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Morena, su propio adversario

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En un análisis de Elia Castillo Jiménez para El País, el partido que gobierna 24 entidades llega a 2027 sin el viento a favor de antes: seis gobiernos desgastados y una guerra por las candidaturas que amenaza con romperlo desde dentro

El mapa que Morena levantó a golpe de victorias durante ocho años empieza a agrietarse, y la grieta, sostiene Elia Castillo Jiménez en El País, no viene de la oposición. El riesgo se encuentra adentro. El partido que gobierna 24 entidades y la Presidencia encara la intermedia de 2027 en un terreno distinto al que lo convirtió en la maquinaria electoral más eficaz del país. La periodista lo resume con la frase que, según reporta, ya circula en la voz de dirigentes y operadores: «Ya no será un día de campo».

Castillo Jiménez identifica, a partir de los diagnósticos internos que dice haber consultado, seis focos rojos. Son los estados que Morena teme perder: Zacatecas, Colima, Sonora, Campeche, Michoacán y Sinaloa. El común denominador, apunta, es un desgaste de las administraciones locales que la inseguridad, los presuntos vínculos con el crimen organizado y ciertas decisiones autoritarias terminaron por acentuar.

El recuento es específico. En Zacatecas, David Monreal llega al relevo con una gestión golpeada por la crisis de seguridad y con niveles bajos de aprobación. En Campeche, Layda Sansores hizo de la confrontación y el autoritarismo el sello de su gobierno. En Colima, Indira Vizcaíno carga con el lastre de la violencia. En Michoacán, Alfredo Ramírez Bedolla enfrenta el desgaste de la inseguridad y de los conflictos políticos que acompañaron su administración. El caso de Sonora lo consigna con cuidado: Alfonso Durazo, ha negado de forma categórica las versiones que lo vinculan con investigaciones en Estados Unidos, y las califica de infundadas.

La cifra que ordena el diagnóstico es elocuente. Un total de 277 políticos de Morena y de sus aliados, el Verde y el PT, se inscribieron para pelear las candidaturas. Señala que es el registro más alto en la historia del movimiento, y que ese número mide menos el entusiasmo que el tamaño del reto. A la dirigencia de Ariadna Montiel le toca cerrar el proceso, dice, sin que la disputa deje heridos.

A los seis estados en alerta la autora suma otros once, donde el peligro cambia de naturaleza. Ahí no pesa tanto la evaluación de los gobiernos como la ruptura: la guerra por las candidaturas amenaza con debilitar estructuras que la gestión, por sí sola, no habría puesto en riesgo. Guerrero concentra el ejemplo más nítido. La exclusión de Félix Salgado Macedonio de la contienda por la coordinación de defensa de la Cuarta Transformación, la figura con la que en los hechos se define la candidatura a la gubernatura, puede desembocar, advierte, en una fractura de alcances inciertos.

Trece aspirantes se registraron por Guerrero. Menciona a Abelina López, alcaldesa con licencia de Acapulco, sobre quien pesan acusaciones de desvío de recursos y cohecho, y a la senadora Beatriz Mojica, que las encuestas internas colocan en segundo lugar detrás de Salgado. El detonante, explica, es la reforma contra el nepotismo impulsada por Claudia Sheinbaum, que impide a los familiares hasta el cuarto grado suceder a un pariente en el cargo. Por esa vía quedó fuera el padre de la gobernadora Evelyn Salgado. En el partido temen, reporta la autora, que el desenlace sea una operación silenciosa capaz de convertir a Guerrero en el primer estado que Morena pierda por fuego amigo.

La periodista extiende el diagnóstico. Las pugnas se reproducen en las 17 entidades que renuevan gubernatura, y lo que cambia de una a otra es la intensidad. En algunas, sostiene, los acuerdos alcanzan para contener; en otras, la disputa puede llevarse por delante estructuras completas y alentar operaciones en contra desde el mismo oficialismo. Ese es el desafío inédito. Morena procesó sus diferencias mientras tuvo un liderazgo nacional dominante y una narrativa de expansión que hacía de cada elección una oportunidad de crecer. Con casi todos los espacios ya ocupados por cuadros propios, la contienda se mudó hacia dentro.

El telón de fondo, subraya, es 2027 como primera prueba mayor del sexenio de Sheinbaum sin el efecto de arrastre de Andrés Manuel López Obrador, y como primera ocasión en que el partido defiende a la vez muchos gobiernos bajo el escrutinio que padece quien manda. Sinaloa ilustra el peso de ese escrutinio. Rubén Rocha, gobernador con licencia, aparece acusado por el Departamento de Justicia estadounidense, junto con nueve funcionarios y exfuncionarios, de vínculos con líderes del cártel local. La autora lo lee como uno de los golpes más duros que el movimiento ha recibido en años.

La conclusión que ofrece El País es política antes que aritmética. Una derrota en un estado considerado seguro pesaría más por lo que rompe que por lo que resta: la idea de invulnerabilidad que acompaña al movimiento desde 2018. Castillo Jiménez plantea 2027 como una suerte de referéndum sobre la capacidad del oficialismo para administrar una hegemonía que construyó a una velocidad sin precedentes. Dentro del partido, anota, conviven dos registros. Unos minimizan: «Tenemos posibilidades de ganar todo». Otros admiten los focos rojos y agregan que no es «nada que no se pueda controlar».

El retrato que deja la autora no anuncia el fin de una hegemonía. Morena sigue siendo la fuerza con mayor presencia territorial, la mejor estructurada y la que encabeza la intención de voto. Lo que registra es más sutil, y por eso más incómodo para el oficialismo: la ventaja dejó de traducirse en triunfos automáticos. Después de ocho años navegando con viento a favor, el partido descubre que su rival más serio ya no lleva las siglas de la oposición. Son las suyas.


Con información de Elia Castillo Jiménez, «Las disputas internas y el desgaste de Morena encienden seis focos rojos rumbo a 2027», El País, 2 de julio de 2026.

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