En 1910 el cometa Halley pasó rozando la Tierra y se pensó que llegaba el apocalipsis, ¡perooo! mientras el mundo andaba de nervios con el “Jesús en la boca”, en Acaponeta estaban de fiesta, pues la noticia era: la llegada del progreso, el primer tren llegaba con bombo y platillo… el fin del mundo podía esperar.
La mañana del 1 de enero de 1910, la llamada “punta de fierro” llegó desde el norte del país, trayendo pasajeros de Culiacán, Mazatlán, Escuinapa y El Rosario. Se dice, se cuenta, se rumora que el tren llegaba vestido de fiesta, con banderas, banderines, serpentinas, flores y guirnaldas de papel multicolor, toda una celebración.
Incluso, se contrataron orquestas locales, una de ellas era la famosas orquesta de don Juan José Ledón, donde en el contrabajo hacía retumbar el alma don Delfino Infante, padre del inolvidable ídolo del cine mexicano Pedro Infante.
A las 8 de la mañana, aquello ya era un jolgorio en grande, en los alrededores de la estación del ferrocarril habían más de 20 mil almas, venidas de quién sabe cuántos rumbos. Y nomás pa’ que se dé una idea del alboroto, en esos años Acaponeta apenas tenía 7 mil habitantes en la cabecera municipal… o sea que ese día había más gente que gallinas en corral ajeno, como dijera mi abuela.
El tren fue recibido por el jefe político del Territorio de Tepic, el general Mariano Ruiz, don Luis Peregrina y un buen montón de autoridades civiles y militares, todos muy elegantes, bien planchaditos y con porte de domingo.

Y no era para menos, pues el ferrocarril significaba algo enorme, el adiós a los viajes largos a caballo, a las diligencias cansadas, a cargar mercancías en mulas o carretones, y, sobre todo, adiós al miedo de los caminos llenos de bandidos.
Además, el cambio se notó hasta en el bolsillo, pues viajar en diligencia de Tepic a Acaponeta costaba 15 pesosillos, y de Mazatlán a Tepic, 28. En cambio, en el Ferrocarril Sud-Pacífico, el ferrocarril ofrecía un viaje más accesible, 8 pesos con 70 centavos en primera clase y 2 pesos con 65 en segunda.
1910 fue el año en que el mundo se asustó mirando al cielo… pero Acaponeta además miró a las vías. Y así, entre miedo y progreso, nació una historia que hoy nos recuerda que el cambio llega cuando menos lo esperamos y, a veces, llega en tren.
Fuente: Néstor Salvador Chávez Gradilla, “Cuando Llegó El Tren a Acaponeta”, Enciclopedia Centenario de Nayarit 2017. Entrevista de Juan Fregoso.







