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lunes, julio 20, 2026
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¿Por qué necesitamos héroes?

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La generosidad es un sentimiento

que te puede hacer feliz eternamente

Rosa Luxemburgo

¿Por qué necesitamos héroes? Tal vez porque la vida cotidiana es previsible y monótona necesitamos saber que existen seres extraordinarios que pueden hacer un bien para la humanidad. Actualmente, enfocamos nuestra atención en héroes que provienen de tres campos, principalmente. El primero es el deporte, el segundo, es el espectáculo y el tercero es la ciencia. ¿por qué tenemos esta necesidad mítica de héroes? Seguramente porque existe una necesidad de líderes, de quienes comandaban la tribu y de esa manera nos podían asegurar la existencia, darnos seguridad.

Los héroes no han sido los mismos en todos los tiempos: en el tiempo mítico robaron el fuego a los dioses, y se lo entregaron a los humanos con lo que dio inició la civilización. Ese es el cambio de lo que significó el fuego: pasar de lo crudo a lo cocido; de lo obscuro a lo iluminado; del frío al calor. El fuego es el elemento civilizador por excelencia, lo mismo en la mitología griega que en las narraciones wixaricas del Occidente de México.

En nuestra época, seguimos atribuyendo características extraordinarias a los héroes ya que son capaces de marcar el mayor número de goles en un mundial, de filmar películas que requieren osadía o de descubrir un medicamento que salvará de enfermedades incurables. En cualquier caso, los héroes no son como nosotros, sino que existen en el plano de lo extraordinario. Desde este punto de vista los vamos construyendo con atributos de las divinidades, de las diosas y dioses que nos conducían a un lugar determinado.

Hoy se acentúa la necesidad de héroes porque la vida, con su inmediatez atravesada por la tecnología globalizada, requiere de nuevos referentes; de comportamientos éticos que sean emulados por nosotras. Los héroes de hoy no pertenecen a una tribu, sino que tienen dimensiones globales debido a las comunicaciones instantáneas en que transcurre el tiempo presente.

Si bien, los héroes surgen del deporte, del espectáculo y de la ciencia para aliviar en situaciones límite, también surgen héroes de lo mínimo cotidiano. Se trata de héroes instantáneos cuyas acciones circulan por las redes y se miden en cantidades de likes que reciben. Eso es, justamente lo que proporcionan los medios de comunicación, porque consideramos héroes a quien salva un venado herido; a quienes se arriesgan en un incendio, a quienes plantan aboles para evitar la desertificación. Hay héroes que escalan montañas, pero también, quienes bajan un gato de un zarzal. El número de likes va mostrando las simpatías a estas heroicidades, aunque duren una hora. Seguramente no quedarán registradas en los libros de historia, pero sí quedarán para siempre en el mundo digital.

Cuando me refiero a héroes no lo hago solo en masculino, también buscamos a las heroínas, aunque sus proezas hayan sido consideradas menores. Como sabemos, las mujeres han estado en planos secundarios, pero son planos desde donde se asegura la vida. Las mujeres han estado ahí y hoy empezamos a descubrir a las mujeres que fueron pioneras en las ciencias; que estuvieron en la creación artística, no solamente como musas, sino que también fueron productoras de obras. Y descubrimos sus dimensiones desde donde perdura la vida.

Quizá buscamos héroes porque los seres humanos necesitamos espejos en los cuales vernos, conductas éticas que nos impulsen en el día a día. En el libro (Super) héroes. ¿Para qué los necesitamos? escrito en 2016, el neuropsiquiatra Boris Cyrulnik, dice que los necesitamos para explicar nuestras propias historias, ya que sus luchas tanto externas como internas se convierten en ejemplos a seguir. Son héroes porque pudieron cambiar una vida de infortunio en una de felicidad. Ahí está el Superman migrante de otro planeta que se rehace en el lugar de llegada; el huérfano Batman, víctima de las mafias de Ciudad Gótica; Tarzán, niño náufrago perdido en la selva. Los tres huérfanos, los tres pudieron cambiar su historia. Su heroicidad nos dice que, si ellos pudieron cambiar, también lo podremos hacer nosotras.

Cada quien se apropia de los héroes y heroínas que le significa algo para su vida.

No obstante que los héroes se definen en lo extraordinario, tenemos que hacer referencia a otra dimensión de la heroicidad, a la generosidad; porque no basta con que el héroe realice acciones extraordinarias hoy le damos una gran importancia al valor de sus acciones en el trato con las demás personas, en la proximidad.

