Se miente por naturaleza, queriendo o sin querer. Casi todas las mentiras del día no le hacen daño a nadie, pero alguna deja heridas que no cierran, en el que miente y en el mentido. Los medios también mienten. A algunos los demandan y pagan caro por ello. Tienen nombre, domicilio y abogados, así que el agraviado puede defenderse. Lo vimos otra vez esta semana: Obrador y Noroña fueron blanco de mentiras que no tenían nada de ingenuas, y los diarios centenarios tuvieron que retractarse. El problema son los otros, los millones de usuarios, los «periodistas» y «creadores de contenido», los «medios» digitales que mienten sin pagar nunca la cuenta, y arruinan a quien se les pone enfrente. Contra ellos, el agraviado casi no tiene con qué defenderse. A veces, no tiene nada.







