En las bibliotecas de la Universidad Autónoma de Nayarit (UAN) y del Instituto Tecnológico de Tepic (ITT) hay una bibliografía que no leyeron las cooperativas pesqueras de Aguamilpa, las comunidades wixárika de la Sierra del Nayar ni los productores del valle de Santiago Ixcuintla.
Lleva veinte años acumulándose sin que suceda nada, por desgracia. Como muchas otros saberes, como muchas otras investigaciones.
La firmaron médicos del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) en Nayarit, biólogos del ITT, toxicólogos de la UAN. En su entrega más reciente la firma un equipo conjunto con el Centro Nayarita de Innovación y Transferencia de Tecnología, el Centro de Investigación en Alimentación y Desarrollo y la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo.
Todos esos trabajos describen, con técnicas distintas, contaminación química medible en el ambiente nayarita y en cuerpos nayaritas.
Ninguno se tradujo en política pública sanitaria. Predecible.
El especial de Meridiano es sobre esa bibliografía. Y sobre el silencio que la rodea.
La cronología empieza en noviembre de 2002. Tres médicos del IMSS Tepic, Medina-Carrillo, Rivas-Solís y Fernández-Argüelles, publican en Ginecología y Obstetricia de México un estudio con 279 recién nacidos de zona rural nayarita.
La pregunta de investigación: ¿hay relación entre la exposición materna a plaguicidas y las malformaciones congénitas? El diseño cruza 93 casos contra 186 controles.
Las cifras se comentaron en la edición de ayer. Las madres expuestas tuvieron riesgo tres veces y media mayor de tener un hijo con malformación. El riesgo subía a más de seis veces si la exposición era ocupacional.
La conclusión publicada por los autores, textual: “se trata de un problema de salud pública en el estado de Nayarit y en otras áreas rurales con exposición similar a plaguicidas”. El paper queda registrado en PubMed con el identificador 12561703.
Veintitrés años después, no existe en el estado un programa público con esa denominación. No que sea público, al menos para el equipo de investigación de este diario.
En 2005, una bióloga llamada Rosa María Zambrano-Cárdenas presenta su tesis de maestría en el Instituto Tecnológico de Tepic. El trabajo se llama Niveles de Contaminación por Metales Pesados en Sedimentos y Peces de la Presa Aguamilpa, Nayarit. Tiene 96 páginas. Es uno de los primeros trabajos académicos nayaritas que documenta el fondo del embalse y el músculo de los peces que viven en él. La tesis pasa el examen profesional, recibe su grado, se archiva.
Una década después, un equipo del Centro de Investigación y Asistencia en Tecnología y Diseño del Estado de Jalisco publica en Environmental Monitoring and Assessment su propio análisis de los sedimentos de Aguamilpa. La tesis de Zambrano-Cárdenas aparece citada como antecedente. Ese paper internacional la coloca en la bibliografía global del problema.
En Nayarit la tesis sigue en su anaquel. Resulta paradójico que la Universidad que la firma sea la misma que no la lee.
El siguiente eslabón aparece en 2011. La revista Waxapa, de la Facultad de Medicina de la UAN, publica el artículo Evaluación de los niveles de contaminación por residuos de plaguicidas organoclorados en sedimento y peces, de la presa de Aguamilpa, Nayarit, México. Lo firman cuatro investigadores: Aranguré Zúñiga, Zambrano-Cárdenas (la misma de la tesis), González-Torres y Robledo-Marenco.
El equipo extiende el trabajo previo. Toma muestras en estiaje y en lluvias del año 2004. Analiza sedimentos y peces de cinco especies que conoce cualquier pescador de Aguamilpa: tilapia, lobina, bagre, carpa y palacha.
El análisis usa extracción por sistema soxhlet y detección por cromatografía de gases con captura de electrones.
Los resultados se publican en el volumen tres, número cuatro de Waxapa, páginas 20 a 35.
