En abril de 2025 escribí que lo que veíamos era el preludio de algo mayor. Hablaba de un presidente estadounidense que amenazaba con aranceles, de campesinos de Chihuahua frente a la Guardia Nacional y de un tratado de 1944 pensado para un país con menos gente y menos sed. El preludio ya tiene continuación, y llegó por dos caminos, uno internacional y otro que pasa por la llave de la cocina.
Empiezo por el primero. En diciembre de 2025, Trump amagó con un arancel de 5 por ciento si México no liberaba el agua pendiente del tratado. A los pocos días se acordó entregar más de 249 millones de metros cúbicos. El 3 de febrero de 2026 se formalizó otro acuerdo, 431.7 millones de metros cúbicos al año durante un ciclo de cinco años. El gobierno asegura que cumplirlo no pone en riesgo el abasto de la población ni de la agricultura. Un país que negocia agua bajo amenaza arancelaria tiene poco margen para pedirle tranquilidad a su gente.
El segundo camino se vio el domingo 11 de octubre en Guadalajara. Alrededor de 10 mil personas marcharon de La Minerva a Casa Jalisco. Se había pedido a los asistentes llevar una muestra del agua de su casa en una botella, con el nombre de la colonia y la fecha. La consigna principal fue “Queremos agua limpia”. La marcha terminó con vallas derribadas, gases lacrimógenos y chorros de agua. El gobierno de Jalisco reportó 39 detenidos y dos policías graves. Los colectivos hablaron de nueve detenidos y cuatro personas sin paradero conocido. Las cifras se siguen disputando.
La marcha llevó por nombre Agua KK Fest, así que nadie debería sorprenderse de que tuviera ambiente de festival. Cuando los antimotines abrieron los chorros, hubo quienes decidieron aprovechar el servicio. Distintos usuarios de redes sociales compartieron imágenes de manifestantes bañándose bajo el agua que debía dispersarlos. En TikTok se ven videos de gente llena de espuma de shampoo en la cabeza listos para enjuagarse. Gene Kelly habría reconocido la escena, Cantando bajo la lluvia, versión Casa Jalisco, con enjuague incluido. Horas antes, el gobernador había dicho que en algunas colonias ya se notaban mejoras en el agua. Esa tarde las mejoras se notaron frente a su casa, a presión y, según esos videos, transparentes.
En Mad Max: Furia en el camino, el amo de la Ciudadela abre las compuertas y deja caer agua sobre la multitud para que recuerde de quién es el agua. La escena de Guadalajara fue más pequeña, pero la lógica era la misma, el agua existe, y quien manda decide dónde cae. En redes circuló la frase de que para reprimir sí hay agua. Rango habría reconocido el pueblo, una multitud sedienta reunida frente a la casa de quien controla la llave. Cuando la gente celebra la manguera de un antimotín porque sale transparente, el estado de las llaves de sus casas ya está dicho.
El agua que llega a los hogares de la zona metropolitana de Guadalajara lleva meses saliendo turbia, con sedimentos y mal olor. La Comisión Estatal de Derechos Humanos contabilizó 600 colonias afectadas; el SIAPA reconoce unas 200 con problemas recurrentes. Salud Jalisco analizó 270 muestras y dijo no haber encontrado metales pesados ni coliformes. Un estudio de organizaciones civiles, con 256 muestras en 110 colonias, reportó plomo en 32, mercurio en 17 y coliformes fecales en seis puntos. Cuando dos mediciones del mismo grifo dan resultados opuestos, lo que se rompe es la confianza en quien mide.
El gobernador Pablo Lemus aceptó el 6 de octubre que la ciudad vive una crisis de agua potable como nunca antes. El diagnóstico oficial apunta al sistema antiguo que trae agua desde el lago de Chapala, con descargas irregulares en el canal de Las Pintas y una planta potabilizadora que opera desde 1956. La Comisión de Derechos Humanos había emitido en 2022 una recomendación por agua turbia y escasez, y señala que sus puntos centrales se incumplieron. El propio gobierno estatal calcula pérdidas por fugas de más de 30 por ciento.
