Por Oscar González Bonilla

Pareciera utopía, algo muy difícil de realizar, pero conjunto de sueños que se suceden unos a otros, relacionados entre sí, fueron de inmediato manuscritos y posteriormente sirvieron como estructura principal para elaboración del libro.

Es la experiencia que narra Feliciano del Real del Hoyo, autor del libro que por título tiene Renacer entre el amor y la esperanza. Se trata de una novela campirana inspirada en cantidad de sucesos de su pueblo natal: Puente de Camotlán, municipio de La Yesca.

Fueron siete los sueños premonitorios. Su cerebro trabajó sobre una idea, puesto que el sueño de Feliciano era con base en que él estaba inmerso en la lectura de una novela. Le gustó la trama, así como la historia de los diversos acontecimientos. Después de ello ya no tuvo sueños con relación a los hechos mencionados.

Fue entonces que echó mano de los sucesos que de boca a oído le narraban habitantes de la sierra nayarita, sobre todo en relación a excesos.

Un amigo le comentó que tan sólo por diversión, con su vehículo, atropellaba animales que caminaban por la carretera. Gozaba viéndolos sufrir.

Otros amigos le decían que ellos colocaban veneno en lugares estratégicos del campo, a propósito, para que los coyotes, depredadores nocturnales, lo consumieran y de esa manera los animales alcanzaban la muerte.

Uno más de sus amigos le pidió lo acompañara a mirar su sembradío, así lo hizo. Enorme fue su sorpresa cuando observó que entre la milpa había plantas de mariguana.

Estos sucesos de la vida real, entre muchos más, fueron fielmente aprovechados por el autor para dimensionar el contenido del libro en mención.

Pero más allá de lo aquí citado, Feliciano del Real considera que para realizar esta obra literaria mucho influyó en él ser asiduo, cuando era un chamaco, oyente de radionovelas. Pero además la lectura, por ejemplo, de Ignacio Manuel Altamirano, franceses y rusos autores de novelas.

La observación se agudizó en él. A corta edad dedicaba tiempo para de noche mirar las estrellas. “Muy hermosa la noche. El crepúsculo me causaba mucha emoción. También miraba la extensión del territorio de la sierra donde habitan los huicholes”.

Recuerda que, en la primaria llamada Cristóbal Colón, ubicada a medio kilómetro de donde vivía en Puente de Camotlán, soportó burlas de sus compañeros por ser de carácter tímido, muy callado.

En esa época, a la memoria de Feliciano del Real viene el hecho de que a su pueblo llegaron gringos que pregonaban religión diferente a la católica. Su objetivo era cambiar la idea del Dios venerado por los pobladores. Convencieron a la mayor parte, sobre todo a quienes habitaban su colonia, al grado que los calificaban de aleluyas. Pero lo sorprendente fue, según explica, que la persona líder de los gringos se mató al desplomarse en la sierra la avioneta en que transportaba droga. “La religión era pretexto para realizar narcotráfico”.

A los 18 años de edad, nació en 1970, cambió su residencia a Tepic, donde ha transcurrido su vida con singulares sobresaltos. Feliciano del Real siempre quiso estudiar para lograr una profesión, porque sostiene que la vida del campo es muy dura. Su padre se oponía a que estudiara, sin embargo, al morir de cáncer su progenitor, inició la secundaria en la llamada Lázaro Cárdenas. Su interés por estudiar no era con el propósito de trabajar en la profesión, “sino más bien para crecer intelectualmente”. Cursó bachillerato en el Instituto Tecnológico de Tepic. Allí mismo hizo la carrera de Arquitecto, pero no ejerció porque otras actividades fueron de su interés, como lo es la grabación en video,  edición y fotografía de eventos como bodas, quinceañeras, cumpleaños, etcétera, que le redituaron buenos dividendos.

También emigró a los Estados Unidos de Norteamérica, donde permaneció corto tiempo, desarrolló trabajo que le dio cantidad de dólares para la subsistencia.

Inicialmente, con rigor, sus escritos se dejaron sentir en Facebook sobre acontecimientos en su tierra natal: Puente de Camotlán. Los lectores dijeron que lo hacía bien, gustó su estilo. Fue entonces que pensó en realizar algo más completo con el interés de regalarlo allá, a los pobladores de la sierra. Así nacieron los dos libros que hasta hoy ha publicado: Puente de Camotlán (remembranzas de mi pueblo) y Renacer entre el amor y la esperanza (novela romántica campirana).

Procede de una familia compuesta por seis hermanos. Sus padres fueron María del Hoyo Navarrete, nacida en San Luis de Lozada, y Andrés del Real Huerta, de origen zacatecano.

Es pues loable la acción tenaz de Feliciano del Real del Hoyo en su ánimo por publicar libros, determinación que eleva su figura como escritor nayarita. Además, destaca su escritura creativa, herramienta que se ha ganado el interés del público.

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí