Enfrentar el asfalto de Tepic a bordo de una motocicleta representa un desafío de alto impacto que exige nervios de acero y un dominio absoluto de las emociones. Para J. González L., agente de Vialidad municipal, la labor cotidiana trasciende el simple cumplimiento de un reglamento; se trata de una prueba constante de templanza y empatía frente a una ciudadanía que a menudo olvida la seguridad compartida.
Al momento de encender su unidad y recorrer las avenidas, la oficial se prepara para una realidad impredecible donde lo mismo puede hallar un auxilio ciudadano que una conductora hostil. La labor implica una exposición directa a la volatilidad de quienes, al ser amonestados por infracciones visibles, reaccionan con violencia verbal al perder un privilegio de circulación o una placa por desacato a la norma.
Frecuentemente, la aplicación de la ley se topa con un muro de insultos y reclamos sobre el origen de los salarios públicos. Nos dicen groserías y aseguran que sólo buscamos recaudar dinero para el gobierno, cuando en realidad cumplimos con la aplicación de la normativa vigente, relató la servidora pública al describir el trato denigrante que en ocasiones debe contener mediante la calma y el apego a la legalidad.
Muchos automovilistas intentan evadir su responsabilidad apelando a supuestas influencias o cargos públicos para evitar la sanción. Me han tocado personas que dicen ser secretarios o choferes de funcionarios importantes, pero nosotras aplicamos la ley por igual para todos los sectores sin distinción alguna, sentenció la agente, quien subrayó que su misión es proteger de manera integral a peatones, ciclistas y conductores.
La memoria de la oficial guarda episodios críticos, como el siniestro ocurrido en el cruce de la avenida Insurgentes y el bulevar Gobernadores donde dos personas perdieron la vida. Aquella tragedia fue provocada por la distracción de un conductor que utilizaba el teléfono celular y omitió la luz roja del semáforo, un factor que, sumado a la velocidad de los involucrados, derivó en una escena devastadora para los cuerpos de emergencia.
Presenciar el arribo de los familiares al sitio de un accidente mortal constituye la faceta más dolorosa de su oficio en las calles. Es sumamente triste observar el llanto y los reclamos de quienes pierden a un ser querido por una imprudencia al volante, compartió la joven, enfatizando que esa carga emocional es parte del sustento diario que deben procesar quienes portan el uniforme de vialidad.
Con el objetivo de reducir el índice de luto en las familias nayaritas, la oficial recomienda evitar la conducción bajo los efectos del alcohol y priorizar el uso del casco en motociclistas. Resulta vital que los conductores disminuyan la velocidad al llegar a cruceros de alta afluencia, incluso si cuentan con la preferencia del semáforo, pues la prevención es la única herramienta capaz de evitar que una jornada ordinaria termine en una fatalidad.







