Volantín | La reina ha muerto y con ella una era (Segunda parte)

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Por Salvador Cosío Gaona

1992 llegó para la reina Isabel II de la mano de una serie de escándalos y desastres que comenzaron a afectar a la familia real.

Los matrimonios de tres de sus hijos, Andrés, Ana y Carlos terminaron en separaciones y en noviembre un gran incendio afectó al castillo de Windsor, la residencia favorita de la reina. 

Parecía el símbolo de una casa real en problemas. Poco ayudó la disputa pública sobre quién debería pagar las reparaciones: el contribuyente o la reina.

Isabel II describió 1992 como su annus horribilis. 

Lo que siguió fue igual de complejo, especialmente por la constante cobertura de los tabloides de los roces de la finalizada relación entre Carlos y Diana. 

En un discurso pronunciado en ese tiempo, Isabel II insinuó la necesidad de tener una monarquía más abierta a cambio de medios de comunicación menos hostiles.

“Ninguna institución, ciudad, monarquía, lo que sea, debería esperar estar libre del escrutinio de aquellos que le dan su lealtad y apoyo, sin mencionar a los que no lo hacen”, afirmó, “pero todos somos parte del mismo tejido social y ese escrutinio puede ser igual de efectivo si se hace con una medida de gentileza, buen humor y comprensión”.

 Luego, el Palacio de Buckingham se abrió a los visitantes como forma de recaudar dinero para pagar las reparaciones en Windsor y se anunció que la reina y el príncipe de Gales pagarían impuestos sobre los ingresos por inversiones.

La muerte de Diana

Sin duda, uno de los mayores golpes al reinado de Isabel II se produjo con la muerte de la princesa Diana en un accidente automovilístico en París en 1997.

 El inesperado fervor mostrado por los británicos causó en la prensa una ola de críticas a la monarquía.

Mientras el público se agolpaba en los palacios de Londres dejando flores en homenaje a Lady Di, la reina parecía reacia a darle la misma solemnidad que a otros grandes momentos de la historia nacional, y sentía que como abuela necesitaba apoyar a sus nietos William y Harry en la intimidad del círculo familiar.

Tras ser cuestionada desde algunos sectores, y en uno de los actos más claros de renovación de la familia real, afirmó en un discurso por televisión estar dispuesta a escuchar, rindió el homenaje a Diana que muchos de sus súbditos creían adeudado y prometió que la monarquía se pondría más en consonancia con los tiempos.

Pérdidas y celebraciones

Pese a las muchas crisis que siguió enfrentando, incluido el escándalo por el vínculo de su hijo Andrés con el empresario estadounidense Jeffrey Epstein -quien se suicidó en 2019 en prisión mientras esperaba un juicio por delitos de tráfico sexual-, y la decisión del príncipe Harry y su esposa Meghan Markle de apartarse de sus funciones como miembros sénior de la familia real, Isabel II demostró hasta el final que mantenía el control de la realeza firmemente.

Y que muchísimos de sus súbditos la respaldaban.

Millones de personas celebraron regularmente en las calles los aniversarios de su coronación y sus cumpleaños.

 El 9 de septiembre de 2015 se convirtió en el monarca de reinado más extenso de la historia británica, superando el de la reina Victoria, pero aseguró que el título “no era uno al que haya aspirado”.

 En abril de 2021, sufrió una de sus pérdidas más dolorosas: la muerte del duque de Edimburgo, el hombre con el que estuvo casada 73 años, y a quien ella definió como su fortaleza.

“Ha sido, simplemente, mi fortaleza y se ha quedado todos estos años. Yo, su familia y este y muchos otros países le debemos mucho más de lo que él admitiría y de lo que nunca sabremos”, dijo la reina en 1997 refiriéndose a su marido.

En una imagen que dio la vuelta al mundo, la reina se sentó sola en el funeral del príncipe Felipe, marcado por las restricciones que imponía la pandemia de coronavirus.

 Aunque al final de su reinado, la monarquía puede no haber sido una institución tan fuerte como lo era al principio, Isabel II estuvo hasta sus últimos días decidida a mantener un lugar de afecto y respeto en los corazones de muchos británicos.

Con ocasión de su Jubileo de plata, la reina recordó la promesa que había hecho durante una visita a Sudáfrica 30 años antes.

“Cuando tenía 21 años, prometí mi vida al servicio de nuestra gente y pedí ayuda a Dios para cumplir ese voto. Aunque ese voto se hizo en mis años de juventud, cuando estaba verde en juicio, no me arrepiento ni me retracto de una sola palabra”.

Fue, de hecho, el símbolo de una nación.

La reina de los récords

Ocasiones muy especiales en la vida de Isabel fueron sus jubileos, la celebración de ciertos años de reinado: el de plata en 1977 (25 años en el trono), el de rubí en 1992 (40 años), el de oro en 2002 (50 años), el de diamante en 2012 (60 años), el de zafiro en 2017 (65 años) y finalmente el de platino en 2022 (70 años). Fue la primera monarca de la historia del país en celebrar los jubileos de zafiro y de diamante, puesto que antes de ella el reinado más largo fue el de su tatarabuela Victoria, que reinó durante casi 64 años; y una de las pocas soberanas de la historia en sobrepasar los 70 años en el trono.

A pesar de los conflictos públicos, privados y nacionales por los que pasó, Isabel II será siempre una de las soberanas mejor valoradas de la historia de su país. Su experiencia, dedicación y distancia de los asuntos políticos la hicieron también muy respetada entre la gran mayoría de jefes de Estado que la conocieron. 

La monarca, fallecida a los 96 años, fue una mujer clave del siglo XX, que transformó al Reino Unido en una sociedad igualitaria, democrática y abierta a la presencia global. El nuevo rey, Carlos III, tiene el desafío de “capitalizar”, desde su nuevo rol, sus logros como príncipe de Gales.

Carlos III, el heredero del trono

Carlos III, quien llega al trono con 73 años, no va a ser un clon, opinan especialistas. Más que tratar de llenar los zapatos de su madre, él ha creado dentro de Gran Bretaña una imagen muy poderosa relativa a su propia personalidad.

El primogénito de la reina ha desarrollado desde 1970 gran interés por el patrimonio, la arquitectura y la planificación urbana: “En su calidad de duque de Cornwales […], ha creado tres ciudades satélites, a las cuales ha provisto de sistemas de generación eléctrica ecológicos, han sido desarrolladas con criterios de calidad de vida, tiene un rol patronímico respecto de asociaciones tradicionales y mantención de culturas rurales.

Se cree que es muy probable que pueda proyectar un esquema de vida, un patrón de funcionamiento propio, entroncado con la imagen general de la monarquía, no necesariamente va a competir con el legado de su madre […]. Carlos III va a poder prolongar los elementos básicos y va a poder capitalizar su extenso periodo como príncipe de Gales.

A su juicio, habrá una continuidad en la familia Windsor gracias a la presencia de Carlos III, William y su primogénito George, lo que es “muy potente”.

Sin embargo, al nuevo rey no le resultará fácil conquistar la popularidad que tenía su madre. Según un estudio realizado en mayo por Ipsos, sólo el 49% de los británicos creía que Carlos sería un buen rey, lo que contrasta con su hijo William, que tiene un 74% del apoyo. 

 La nueva historia está por escribirse. 

 Opinión.salcosga@hotmail.com

@salvadorcosio1 

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