El juego de ida de la Final resultó muy táctico, trabado y deslucido. Pienso que el gran público no repara en las complejidades de los sistemas de juego sino que busca emocionarse, que caigan goles y que gane su equipo. En este sentido, el duelo en El Volcán de la Sultana del Norte dejó a las multitudes con un palmo de narices.

Desde el punto de vista táctico, fue muy interesante ver el planteamiento del serbio Paunovic, técnico de las Chivas, y los cambios que realizó sobre la marcha con la intención de neutralizar los avances pálidos de los obtusos Tigres, que no tuvieron la chispa ni el desequilibrio para penetrar la defensa de hierro del Rebaño Sagrado. Puede afirmarse que el equipo neoleonés fue inoperante e inofensivo.

Defensivamente, el Guadalajara jugó por nota, de manera impecable, sin desconcentraciones. Consiguió el objetivo de mantener su portería en cero y  tiene la mesa puesta para convertirse en campeón del futbol nacional el día de mañana domingo en su estadio de la Perla Tapatía.

Consciente de que no atraviesa por un buen momento y acaso asumiendo con autocrítica que ha iniciado su inevitable declive, el francés André Pierre Gignac salió del campo en la segunda mitad sin chistar. ¿Podrá el galo pesar en el juego de vuelta o lo dejará el técnico Robert Dante Siboldi en la banca para intentar con el argentino Nico Ibáñez?

Balance

Hasta el momento, tres diestros mexicanos han actuado en el Mundial del toreo, la Feria de San Isidro en la plaza de Las Ventas de Madrid.

Isaac Fonseca puso todo de su parte pero no logró el triunfo anhelado la tarde de su confirmación de alternativa. El michoacano ofreció algunos pasajes positivos, haciendo gala de su característica valentía. Está participando en la Copa Chenel, uno de los certámenes de más prestigio en la Península Ibérica.

No menos valiente, Leo Valadez cortó una oreja y estuvo a punto de obtener un segundo apéndice, que hubiera significado el pase automático a la Puerta Grande. Estuvo a nada de conseguirlo.

Desespera y da grima que han transcurrido 51 años sin que un mexicano haya logrado salir a hombros del coso venteño. El último en conseguirlo fue el regiomontano Eloy Cavazos el 22 de mayo de 1972, fecha en que le cortó las dos orejas al toro Azulejo, con 600 kilos cerrados, de la ganadería de Amalia Pérez Tabernero. Esa tarde alternaba con José Fuentes y Fermín Murillo.

El llamado Pequeño Gigante ya había logrado una salida en volandas en la capital española el año anterior, 1971, la tarde de su confirmación del doctorado, de manos de aquel temerario diestro que fue el gaditano Miguel Mateo “Miguelín”. Los toros de esa efeméride provenían de la vacada de José Luis Osborne.

El queretano Octavio García “El Payo” pasó de puntillas y el turno es de Arturo Saldívar, que actuará el próximo miércoles 31, alternando con Fernando Adrián y Álvaro Lorenzo en la lidia de ejemplares de la divisa de Salvador Domecq.

Conforme pasa el tiempo se agiganta la figura de Cavazos y queda en el aire la pregunta: ¿a qué se debe que en más de 50 años ningún torero mexicano haya sido capaz de salir a hombros en el ruedo de Madrid?

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