Muchos padres y madres de familia desconocen por qué ya no hay materias en la escuela de sus hijos. Pasa lo mismo con muchos profesores. No tengo idea de lo que los tutores de los alumnos puedan asumir de este cambio. En todo caso, ellos son usuarios de este servicio. No es su obligación saberlo. En cuanto al profesorado, he escuchado que algunos lo atribuyen a una innovación. Para quien no esté enterado, «innovación» proviene del verbo pedagógico. Sí, de verbo en el sentido del argot cotidiano; del hablar mucho para marear al interlocutor y así agotar sus ganas de seguir preguntando cosas.
Un maestro debería de saber que este cambio en la estructura curricular de los contenidos que se deben de enseñar y aprender, no obedece a un descubrimiento o aplicación tecnológica acerca de cómo conseguir aprendizajes más eficazmente. Sí, parcialmente es correcta la respuesta de quienes dicen que ahora en los Campos Formativos se integran lo que antes se abordaba por Asignaturas. Pero tampoco va por ahí la razón del cambio.
Fue en 1960 cuando Jaime Torres Bodet, entonces titular de la Secretaría de Educación Pública, quien fundó la Comisión Nacional de Libros de Texto Gratuito (CONALITEG), se encargó de la primera entrega de Libros de Texto Gratuitos (LTG). Apenas dos años después se diseñaron nuevos LTG. En esta segunda entrega se publicó por vez primera un libro para comprender las regularidades del universo titulado Estudio de la naturaleza, que no era tal cual Ciencias Naturales. Un libro sobre Ciencias Sociales o Humanidades todavía estaba lejos de llegar.
Tuvieron que pasar diez años para que en 1972 existiera la división entre Ciencias Naturales, Ciencias Sociales, Matemática y Lengua. De ahí en adelante la acumulación de conocimiento a través de las generaciones humanas y de trabajo científico se dividió para que los alumnos lo estudiaran con mejor organización y especialización. Nunca fue la intención fragmentar el conocimiento, como asegura nuestra ahora Nueva Escuela Mexicana (NEM).
El movimiento de Asignaturas a Campos Formativos no tiene justificación en la innovación tecnológica. Su fundamento es epistemológico. El marco filosófico de la NEM está guiado por la Escuela de Frankfurt, la Teoría Crítica y las Epistemologías del Sur. Estas corrientes tienen una apreciación generalmente mala del científico y del saber científico. En su cabecita piensan que la ciencia es un fenómeno colonizador, que se apodera de nosotros y nos despoja de los saberes ancestrales, comunitarios y heredados generacionalmente.
Quienes se encargaron de diseñar la NEM asumen que los jóvenes pueden llegar a conocer los principios y leyes universales por sí mismos, por vivencias personales en los sitios en los que transitan y socializan. Por eso ahora hay campos. Cada campo es un lugar en el que los niños, niñas y adolescentes (NNA) andan y aprenden.
Estos legisladores de la pedagogía moderna consideran insulto que a un alumno se le presente el conocimiento al que científicos, luego de largos años y muchos errores, han concluido para volver la vida más fácil. Ahora, desde la perspectiva de la NEM, se espera románticamente que el alumno sea quien experimente esos costos para aprender en algún momento de su escolaridad lo que pudo haber sabido en un par de páginas y no más de unas cuantas horas. El alumno de hoy no sabe lo que es ciencia, ni sus divisiones ni sus consecuencias. Al alumno de hoy no le interesa el conocimiento porque el único saber válido, le han dicho, es lo que él mismo experimente.