En sedimentos y peces aparecen residuos de organoclorados que la agricultura mexicana usó masivamente en la segunda mitad del siglo veinte: las cuatro variantes del hexaclorociclohexano, el lindano, los metabolitos persistentes del DDT, el heptacloro y su epóxido, el aldrín y el dieldrín.
Los autores señalan, en su mismo resumen, que las concentraciones detectadas en filetes de peces se ubican por debajo de los límites máximos permisibles establecidos por la Food and Drug Administration estadounidense y el Codex Alimentarius.
La conclusión académica del paper, en otras palabras, no plantea un riesgo sanitario inmediato para el consumidor regular. Pero documenta otra cosa. El pescado del embalse de Aguamilpa, el que sale del agua del río Santiago retenida por la cortina más alta de América Latina, carga en su tejido residuos de compuestos químicos que la agricultura mexicana usó masivamente entre 1940 y la década de los noventa.
El DDT en agricultura quedó prohibido por decreto del Diario Oficial de la Federación en 1991. Su prohibición integral, en producción, importación, comercio y uso en cualquier forma, llegó el 3 de septiembre de 2025, junto con otros 34 plaguicidas.
El paper de 2011 documenta la huella química de esa historia agrícola en el sedimento del embalse y en el músculo de los peces.
La advertencia se publica en una revista universitaria con circulación principal entre médicos y estudiantes de Tepic.
Catorce años después, no existe en Nayarit un programa público de vigilancia sanitaria que comunique al consumidor de pescado de Aguamilpa la composición química de su comida. Al menos, no al alcance de Meridiano.
En 2010, en otro pasillo de la Universidad Autónoma de Nayarit, la doctora Yael Yvette Bernal-Hernández empieza a estudiar los cuerpos de los hombres y mujeres que trabajan los campos del estado.
Trabaja con jornaleros indígenas wixárika que migran cada año desde la Sierra del Nayar hacia los valles agrícolas de la costa, donde se siembra tabaco, frijol, maíz, jitomate y hortalizas.
Bernal-Hernández, junto con un equipo del Laboratorio de Contaminación y Toxicología Ambiental de la Secretaría de Investigación y Posgrado de la UAN, evalúa biomarcadores. Son las respuestas biológicas, fisiológicas o bioquímicas que el cuerpo emite cuando ha estado en contacto con un compuesto tóxico.
El equipo mide enzimas como la paraoxonasa 1 y la colinesterasa, indicadores de exposición a organofosforados, y marcadores de daño genético, y cruza los resultados con cuestionarios sobre prácticas laborales, uso de equipo de protección y consumo de plaguicidas en la familia.
Publica con regularidad en revistas indexadas. En 2014 firma un trabajo en el Journal of Occupational and Environmental Medicine sobre la paraoxonasa 1 y su relación con biomarcadores de plaguicidas en jornaleros indígenas mexicanos. En 2018 publica en la Revista Internacional de Contaminación Ambiental un estudio sobre la implicación del contexto socioeconómico en la exposición a plaguicidas de los jornaleros huicholes.
Una tesis doctoral dirigida por Bernal-Hernández y leída en la UAN en 2019 evalúa la exposición y su implicación en la metilación de los genes p15, p16 y wrap53 en 191 huicholes.
La conclusión que recorre toda la línea es la misma. La población wixárika que trabaja en los campos agrícolas del estado presenta biomarcadores de exposición a plaguicidas y signos de efecto biológico.
La Universidad lo dice en sus comunicados oficiales. La doctora lo expone en jornadas universitarias. Los papers están abiertos a consulta. La cronología pide ahora una imagen contemporánea, actualizada.
Hace pocos meses, un equipo encabezado por José Belisario Leyva-Morales, con coautores de la UAN, del CENITT en Tepic, del CIAD y de la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo, mandaba a la revista Environments el manuscrito que publicaría el 11 de marzo de 2026. El título, traducido del inglés, es Malformaciones vertebrales en peces de la costa de Nayarit, México, y su asociación con plaguicidas organoclorados y organofosforados.
