”, y procedieron a encerrar a sus perros.

De inmediato, en cuanto cerraron el cuarto, empezaron a escucharse aullidos,  mordidas, ladridos y todo tipo de sonidos que hacían imaginar el tono del brutal y sanguinario encuentro. De pronto, no se escuchó nada más, vino el silencio, un silencio sepulcral que daba más miedo. Uno de los dos amigos, por fin, se animó a abrir la puerta del cuarto para ver qué animal había sobrevivido al apocalipsis perruno. Abrió y descubrió que el cuarto estaba vacío: ¡los dos perros, de tan igualmente bravos, ya no estaban, habían desaparecido, pues se habían tragado mutuamente!

Así, de tan absurdas, son algunas historias que nos cuentan a diario. Una de ellas tiene que ver con los procesos electorales y su centro gravitatorio: el voto. Se habla de voto razonado, de voto diferenciado, de voto en cascada, etcétera. ¿Qué es todo eso?

Hagamos, primero, definiciones y comparaciones. No es lo mismo voto razonado que voto diferenciado. El voto razonado se alimenta de razones, de información, de comparaciones, entre otras cosas. El voto diferenciado, en buena medida, es un voto contrario al voto razonado. El voto diferenciado se propone solamente en aras de un “equilibrio de poderes” que se construiría a ciegas.

Promover el miedo o el odio, por igual, no contribuye a fortalecer el voto razonado. No es esto una novedad ni tema para esta elección: razonar el voto siempre ha sido necesario. El ciudadano necesita información detallada de los partidos y sus propuestas y de los candidatos y cada uno de sus perfiles. Necesita conocer la historia de los partidos, la biografía de los candidatos. Con esas y otras variables, el elector queda en mejores condiciones para votar razonada y razonablemente. Teóricamente, el voto razonado requiere de ciudadanos con sólidos conocimientos enciclopédicos de propuestas, siglas y trayectorias de los aspirantes a diferentes cargos públicos. O sea, hablamos de ciudadanos que radican en la ciudad de Utopía.

Ahora se hace un llamado para que las personas razonen su voto. La verdad es que ese llamado siempre ha sido necesario.

Lo peor de todo es que ese llamado implica reconocer un resultado de la elección que todavía no registra la voluntad popular de las urnas. En aluna ocasión, el escritor Enrique Krauze llamó para que los electores voten por partidos diferentes para cargos diferentes. Para Presidente por el “partido” X; para Senador, por el “partido” Y; para diputado, por el “partido” Z. Parece una opinión absurda, pues ¡cómo votar de esa manera sin los candidatos no convencen o son peores? ¿Si los “opositores” no saben ganarse el voto convenciendo ciudadanos, los ciudadanos deben votar por ellos a ciegas?

En 2018, ll mismo Krauze hacía un llamado para que “cuidemos que el próximo presidente no tenga la mayoría en el Congreso”. Partía del supuesto de qué, en México, el Poder Legislativo hace su función esencial en el sistema “checks and balances”, al decir que “El Congreso es el principal dique de contención para limitar el poder absoluto de un presidente”.

Naturalmente que el voto razonado es opuesto totalmente al “voto duro”. Ese voto duro se puede endurecer aún más, se puede cerrar a todo razonamiento, cuando se procede de tal suerte que se logran los objetivos contrarios a los que se buscan. La guerra de lodo que se mantiene en la escena solamente abona en favor del voto duro. El voto duro es cerrado a todo razonamiento. El voto en cascada, se opone a todo razonamiento.

El voto razonado no puede someterse al prejuicio. El voto razonado se basa en comparaciones, se basa en análisis de información, y puede, eventualmente, convertirse en voto en cascada, en voto diferenciado o en voto duro. Así pues, parece que el círculo se cierra sobre sí mismo. Se traga a sí mismo.

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