El olor a humo y la incertidumbre de aquella noche de octubre de 2025 han quedado atrás para las familias del mercado Juan Escutia. Entre los pasillos renovados, el sonido de las cortinas metálicas al abrirse marca ahora un nuevo comienzo para decenas de personas que perdieron su patrimonio bajo las llamas. Hoy, la realidad es distinta; el brillo del piso nuevo y la seguridad de un sistema eléctrico moderno devuelven la esperanza a quienes consideran este recinto su segundo hogar y principal fuente de bienestar.
María del Rosario Narváez López, quien ha dedicado gran parte de su vida a la venta de ropa en la planta alta, recuerda la angustia de verse sin recursos tras el siniestro. Sin embargo, la intervención de la autoridad estatal permitió que los locales afectados recuperaran su forma y función en un tiempo breve. “El gobernador nos demostró con hechos, no con palabras, su total apoyo. El incendio fue un golpe durísimo para nosotros, nos dejó en la calle, sin dinero ni mercancías”, relató la comerciante conmovida por la transformación del espacio.
Bajo la nueva iluminación, la rehabilitación integró la reparación técnica de los daños junto a una mejora estética profunda en cada rincón del inmueble. La colocación de los pisos en la segunda planta cambió por completo la percepción de los puestos, eliminando el rastro de la tragedia y sustituyéndolo por un entorno de limpieza. Ésta obra se alejó de los parches temporales para ofrecer una solución estructural que garantiza la seguridad de los sistemas eléctricos, reduciendo el riesgo de futuros incidentes para tranquilidad de los locatarios.
Éste fue un respaldo absoluto que permitió a los trabajadores volver a levantar sus negocios con una dignidad renovada. “Gracias a Dios y al gobernador Navarro Quintero hoy vemos un mercado renovado, más seguro y más moderno”, puntualizó Narváez López. El apoyo gubernamental facilitó que las familias que “diariamente se ganan la vida en este lugar” retomaran sus actividades comerciales sin la carga financiera que habría significado una reconstrucción por cuenta propia, permitiendo que el flujo económico de la zona no se detuviera.
Diariamente, los pasillos del mercado reciben ahora a clientes que encuentran instalaciones funcionales y seguras para realizar sus compras habituales. El compromiso de las autoridades por dignificar estos centros de abasto se traduce en un beneficio directo para la salud pública y la economía popular de la capital. Con esta nueva imagen, el Juan Escutia reafirma su posición como el corazón comercial de la ciudad, donde la tradición y la modernidad convergen para asegurar el sustento de las generaciones presentes.