El estudio analiza 32 peces con malformaciones vertebrales visibles, recolectados entre noviembre de 2013 y septiembre de 2021 en el litoral nayarita. Los compara con un número igual de ejemplares sanos de las mismas especies.
Las malformaciones documentadas son tres: cifosis, lordosis y escoliosis. Aparecen, respectivamente, en nueve, ocho y seis especies de peces.
La detección de plaguicidas se hace por cromatografía de gases acoplada a espectrometría de masas en tándem.
Los peces malformados y los sanos cargan en su tejido residuos de los mismos compuestos que aparecen en los sedimentos de Aguamilpa, en las muestras de jornaleros wixárika y en la asociación con malformaciones congénitas humanas que los médicos del IMSS habían señalado hace 23 años.
El DDT y sus metabolitos, prohibidos en agricultura mexicana desde 1991 y de manera integral apenas en septiembre de 2025, persisten en los tejidos.
Entre los compuestos detectados aparece también el clorpirifos, organofosforado de uso agrícola intensivo en los valles costeros y todavía autorizado en México. El clorpirifos sigue legal. Lo que se sabe sobre lo que hace, también.
El paper se publica en una revista internacional con acceso abierto. Se descarga gratis. Lleva varios meses en línea. La opinión pública nayarita no se ha enterado, distarída en escándalos políticos y luchas sucesorias.
Cinco estudios, con sus autorías y metodologías. Un médico del IMSS midiendo malformaciones en bebés. Una bióloga del ITT muestreando sedimentos en el fondo de un embalse. Cuatro investigadores universitarios analizando músculo de tilapia. Una toxicóloga de la UAN tomando muestras de sangre a jornaleros. Un equipo interdisciplinario fotografiando columnas de pescado, Cada uno mira una pieza distinta. Ninguna política pública nayarita o de distintos niveles de gobierno ha querido enmarcar el conjunto.
Hay un cóctel químico en el ambiente nayarita. Sus huellas se miden en el agua de los embalses, en los sedimentos del fondo, en la carne de los peces de los mercados, en la sangre de los jornaleros que sacan la cosecha, en los cuerpos de los recién nacidos del campo.
Lo más inquietante de esta cronología es la coherencia.
Los compuestos que detectó Aranguré Zúñiga en sedimentos de Aguamilpa en 2011 son los mismos que detectó Leyva-Morales en peces de la costa 15 años después. Los biomarcadores que mide Bernal-Hernández en jornaleros wixárika reaccionan a las mismas familias químicas que están en el agua y en el músculo de los peces. La asociación que reportaron Medina-Carrillo y sus colegas entre exposición materna a plaguicidas y malformaciones congénitas en zona rural nayarita es la misma asociación que la literatura internacional ha confirmado para otras regiones agrícolas del mundo.
Lo que falta es la conexión institucional. La información existe. Las propias instituciones nayaritas la producen. La Universidad Autónoma de Nayarit la firma. El Instituto Tecnológico la archiva. El IMSS Tepic la publicó hace 23 años.
El conocimiento generado por las instituciones científicas del estado todavía no se traduce en algo más que el currículum académico de quienes los firman.
Falta que la Secretaría de Salud lo lea, que la Comisión Nacional del Agua lo retome, que la Comisión Nacional de Acuacultura y Pesca cruce esa evidencia con sus calendarios de veda y sus permisos comerciales, que la Cofepris vigile lo que pasa en los mariscos del estado, que el Congreso del Estado pregunte, que el periodismo nayarita lo cuente. Nosotros, lo estamos contando.
En una conferencia universitaria, Bernal-Hernández dijo que la exposición a plaguicidas que documentaba su laboratorio podía derivar en cáncer, en enfermedades neurológicas, en alteraciones reproductivas y en daño genético transmisible.
