Por Ernesto Acero C.

EL PAPEL DEL CHISME EN LA TRANSFORMACIÓN DE LA POLÍTICA EN POLITIQUERÍA.

1.- La política no es mentira, ni simulación, ni traición. La política es lealtad, es sinceridad y templanza. La política la hacen los políticos. La politiquería, la hacen los politicastros.

Traicionar, mentir, engañar, buscar el logro de propósitos personales, particulares, eso es politiquería. La política, por el contrario, es sentido de solidaridad, tolerancia, ánimo incluyente; la política es hasta sacrificio. La política es lealtad, es sinceridad, es humildad.

2.- Del politicastro, nos dice la sacrosanta Academia, es un “Político inhábil, rastrero, mal intencionado, que actúa con fines y medios turbios”. En la definición de la palabra, el vocablo “político” bien se debería reemplazar por la locución “persona”.

Cuando la Academia alude a la inhabilidad del politicastro, también yerra. El politicastro puede ser una persona extraordinariamente hábil. Entre las principales habilidades del politicastro, está la abyección y la de crear chismes o adular.

El politicastro, obligadamente, es persona con niveles de talento que rayan con el suelo. Obligado por su baja capacidad intelectual, el politicastro se convierte en enemigo natural de aquellos a los que ven como competencia peligrosa.

3.- La lealtad es un valor fundamental en política. Lealtad como respeto y reconocimiento a un liderazgo y a un programa. Lealtad, no abyección o puerco servilismo.

La lealtad no exige ceguera, obnubilación. Por el contrario, la lealtad reclama de sincero compromiso racional. La lealtad absoluta es acrítica, no necesita inteligencia: la lealtad absoluta es vocación de los imbéciles.

La lealtad absoluta es vocación de imbéciles por una razón: no piensa y cuando piensa, piensa solamente sandeces. El imbécil es desleal por naturaleza, pues “no se la piensa” cuando apuñala por la espalda o cuando muerde la mano que le da de comer.

4.- Los que entienden la política como traición, simulación y mentira, no hacen política; por el contrario, se colocan en sus antípodas. El desleal no hace política, sino lo contrario, hace politiquería.

5.- La política requiere información para ser procesada de manera inteligente. La información es base para la toma de decisiones. Todo cambia cuando la información es reemplazada por chismes. Nuestra querida Academia define el chisme así: “Noticia verdadera o falsa, o comentario con que generalmente se pretende indisponer a unas personas con otras o se murmura de alguna”. Indisponer, misma fuente: “Poner a mal a las personas”. El politicastro es chismoso.

El político hace crítica directa. El politicastro siembra chismes, mentiras o “verdades” que le son útiles con la peor mala fe. La mala fe es parte de la naturaleza del politicastro, por lo que su mala fe, en su mente, es buena fe. [“Señores, El mundo es artificial. La rosa de papel es de la naturaleza de su mundo”: Wallace Stevens dixit].

6.- El politicastro se afana en poner en mal a todos aquellos que considera una amenaza para su estatus. Para lograr tal propósito, siembra chismes contra los que ve como sus enemigos. El politicastro hace uso intensivo del chisme, es su herramienta más demoledora.

El crucial amigo de Marx, Federico Engels, publicó allá por 1876, un ensayo bajo el título “El papel del trabajo en la transformación del mono en hombre”. Desde ahí parafraseamos para poner de relieve la importancia del uso del chisme en la actuación del politicastro: “El papel del chisme en la transformación del político en politicastro”.

En su obra, Engels pone de relieve la importancia de la mano en el desarrollo del trabajo humano. Nos dice: “Vemos, pues, que la mano no es sólo el órgano del trabajo; es también producto de él”. La expresión podríamos llevarla a otra forma: “Vemos, pues, que el chisme no es sólo el órgano de la politiquería; es también producto de ella”.

7.- En el fondo, ¿qué busca el politicastro actuando como lo hace? Busca poder y busca dinero. En ambos casos, poder y dinero, no los procura hasta el infinito. El poder y el dinero son el material con el que el politicastro llena sus vacíos. La relación entre la vaciedad y el ansia de poder o dinero, son directamente proporcionales.

8.- Contra el chisme, la verdad, Política es información verificada, diálogo cara a cara. La política es verdad, no mentira, es lealtad, no hipocresía. En política, los amigos deben ser tan verdaderos como los enemigos.

9.- La lealtad, en política, es como la amistad: corre en los dos sentidos. La lealtad, como la amistad, tiene dos vías, la de ida y la de venida. En política, la ingenuidad no procede, como tampoco la perversidad. En política la buena fe es necesaria.

¿CUÁNTAS VECES NO HAS TENDIDO LA MANO A QUIEN LUEGO LA HA DE MORDER? ¿Cuántas veces no has mostrado tu amistad a quien no la merece? Todo eso es irrelevante en la vida de una persona. Uno debe hacer las cosas bien, contra viento y marea. En política se debe actuar sin esperar ni las gracias.

La amistad, en política, sí es verdadera. En la politiquería, todos los amigos son falsos y hasta los enemigos pueden ser falsos. Los propagadores de chismes carecen de formación ideológica: el chisme es todo lo que tienen. Uno debe entenderlo y actuar en consecuencia.

La política es enfermedad y es remedio, cierto. Es enfermedad cuando se presenta el fanatismo. La política es remedio cuando las ideas se convierten en infranqueable valladar contra el chisme, contra el rumor y la mala fe. La política es amistad, es lealtad: corre en dos vías, va y viene.

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