Hay médicos que atienden y médicos que dejan marca. Felipe Vitela pertenece, según quienes lo trataron, a la segunda categoría. Médico, homeópata y docente, construyó su reputación a partir de algo menos espectacular que los reconocimientos y más difícil de sostener en el tiempo: compromiso, ética y un trato humano que no era pose, sino práctica cotidiana.
De esa figura, más doméstica que heroica y más cercana que solemne, parte Las historias del Dr. Vitela, el libro con el que Vianey Vitela debuta como autora. Acuarelista de oficio y observadora de la memoria por vocación, Vianey no entrega una biografía académica ni una cronología exhaustiva. Lo que propone es otra cosa: una reconstrucción emocional donde el recuerdo familiar se convierte en relato y la experiencia privada se ofrece al lector como espejo.

El riesgo de escribir sobre el propio padre es evidente: la idealización acecha. Sin embargo, la apuesta del libro no está en levantar una estatua, sino en recuperar escenas, gestos y enseñanzas que sobrevivieron al paso del tiempo. Más que enumerar logros profesionales, el texto se detiene en aquello que suele perderse: la forma de hablar, de escuchar, de estar. En ese territorio íntimo es donde la autora encuentra materia literaria.
La presentación se realizará el 9 de marzo a las 18:00 horas en la Fundación Vizcaya, ubicada en Hidalgo #85, en el Centro de Tepic. El encuentro, abierto al público, está planteado como una conversación más que como un acto protocolario: lectura, evocación y diálogo en torno a una figura que marcó a pacientes, alumnos, amigos y familia.
Más que un ejercicio de nostalgia, el libro funciona como una toma de postura: afirmar que las historias personales también construyen memoria colectiva. En una ciudad donde las figuras públicas suelen medirse por cargos y titulares, este volumen recuerda que la influencia real muchas veces ocurre en silencio, en el consultorio, en el aula, en la conversación directa. La presentación no será solo la puesta en circulación de un libro, sino la confirmación de que ciertas vidas, cuando se narran con honestidad, siguen generando conversación.







