La reciente fotografía oficial de los diseñadores de la reforma electoral ha sido calificada como una “galería del horror” por el periodista Carlos Loret de Mola en Latinus. El análisis centra su mordacidad en que los personajes encargados de “limpiar” la democracia son, precisamente, figuras que representan los peores vicios del sistema, desde el uso de granjas de bots hasta pactos oscuros con el crimen organizado. Para el comunicador, esta imagen no proyecta una renovación institucional, sino una exhibición de “menuda hipocresía” por parte de quienes hoy dictan las nuevas reglas del juego político.
El cuestionamiento inicia con Jesús Ramírez, vocero presidencial con López Obrador y ahora coordinador de asesores, a quien Loret identifica como el “rey de los bots”. Resulta contradictorio que el funcionario señalado por abrir las puertas al dinero ilícito en campañas, según declaraciones recientes de otros exmiembros del gabinete, sea ahora quien pretenda prohibir el uso de cuentas automatizadas y fiscalizar el origen de los recursos electorales. Esta “limpieza” es vista como una simulación operada por los mismos actores que han instrumentalizado las redes sociales para la persecución y el abuso político.
En el centro del diseño legal aparece el exministro Arturo Zaldívar, a quien se le atribuye la redacción de la reforma judicial que “destruyó al Poder Judicial” y que ahora aplica la misma pluma para el sistema electoral. Carlos Loret de Mola subraya que el pacto de Zaldívar con el poder político anula cualquier pretensión de autonomía técnica en la nueva normativa. El periodista enfatiza que alguien que ha sido increpado en las calles por su falta de independencia difícilmente puede promover un instituto electoral libre, especialmente cuando su trayectoria reciente está marcada por la alineación de intereses personales con el Ejecutivo.
La seguridad y la equidad en las urnas quedan bajo la sombra de Rosa Icela Rodríguez, exsecretaria de Seguridad del sexenio de “abrazos no balazos”. Loret critica que se pretenda sacar al narcotráfico de la vida pública mediante una funcionaria que fue “cómplice de una estrategia que empoderó al crimen organizado”. La contradicción es absoluta: la arquitectura para garantizar elecciones pacíficas y legales es delegada a quienes, desde su gestión previa, permitieron el avance de grupos delictivos sobre la estructura del Estado.
En el eje de la fotografía, la presidenta Claudia Sheinbaum es señalada como la principal beneficiaria de las “trampas electorales”, el abuso de programas sociales y la intervención ilegal del Ejecutivo a su favor. De acuerdo con el análisis en Latinus, la mandataria pudo evitar la destrucción de la democracia, pero ha optado por empujarla, convirtiéndose en la garante de una “legalidad” que ella misma vulneró para llegar al poder. Acompañándola, figuras como Pablo Gómez, el que se benefició de la representación proporcional, y Lázaro Cárdenas Batel, salpicado por el escándalo de Odebrecht, refuerzan la percepción de un equipo que utiliza la bandera de la anticorrupción como un simple recurso discursivo.
Finalmente, la inclusión de José Merino, creador de la denominada “Ley Censura”, cierra el círculo de un control que busca amordazar a los medios bajo el argumento del derecho de las audiencias. Esta “galería del horror” se completa con personajes que, según Loret, han pasado de beneficiarse de la libertad de expresión a perseguir a la oposición desde la inteligencia financiera. La conclusión del análisis es tajante: la reforma electoral de 2026 lejos del avance democrático es un producto de la ingeniería de poder redactado por quienes han hecho de la trampa su principal herramienta política.