El coctel químico que firma esos cuerpos y esos peces tiene varios orígenes. Una parte sale del propio campo nayarita, del corredor tabacalero del norte, del valle de Santiago Ixcuintla, del uso intensivo de organofosforados que documenta el laboratorio de la UAN.
Otra parte llega por el cauce que entra al estado por la Sierra del Nayar, atraviesa tres hidroeléctricas y desemboca en el Pacífico al norte de San Blas.
De ese cauce hablamos mañana.
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Fuentes
Aranguré Zúñiga, F. J., Zambrano-Cárdenas, R. M., González-Torres, L., & Robledo-Marenco, M. L. (2011). Evaluación de los niveles de contaminación por residuos de plaguicidas organoclorados en sedimento y peces, de la presa de Aguamilpa, Nayarit, México. Waxapa, 3(4), 20-35. https://www.medigraphic.com/cgi-bin/new/resumen.cgi?IDARTICULO=32914
Bernal-Hernández, Y. Y., Medina-Díaz, I. M., Barrón-Vivanco, B. S., Robledo-Marenco, M. L., Girón-Pérez, M. I., Pérez-Herrera, N. E., Quintanilla-Vega, B., Cerda-Flores, R., & Rojas-García, A. E. (2014). Paraoxonase 1 and its relationship with pesticide biomarkers in indigenous Mexican farmworkers. Journal of Occupational and Environmental Medicine, 56(3), 281-290. https://doi.org/10.1097/JOM.0000000000000093
Diario Oficial de la Federación. (2025, 3 de septiembre). Decreto por el que se prohíbe el uso, producción, comercialización e importación de 35 plaguicidas. Gobierno de México.
Leyva-Morales, J. B., Ramos-Ávila, A. Y., Bastidas-Bastidas, P. de J., Granados Amores, J., Granados Amores, E., González Ramírez, J., Salas-Martínez, F., Acevedo-Sandoval, O. A., Romo-Gómez, C., Camacho-López, C., González-Ramírez, C. A., Leyva-Camacho, L., & Cruz-Acevedo, E. (2026). Vertebral malformations in fish from the coast of Nayarit, Mexico, and their association with organochlorine and organophosphate pesticides. Environments, 13(3), 151. https://doi.org/10.3390/environments13030151
López-Martínez, G., Paredes-Céspedes, D. M., Rojas-García, A. E., Medina-Díaz, I. M., Barrón-Vivanco, B. S., González-Arias, C. A., & Bernal-Hernández, Y. Y. (2018). Implicación del contexto socioeconómico en la exposición a plaguicidas en jornaleros huicholes. Revista Internacional de Contaminación Ambiental, 34, 73-80.
Medina-Carrillo, L., Rivas-Solís, F., & Fernández-Argüelles, R. (2002). Risk for congenital malformations in pregnant women exposed to pesticides in the state of Nayarit, Mexico. Ginecología y Obstetricia de México, 70, 538-544. PMID: 12561703.
Rangel-Peraza, J. G., De Anda, J., González-Farías, F. A., Rode, M., Sanhouse-García, A., & Bustos-Terrones, Y. A. (2015). Assessment of heavy metals in sediment of Aguamilpa Dam, Mexico. Environmental Monitoring and Assessment, 187(4), 134. https://doi.org/10.1007/s10661-015-4359-z
Universidad Autónoma de Nayarit. (2018, 14 de septiembre). Investigadora trabaja en efectos de los plaguicidas en jornaleros indígenas. https://www.uan.edu.mx/comunicados/investigadora-trabaja-en-efectos-de-los-plaguicidas-en-jornaleros-indigenas
Zambrano-Cárdenas, R. M. (2005). Niveles de Contaminación por Metales Pesados en Sedimentos y Peces de la Presa Aguamilpa, Nayarit [Tesis de Maestría en Ciencias]. Instituto Tecnológico de Tepic.







