La primera encíclica del Papa León XIV nace de su convicción de que “las cosas nuevas” que ha de iluminar y acompañar desde su magisterio tienen que ver “con los procesos rápidos de la digitalización, la inteligencia artificial y la robótica”, pero, antes de reflexionar acerca de esas “cosas nuevas”, en el primer capítulo de “Magnifica Humanitas” ofrece una amplia reflexión acerca de la naturaleza de la Doctrina Social de la Iglesia, la cual “nace del encuentro entre la verdad eterna del Evangelio y las preguntas de la historia, se deja interpelar por los signos de los tiempos; se nutre de la contribución de las ciencias, las culturas y las experiencias humanas”, así como lo que se podría denominar el “marco histórico” en el que se ubica…
No satisfecho con ofrecer esa exposición de la naturaleza de la Doctrina Social de la Iglesia y de su desarrollo entre el pontificado de León XIII y el suyo, en el siguiente capítulo expone los fundamentos y principios de la Doctrina Social de la Iglesia.
A explorarlos, dentro de las posibilidades y límites de un texto de alrededor de mil palabras, dedicaré esta tercera entrega sobre este documento…
En el primer párrafo, León XIV muestra nuevamente una notable capacidad expositivo-comunicativa cuando escribe: “En este segundo capítulo quisiera detenerme en algunos fundamentos y principios de la Doctrina social que ayudan a leer los ‘nuevos asuntos’ de nuestro tiempo a la luz de la dignidad fundamental de la persona humana. Pienso que actualmente, para custodiar a la persona humana en el tiempo de la IA, debemos volver a reflexionar sobre el bien común, el destino universal de los bienes, la subsidiariedad y la justicia social. Estoy convencido de que la relación armoniosa entre estos principios requiere que sean analizados conjuntamente, para que se evidencie con claridad cómo se reclaman y se iluminan mutuamente”.
He ahí, esbozado, el contenido del capítulo concreto: la persona humana como fundamento de la Doctrina Social de la Iglesia y el bien común, el destino universal de los bienes, la subsidiaridad y la justicia social como [algunos de sus principales] principios…
Probablemente, el párrafo 50 de la encíclica sea capaz de resumir el fundamento teológico-antropológico de la Doctrina Social de la Iglesia:
“En el centro de la visión cristiana del ser humano está la gran afirmación según la cual el hombre y la mujer son creados ‘a imagen y semejanza’ (cf. Génesis 1,26-27) del Dios trinitario. Cada persona, hecha constitutivamente para la relación, es pensada y querida por Dios para entrar en una historia de comunión con Él, con los demás y con la creación. Su dignidad no depende de las capacidades que posee, de las riquezas o del rol que desempeña, ni de las decisiones justas o equivocadas que toma, sino que es un don que la precede y la excede, dado por Dios como expresión de su amor que nunca falla. Por eso, la persona humana permanece siempre como ‘el camino primero y fundamental de la Iglesia’ y el corazón de toda auténtica vía de desarrollo humano integral”.
Una vez expuesto el fundamento teológico-antropológico, el Papa aborda dos temas claves: el de la igualdad ontológica de todos los seres humanos, una igualdad que le pertenece “simplemente por el hecho de existir, de haber sido querido, creado y amado por Dios” y el de los derechos humanos, los cuales, desde la perspectiva cristiana “no son un añadido externo a la persona, sino una traducción histórica de su dignidad intrínseca que la comunidad internacional está llamada a tutelar y promover”.
En estos dos temas, el Papa no se limita a exponerlos, sino que llama la atención acerca de que es preciso vigilar que la conciencia de la excelsa dignidad de toda persona humana no sea ofuscada bajo la presión de nuevas ideologías o de determinados intereses de gran poder en el mundo de hoy, entre las cuales destaca una que considera “particularmente insidiosa”: “la que sugiere que toda persona debe ganarse o justificar su propio valor, hasta el punto de atribuir mayor valía a quienes son más eficientes y productivos”.
Y, en cuanto a los derechos humanos, hace referencia a dos riesgos que considera “particularmente graves”: “El primero es el de una declaración puramente formal, mientras que, junto con el progreso tecnológico, avanzan de manera disimulada o evidente violaciones de la dignidad humana. El segundo, que en realidad está en la base del primero, es el de no poder reconocer el fundamento de su universalidad, porque se ha renunciado a la búsqueda de los fundamentos más sólidos que están detrás de nuestras opciones y también de nuestras leyes”.
En este punto, subraya que el Papa Francisco invitaba a no subestimar este último problema ya que, si bien es cierto que “cuando la razón se deja interrogar seriamente sobre la naturaleza humana, es capaz de descubrir valores aplicables a todos”, si se abandona este trabajo “podría suceder que derechos hoy considerados intocables, en el futuro terminaran siendo cuestionados o negados por quienes ostentan el poder, quizá después de haber obtenido un consenso sólo aparente por parte de poblaciones aterrorizadas o manipuladas”.
Para concluir con el tema de los derechos humanos, en “Magnifica Humanitas” se reconoce que “junto a una mayor conciencia del valor de toda persona humana y de sus derechos, ha crecido también el reconocimiento de los derechos de las minorías”, en el que “todavía hay mucho camino por recorrer para que los derechos de una gran parte, por ejemplo, los de las mujeres, estén realmente garantizados en todo el mundo”.
Y concluye con unas palabras con un tono crítico-profético:
“Los movimientos sociales, las grandes proclamas políticas en favor del pueblo y las ideologías comunitarias no sirven para nada si no están orientadas a la promoción de las personas —hombres y mujeres— con sus derechos inalienables. Del mismo modo, no basta con exaltar la libertad individual o la iniciativa privada, si después se acepta que una multitud de personas siga viviendo sin un trabajo digno, sin tutelas y sin acceso a los bienes fundamentales”.
¿Izquierdas y derechas que construyen Torres de Babel proclamando que construyen justicia, paz y bienestar jerosolimitanos?







