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domingo, diciembre 14, 2025
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No estaba muerta…

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**Ni andaba de parranda. La librería Porrúa Tepic, de plaza Forum, cambió de casa, al centro de la ciudad. Con una renta moderada y un ecosistema favorable mantendrá una oferta diferenciada frente a otras librerías, con títulos de segunda mano y libros de lujo **Dice su gerente que los libros han sobrevivido a la hoguera y a numerosas crisis, y también sobrevivirán a esta era de inmediatez tecnológica. Puede pasar de mano en mano sin baterías ni pantallas de por medio; la vivencia íntima sólo la permite un ejemplar físico

Meridiano-Sentido Común

Hace algunas semanas en plaza Forum de Tepic parecía que la historia se repetía. El local de Librería Porrúa sugería haber cerrado para siempre. En el centro comercial ya hemos cantado Las Golondrinas a negocios medios y al mismísimo Sanborns que nos privó del único espacio de periódicos, libros y revistas donde los dependientes no te ven con ojos de chinga tu madre por tomarlos y leerlos.

Quienes transitaban por la plaza comercial más concurrida de la ciudad vieron su local sin libros y las luces apagadas. Luego la blanca tablarroca confirmaba a sus ojos la sospecha de que otro negocio era expulsado del mercado de la tierra de Nervo, donde todos, según plabras de Carlos Monsiváis, se sienten herederos del poeta tepiqueño, aunque lo único que sepan del señoritingo es que escribió la exquisita cursilería memorizada por medio México (Vida, nada me debes. Vida, estamos en paz) que no se les cae de la boca a los tan simpáticos como ignorantes motivadores y conferencistas que se anuncian como internacionales porque hablaron del poder de los decretos en una escuela rural de Guatemala, a corta distancia de la frontera con México.

Rápidamente se extendió la idea en las benditas redes sociales de que este Tepic de Nervo se quedaba cada vez más huérfano de libros. Pero no. Sentido Común, el medio de comunicación de la ciudad de trabajos exquisitos en video, despejaría la duda: la librería no estaba muerta ni andaba de parranda. Simplemente se había cambiado de rumbo, como cualquier hijo de vecino que cuida su cartera haciéndose la idea de que vivirá nuevos residentes en la casa de al lado, menos pretenciosos. Su nueva morada está en la avenida México, después de la Insurgente si se viene de La Cruz a Catedral. O antes si se camina en sentido opuesto.

El video de Sentido Común comparte la versión del gerente de la librería, Iván Medina. El cambio no surgió de la noche a la mañana. Hubo pláticas, decisiones difíciles y un anhelo de permanecer cerca del corazón cultural de la capital nayarita. Cuenta que se le ofreció la posibilidad de seguir en el centro comercial, pero percibió que era momento de buscar una atmósfera más propicia para el encuentro literario. Con ello, Porrúa renace rejuvenecida, lista para recibir a lectores de toda edad y condición.

Como El Globo, donde escribo estas líneas, huele a café, levadura y granos al horno, toda librería tiene el aroma del amasijo de tinta y papel con que las ideas se convierten en palabras para compartir. Ese olor dispara en Medina los recuerdos de la niñez, cuando su padre lo llevaba a escoger libros con dibujitos que estimularan su imaginación. Hoy, él ofrece a sus clientes ese mismo viaje lleno de maravillas, pero enriquecido con la madurez de quien ha crecido entre páginas y ha descubierto en la lectura un refugio contra la prisa y el ruido del exterior.

Antes de dedicarse a los libros, Iván tuvo un paso breve pero significativo por el periodismo. De esa experiencia, confiesa haber aprendido mucho, aunque terminó sintiéndose asfixiado por los límites de las condicionones de los propietarios, sólo empresarios, no periodistas. Fue en la librería donde encontró la libertad que buscaba. Allí no hay prisa por redactar titulares, sino una selección paciente de historias y una conversación sin imposiciones con cada persona que solicita un consejo de lectura.

El local es ahora un punto de reunión para quienes buscan algo más que entretenimiento: un rincón donde adquirir nuevos horizontes y también compartirlos. Las novelas clásicas viven en condominio con publicaciones recientes, y en cada estante reposan visiones del mundo listas para ser pan de los curiosos. La librería ofrece un área infantil, con actividades pensadas para despertar el interés de los más pequeños por la lectura, y planea programar eventos culturales, tertulias y presentaciones de libros.

Lejos de cerrarle puertas, la mudanza acercó a Porrúa a otras librerías históricas del centro de Tepic. Iván valora esa vecindad y cree que, en lugar de competir, cada una suma un matiz distinto al ecosistema literario. Algunas se especializan en joyas antiguas, otras en libros de bolsillo muy económicos, y Porrúa apuesta por una gran variedad de títulos que satisfagan gustos diversos. Entre todas, forman una trama cultural que refuerza la vida intelectual de la ciudad.

Caminando unas cuantas calles, es fácil toparse con bebederos de cervezas y botanas, fondas, verdulerías, mercados, museos y cafeterías donde se estima el vigor de la palabra: charlando creen que explican y cambian el mundo. Ese ambiente callejero contrasta con el recuerdo del local en la plaza comercial, donde la librería terminaba sólo de pasada camino a vitrinas de ropa, grandes almacenes y restaurantes de franquicia. Aquí, la vida se siente otra: la gente se asoma a las portadas en el aparador y a veces la curiosidad le hace entrar a bobear.

Muchas historias han ocurrido en torno a los estantes de Porrúa. Amistades que nacen al coincidir buscando un mismo autor, parejas que hallan un refugio para conversaciones infinitas, familias que comparten el hábito de ojear y seleccionar un libro juntos. Este tipo de anécdotas refuerzan la idea de que las librerías no son sólo comercios, sino espacios de encuentro y conocimiento.

Para quienes aún creen que los libros tienen un futuro incierto en tiempos digitales, Iván argumenta que la experiencia del tacto y el olor de las páginas no puede sustituirse tan fácilmente. Lo cree sin dogma: los libros han sobrevivido a la hoguera y a numerosas crisis, y también sobrevivirán a esta era de inmediatez tecnológica. En su opinión, los libros han sobrevivido a la hoguera y a numerosas crisis, y también sobrevivirán a esta era de inmediatez tecnológica. El amor por la lectura nace de la vivencia íntima que permite un ejemplar físico, regalo valioso que puede pasar de mano en mano sin baterías ni pantallas de por medio.

La mudanza fue una pequeña victoria cultural en Tepic, tan lejos de Nervo y tan cerca de Netflix. Ante la desinformación que corrió en redes sociales sobre un posible cierre definitivo, la reubicación de Porrúa revela la fuerza que adquiere la lectura cuando la ciudad la cobija en su calle principal. De alguna forma, este movimiento muestra que, mientras existan lectores y libreros dispuestos a persistir, no todo está perdido para la palabra impresa. Como no lo está para Meridiano impreso, que se aferra a la vida en los embravecidos mares digitales.

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