Thomas Cavendish | Charles Swan

Por Francisco Flores Soria

El 26 de febrero de 1683, el corsario inglés Charles Swan atacó y saqueó Sentispac, en el actual municipio de Santiago Ixcuintla. Esta acción de hace trescientos cuarenta años fue una de las muchas que en perjuicio de España y sus colonias de ultramar, en la época virreinal ordenaron Sus Majestades británicas, incluyendo Isabel I.

Ya a mediados de 1587, al capitán español Pedro de Unamuno, quien procedente de las Filipinas desembarcó en la Bahía de Banderas, reportó a sus superiores la presencia de piratas

ingleses en aguas cercanas al extremo sur del Golfo de California y al noroeste de la Nueva España.

En efecto, el inglés Thomas Cavendish merodeaba el litoral y el 14 de agosto de ese año atacó Chacala, el primer puerto marítimo de la Nueva Galicia, ubicado en el actual municipio de Compostela. Cavendish no encontró ahí mucho de valor, pero sí se abasteció para continuar su navegación y destrozar las precarias instalaciones portuarias de Chiametla y Mazatlán, en el estado de Sinaloa.

Poco después, en el extremo suroeste de la península de Baja California, capturó uno de los dos galeones de Manila, el Santa Ana, con lo cual se hizo del mayor tesoro que jamás haya caído en manos inglesas.

Todo ello, por cierto, ocasionó la suspensión de expediciones novohispanas para la exploración de las Californias.

Prácticamente un siglo después de los ataques de Cavendish, apareció el pirata Swan, quien de inicio desembarcó en Bahía de Banderas y causó varias muertes en los pueblos de la costa. A su vez, las autoridades virreinales mandaron soldados para expulsar al corsario inglés, que guiaba once embarcaciones.

Tropas encabezadas por el Presidente de la Audiencia de Guadalajara, Alonso Ceballos Villagutiérrez, y el Alcalde de Compostela, Juan Rubio de Monroy, combatieron a las fuerzas piratas, que tras la refriega simularon enfilarse por mar a Chacala, donde ya las esperaba otra sección virreinal al mando del capitán Lorenzo de Garro y el genovés Jácome Geraldo, vecino de Compostela. Las tropas de Ceballos y Rubio marcharon por tierra a Chacala.

Resultó la maniobra de Swan, quien volvió a la ya abandonada Bahía de Banderas para desembarcar. La compañía de españoles bajó completa de nueva cuenta a la bahía, y gracias a la ayuda de unos cañones lograron expulsarlo.

La flotilla pirata se dirigió entonces al norte, donde atacaría Sentispac y asolaría el litoral de Sinaloa para navegar después hacia el Golfo de California. Ahí, una tormenta obligó a los ingleses a dar fondo en las Islas Marías, donde repararon sus barcos y partieron el 10 de abril de 1686 con rumbo a las Filipinas.

No pasaron ni tres décadas cuando otro pirata inglés llegó a tierras de la Nueva Galicia y, más precisamente, a la Bahía de Banderas. Fue el 7 de julio de 1714, fecha en que luego de atacar diversos puntos a lo largo de las costas peruanas, John Clipperton arribó a la bahía para abastecerse y establecer diversos intercambios, incluso de contrabando, con diversas personas de los hoy estados de Nayarit y Jalisco.

Las embarcaciones permanecieron ahí cuatro meses y las hicieron aparecer como de origen francés, hasta que, descubiertos, fueron capturados él y su tripulación, incluyendo marinos que habían secuestrado en Perú. También se descubrió que Clipperton pretendía hacerse de una nave para asaltar la Nao de China.

El pirata inglés y tripulantes fueron llevados presos a Guadalajara, capital neogallega, donde fueron subastados los bienes que le incautaron. Clipperton fue liberado y no se tienen noticias de que haya afectado posteriormente intereses novohispanos en la zona con sus ilegales acciones.

Con tales antecedentes, el Gobierno virreinal siguió atento a posibles incursiones piratas en todo el litoral del Pacífico, incluyendo el de la Nueva Galicia, que en 1786 se convertiría en la Intendencia de Guadalajara.

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