La generosidad es un sentimiento de las personas heroicas, no de los déspotas. Se piensa que la generosidad puede estar en la base del sentido de autoridad. No de la autoridad basada en la fuerza, en el poder, en la violencia, en el dinero; sino la autoridad de quien puede dar, desprenderse de lo que tiene. Por ejemplo, si en un grupo humano se tienen pocos alimentos ¿qué impulsa a alguien a dar de lo poco que tiene? Lo más razonable es asegurar la propia subsistencia, pero la generosidad no es un principio de la razón, sino que es un principio de la vida, es un sentimiento. Cuando se identifica a alguien que da de lo poco que tiene, a esa persona se le inviste de una autoridad diferente a la autoridad del poder. Hoy le llamamos autoridad moral, porque esos gestos cohesionan a la población a partir de otro lugar, el lugar de la empatía, de la confianza.

Si bien los líderes buscan ser obedecidos a través del miedo, como recomendaba Maquiavelo al Príncipe, los héroes de hoy dan muestra de otro comportamiento ético. Generan confianza y, por esa vía, devuelven la esperanza a la población. Baruch Spinoza, filósofo del siglo XVII, ubicaba a la generosidad como el elemento fundamental para la sociedad ya que ello permitiría trabajar siempre por los demás. La sociedad, para este filósofo, estaría unido, precisamente, por la generosidad traducida en amistad humana, que hoy traducimos como solidaridad.

¿Por qué Spinoza lo piensa así? Porque dice que los seres humanos se unen por los afectos. Nótese que no dice por la razón, sino por los afectos. De ahí que es mejor desarrollar emociones o sentimientos altruistas, como la esperanza, que sentimientos de miedo, como los discursos de odio que hoy se fabrican contra inmigrantes, pobres, cuerpos racializados, mujeres.

El héroe no es el aprovechado, ni el más fuerte ni el más poderosos, sino aquel que es capaz de transformar su vida a partir de las circunstancias que le toca vivir. Quizá por eso, hoy los futbolistas del mundial se convierten en nuevos héroes cuando los vemos intercambiar camisetas, arrodillarse para abrazar a un niño que los admira, llorar la derrota y reconocer el valor de los rivales. Un héroe también es el que pierde, porque reconoce sus errores y las fortalezas de quien lo venció. No es venganza lo que reclaman los héroes contemporáneos, sino que llenan el mundo de mayor comprensión. Nos ayudan a entender las relaciones humanas de otra manera.

En este torneo de futbol mundial de 2026, el equipo de Noruega se mostró bajo la narrativa del pueblo vikingo. Los jugadores noruegos de hoy no son vikingos, como los jugadores de México no son aztecas, pero los jugadores noruegos se presentan bajo esa narrativa. Seleccionan el lugar de partida mítico y se construyen como los nuevos vikingos. Con su carga de leyenda antigua y de altruismo actual, rehacen la ficción del remo por mares helados. Ya estaban antes en el simbolismo construido desde los libros, las series, las películas, las proezas donde conocimos al dios Odin del reino de Asgard.

Los dioses bajan del Olimpo de sus glorias. Aún los dioses vencidos tienen enseñanzas para mostrarnos a través de la generosidad. A estos héroes los necesitamos en el mundo contemporáneo porque nos hacen ver que no solo gobierna el odio, la revancha, la venganza, sino que somos capaces de albergar solidaridad para los demás.

Los héroes y heroínas deben ser fuertes, llevar a cabo obras extraordinarias, pero, lo más importante, deben ser generosos. Así nuestra alma puede aguardar los pasos que se aproximan.

Finalmente, termino esta reflexión con un poema de George Eliot (pseudónimo de Mary Ann Evans, escritora británica que nació en 1819)

Cuenta ese día perdido

Si te sientas al atardecer,

cuenta los actos que has realizado,

y, si contando, encuentras

un acto de abnegación, una palabra

que alivió el corazón del que escuchó,

una mirada más amable

que caía como el sol donde se fue,

entonces, puedes contar ese día

bien aprovechado.

Pero si, a lo largo de todo el día,

No has animado ningún corazón.

Si a pesar de todo

no has hecho nada donde puedas rastrear,

una luz del sol en una cara,

algún acto aún más pequeño

que haya ayudado a un alma,

cuenta ese día como peor que perdido.

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