La respuesta anunciada es rotación del servicio durante unos seis meses, con menos agua, pero, prometen, de mejor calidad, y un acueducto sustituto con contrato de 11 mil 922 millones de pesos a 20 o 25 años. Lemus dice que no habrá privatización, deuda pública ni aumento de tarifas. La presidenta Claudia Sheinbaum afirmó que Jalisco pidió a Hacienda autorizaciones para un esquema que contempla deuda. Las dos versiones siguen sin conciliarse.
En redes circula, además, que empresas israelíes están privatizando el agua en México. Lo documentado es más modesto. En 2013, la Conagua firmó con Mekorot, la empresa de agua del Estado de Israel, un convenio de “cooperación técnica” para remediar acuíferos, y en 2015 acordaron una segunda fase. En Chihuahua, organizaciones civiles denuncian que un acuerdo de la Junta Central de Agua con la agencia de cooperación israelí MASHAV no fue registrado ante la SRE ni ante la AMEXCID. No hay evidencia pública de que alguna empresa israelí opere el servicio en Jalisco. Las notas disponibles tampoco precisan quién construiría y operaría el acueducto durante los 20 o 25 años del contrato. Esa es la pregunta que vale la pena hacer, venga de donde venga la empresa.
Podría consolarme con las buenas noticias. El Sistema Cutzamala, que en 2024 tocó un mínimo de 26 por ciento, inició octubre con 87.76 por ciento de almacenamiento. Al 30 de septiembre, el Monitor de Sequía registraba 10.4 por ciento del territorio en sequía moderada y 10.7 por ciento en severa, muy lejos del 59.3 por ciento que cité hace año y medio. Pero las lluvias no reparan tuberías ni acuíferos. En el norte, Baja California Sur presenta un déficit de 75.3 por ciento en sus acuíferos, Sonora de 54.5 y Chihuahua de 53.6. La Ciudad de México se hunde en promedio 25 centímetros al año por el bombeo. Y en las tres sedes mexicanas del Mundial, según una investigación de la IBERO, los conflictos por el agua siguieron meses después de las inversiones.
Vuelvo a Nayarit, donde dejé mi primera entrega. La base de disponibilidad por acuífero de la Conagua, consultada el 12 de octubre de 2026, registra 12 acuíferos en el estado y tres con saldo negativo. El Valle Acaponeta-Cañas aparece con menos 7.85 hectómetros cúbicos al año( un hectómetro cúbico es igual a mil millones litros o 400 albercas olímpicas llenas), el Valle de Compostela con menos 9.83 y el Valle Ixtlán-Ahuacatlán con menos 22.24. En este último, la recarga media anual es de 68.8 hectómetros cúbicos, la descarga natural comprometida de 43.1 y la extracción de 47.94. La resta explica el déficit. Los otros nueve acuíferos conservan saldo a favor. El de Valle de Banderas, por ejemplo, tiene 7.64, con una extracción de 61.86 frente a una recarga de 86.5. En el Monitor de Sequía con corte al 31 de julio de 2026, 20 por ciento de los municipios nayaritas tenía algún grado de sequía.
Las lluvias de este año llenaron presas y bajaron la sequía, pero 114 de los 653 acuíferos del país siguen sobreexplotados, según el Diario Oficial de noviembre de 2025. ¿Cuántas marchas más tendremos? ¿Cuánta agua más nos va a faltar, o a llegar sucia, antes de que dejemos de acordarnos de ella solo cuando llueve? Guadalajara salió a la calle con una botella en la mano. Falta ver cuántas ciudades más tendrán que hacerlo y como dice un viejo dicho, “cuando veas las barbas de tu vecino cortar, pon las tuyas a remojar”.







