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sábado, mayo 25, 2024
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De mi puño y letra

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Carlos David Alegre Marín

Cumplo 20 años cubriendo el evento deportivo más importante del país.

Recuerdo como si fuera ayer esa Olimpiada Nacional 2004 celebrada en la capital nayarita.

Desde ese tiempo a la fecha, docenas, cientos de anécdotas, momentos agradables y unos no tantos, situaciones chuscas y mucho aprendizaje.

Al principio dando tumbos y encontrándome con censuras y bloqueos, eso tal vez, me hizo aprender que ir detrás de la noticia no es llegar y estar un rato, es llegar y como águila dar con la presa informativa, así sea que te topes en el camino con un cazador, un lobo o un vil chacal.

Me siento bendecido y honrado por ser testigo de tantos eventos sublimes de nuestros deportistas, una de las que más me

Impactó fue la de aquella que, de ir perdiendo por más de 10 puntos, miró a su pequeño hijo y volvió con la fuerza única que tienen las mujeres, para no solo ganar medalla de oro, sino una casa.

Al maestro del sable que se levantó de una expulsión injusta para poner a Nayarit en todo lo alto el múltiples eventos nacionales e internacionales.

A la pequeña que tomó una barra y la sostuvo tan fuerte que hoy es quien dirige los destinos del deporte de Nayarit.

A docenas de chicos que, en pista y campo, llegaron como una marea roja posicionando a nuestro estado como lo mejor que hay en el país y con ese ejemplo, las nuevas generaciones imitan y mejoran las actuaciones pasadas.

Al equipo de pelota que nadie daba un centavo y que alcanzó la primera y única medalla hasta el momento para el llamado deporte rey.

Al deporte más popular y caer con la frente en alto tras una marcación injusta.

A los que hacen volar el gallito a máxima velocidad, que fueron alumnos y hoy son entrenadores.

A los incansables de pedal y fibra que sin tener un velódromo consiguieron y buscarán posicionarse de nueva cuenta en el podio.

Al arte marcial bañado en oro tanto para el que practica la disciplina japonesa como la coreana.

A gladiadores que salieron de las calles y hoy son profesionistas. A un patinador que con su medalla de oro le construyeron una pista.

A los pelotaris que generación tras generación no solo defienden los colores de Nayarit, sino de México.

He visto, luego décadas, atletas que se han convertido en entrenadores, a entrenadores que hoy ya están consolidados y a entrenadores grandes que hoy son leyenda viviente.

En 20 años he seguido el deporte de Nayarit por todo México como ningún periodista, sonará a presunción, pero es el momento de decirles que han sido los mejores 20 años de mi vida y ha valido cada maldito segundo la pena, cada kilómetro, por cielo mar y tierra.

Testigo de récords y decaídas, de volver a tomar las riendas y a punto de alcanzar la gloria deportiva.

Gracias al deporte he conocido amigos que hoy son mis hermanos. A directivos que empeñaban hasta lo que no tenían por apoyar a sus muchachos.

Gracias al deporte conocí a un ángel con tanta paciencia que ya se ganó la copa del mundo. Gracias a todos. Que viva el deporte de Nayarit, que vivan los deportistas y sus familias, que vivan los entrenadores, que viva mi madre y mis hijos.

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