Jorge Zepeda Patterson, biógrafo de Claudia Sheinbaum, publicó este miércoles en El País un texto que vale la pena leer con cuidado porque su autor conoce a la presidenta desde adentro y escribe desde esa cercanía, aunque lo hace con una franqueza que no suele caracterizar a quienes tienen acceso privilegiado al poder.
El punto de partida es la solicitud de detención que la justicia estadounidense formuló contra Rubén Rocha, gobernador de Sinaloa y figura del partido gobernante. Zepeda Patterson ubica el problema en su dimensión real desde el primer párrafo: el gobierno enfrenta una disyuntiva sin salida limpia. Exculpar a Rocha expone a Sheinbaum a la acusación de complicidad. Incriminarlo la expone a la acusación de entreguismo frente a Washington. En los dos caminos hay costo político.
Pero el columnista va más lejos que el dilema inmediato. Lo que le preocupa es la escala del problema de fondo: habla de una lista de 50 posibles incriminados por tribunales estadounidenses, de los cuales los diez de Sinaloa son solo los primeros. La pregunta que lanza al lector es directa: “¿Qué va a pasar cuando los tribunales de Estados Unidos comiencen a soltar expedientes de autoridades de Tamaulipas, Michoacán, Tabasco, Guanajuato, del Gobierno federal y del ejército que protegieron a los capos que hoy están siendo juzgados en Nueva York?” Frente a ese horizonte, cualquier estrategia de control de daños caso por caso resulta insuficiente. La hemorragia, dice Zepeda Patterson, no se detiene con torniquetes locales.
La salida que propone el columnista es lo que él llama “una salida hacia adelante.” El argumento es que Sheinbaum tiene margen político para tomar distancia de esa herencia porque el segundo piso de la 4T no la generó. La acumulación de complicidades entre gobernadores y crimen organizado es un proceso de lustros, agravado durante los años de la política de “abrazos, no balazos” que la presidenta, señala Zepeda Patterson, ya corrigió. Mal haría, concluye, en asumir como propia la defensa de una clase política que “en el fondo, la propia presidenta está interesada en depurar.”
La pregunta que sigue es por qué no lo ha hecho. Zepeda Patterson ofrece una hipótesis: Sheinbaum habría apostado por una depuración gradual, atada al calendario electoral de los relevos en las gubernaturas, para no fracturar el entramado que heredó de López Obrador. Pone dos ejemplos. El primero es Adán Augusto López, cuya salida de la coordinación del Senado esperó 16 meses hasta que el desgaste del propio tabasqueño hizo viable el movimiento. El segundo es más revelador: García Harfuch llegó a Sinaloa tras el estallido de la guerra entre facciones del narco, desarmó a las policías locales y provocó la salida de la fiscal del estado. “Seguramente informó a Sheinbaum del grado de infiltración del narco en las altas esferas del Gobierno de Rocha.” Y aun así, la presidenta respaldó públicamente al gobernador durante meses.
Zepeda Patterson anota que una de dos cosas explica esa conducta: o Sheinbaum tiene información favorable sobre Rocha que el público desconoce, o prevaleció la cautela frente a una figura protegida por su antecesor. La segunda hipótesis, en el contexto de lo que hoy se sabe, resulta más plausible y más inquietante.
El texto cierra con un argumento estructural que trasciende el caso Sinaloa. Durante décadas, escribe el columnista, las élites regionales normalizaron una convivencia con el crimen organizado bajo la premisa de que los narcos se limitarían a sus propios asuntos. Esa premisa resultó falsa: el crimen organizado desbordó sus fronteras, corrompió estructuras de gobierno más allá de las áreas de seguridad y convirtió a gobernadores y presidentes municipales en rehenes. La crisis actual, argumenta Zepeda Patterson, podría ser el momento para romper ese paradigma e impulsar “una cruzada de saneamiento de la administración pública en relación al narco.”
La columna termina donde empieza el verdadero problema: “La primera tarea, sin embargo, sigue siendo la de despejar dudas sobre el interés de la 4T en poner la justicia por encima de la lealtad política o la unidad del movimiento.” Zepeda Patterson no responde si Sheinbaum tomará esa oportunidad. Describe las condiciones en que existe y deja la pregunta abierta. Viniendo de quien escribió su biografía, esa reserva dice tanto como cualquier respuesta.







