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miércoles, octubre 21, 2026
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Un “Angelus” singular

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La semana pasada, comentaba con Jorge Enrique que, de ser “saurín” habría concluido de manera distinta mi colaboración sobre el viaje apostólico de León XIV a Francia y que en lugar de escribir “Veremos [y diremos] qué mensajes pronuncia en su primera visita a tierras latinoamericanas el mes próximo [Argentina, Uruguay y Perú]…” me habría preguntado si la visita programada a tres países sudamericanos programada para el mes de noviembre se realizaría en las fechas previstas, si se postergaría para el año siguiente o si se cancelaría de manera definitiva, todo ello, a partir del adenocarcinoma pulmonar que le fue diagnosticado y que desembocó en la extirpación del lóbulo inferior de su pulmón derecho en el Policlínico Agostino Gemelli el martes 13 de octubre.

Por lo pronto, recibió el alta hospitalaria el sábado 17 y reapareció desde la ventana del Palacio Apostólico el domingo 18 para el rezo de ese que he denominado “un ‘Angelus’ singular”, no porque haya variado la breve plegaria mariana del mediodía que remite al diálogo entre San Gabriel Arcángel y la Virgen María que, a su vez, remite al capítulo 1 del evangelio según san Lucas, sino porque permitió ver a León XIV retomando sus actividades con la que suele llevar a cabo al mediodía del Día del Señor y cuyo mensaje, en esta ocasión se centró en tres puntos:

Un breve comentario al que califica como “una de las enseñanzas más famosas de Jesús” proveniente del capítulo 22 del evangelio según san Mateo: “¡Devuelvan al César lo que es del César, y a Dios lo que es de Dios!”

El Papa comienza su comentario contextualizando esas palabras de Jesús, las cuales surgen de un acuerdo de los fariseos para ver cómo Jesús caía en una trampa al plantearle un tema por demás polémico: la licitud de pagar tributo al César. Un tema que dividía las opiniones en cuanto podía ser considerado como un acto de subversión si se respondía negativamente y como un acto de sumisión si se respondía positivamente…

Y, sin ofrecer la lectura “clásica” de esta expresión, esa que la considera como fundamento de la separación entre Iglesia y Estado, ni tampoco la interpretación que encuentra en esa expresión de Jesús la negación del carácter divino del César, ofrece una interpretación que se puede considerar novedosa.

Ante todo, la afirmación de que la respuesta de Jesús “es astuta, porque lo mantiene fuera de la trampa y desenmascara la hipocresía de quienes quieren hacerlo caer”, seguida la afirmación de que en Jesús “contemplamos a un Dios que no teme a la historia, sino que, por el contrario, viene a vivir en ella” y que “su Reino no elimina los cargos ni las responsabilidades humanas” y que con ello, “nos pide que vivamos sin concesiones, libres de malas ambiciones e intereses injustos, anteponiendo ante todo el Reino de Dios y su justicia”.

Y, no sin antes llamar la atención hacia el elogio que los fariseos le dirigen a Jesús “Maestro, sabemos que eres sincero, que enseñas con fidelidad el camino de Dios y no te dejas influir por nadie, porque no te fijas en la apariencia de la gente”, concluye su alocución previa al rezo del “Angelus” describiendo el perfil de quien “devuelve al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios”: “ser sinceros, sin temor ni hipocresía, libres para hacer el bien”.

Una referencia a la celebración del centenario de la Jornada Mundial de las Misiones, instituida por el Papa Pío XI el 14 de abril de 1926 y que consiste básicamente en orar por quienes en ambientes no cristianos cumplen con el mandato de Jesús de “vayan por todo el mundo y proclamen la Buena Noticia a toda criatura” [como lo hizo León XIV en ese “Angelus singular” al exhortar a orar “para que la Iglesia sea siempre fiel al mandato del Señor resucitado”] y en contribuir económicamente para sostenimiento de esa labor misionera eclesial.

El tercer punto abordado por el Papa ―como era de esperarse― consistió en agradecer a todas las personas que han orado por él en estos días, así como a los médicos, enfermeros y a todo el personal del Policlínico “Gemelli”; en la posibilidad que esa experiencia le ha hecho sentir de manera especial la cercanía con quienes atraviesan la enfermedad y una condición de dolencia y a anunciar que irá retomando gradualmente sus actividades “siempre con la ayuda de Dios y de nuestras oraciones”…

En ese contexto de la reaparición del Papa después de la intervención quirúrgica a la que fue sometido, adquiere sentido para el Pueblo de Dios el poner su salud en las manos del Dador de todo bien, así como la esperanza de que ―como solían terminar las circulares de Monseñor Anastasio Hurtado― Dios le conceda al Papa León XIV “multos annos” de vida y que puede seguir desarrollando ese rol que ha iniciado no solo a nivel eclesial, sino en el complejo entorno mundial en el que ese Dios encarnado y resucitado en el que cree y creemos― “no teme a la historia”; cuyo Reino “no elimina los cargos ni las responsabilidades humanas” y que antepone “ante todo el Reino de Dios y su justicia”…

Y que la respuesta de María al anuncio del arcángel Gabriel “hágase en mí según tu palabra” se cumpla en la vida y misión de León XIV…

Y, ahora sí, veremos y diremos si hay viaje apostólico a Sudamérica y, en caso afirmativo, cuándo será y, sobre todo, qué mensaje traerá para esos tres países tan cercanos como diversos en su actualidad eclesial y sociohistórica…

José Luis Olimón Nolasco
José Luis Olimón Nolasco
Académico, teólogo y filósofo. Catedrático de la Universidad Autónoma de Nayarit. Colaborador de la Secretaría de Educación Pública y de la Comisión de la Defensa de los Derechos Humanos en Nayarit.
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