¿Qué importancia tiene el cerebro
comparado con el corazón?
Virginia Woolf. La señora Dalloway
Una alumna llegó tarde a mi clase en la Universidad. Después de la sesión me explicó lo que había ocurrido. Ella es de un pueblo rural, vive en Tepic con una tía en las orillas de la ciudad. Esa tarde se quedó haciendo tareas y cuando llegó a la casa, la tía no le abrió. Tuvo que dormir en la calle, porque como recién llegada, carecía de redes de apoyo. Aquí lo que quiero mencionar es la vulnerabilidad en que se encuentran personas concretas en una situación que puede parecer de privilegio: el hecho de que estudie en la universidad.
Es claro que la alumna se encuentra en una situación de vulnerabilidad. Aquí, el desafío para el trabajo social es no quedarse gestionando la vulnerabilidad ni mediatizándola, sino que el reto es, ¿cómo convertir a esa estudiante en una persona con derechos en el sistema educativo y en el sistema familiar-comunitario?
Quiero mencionar que el trabajo social es una profesión clave para la intervención en los procesos sociales en una sociedad de cambios. En el trabajo social se sintetizan diversas disciplinas como la sociología y la psicología, para mencionar algunas, con la mirada puesta en el mejoramiento de las sociedades.
Los desafíos del trabajo social en el México actual los puedo sintetizar en lo siguiente: crear una sociedad inclusiva en base a los derechos humanos. Esto puede parecer muy abstracto y de tanto usarlas, no decirnos nada, por eso empecé con el caso de la estudiante que proviene del ámbito rural porque las vulnerabilidades surgen en contextos que no debieran de ocurrir.
Sin duda, el principal desafío del trabajo social en la sociedad mexicana contemporánea es cómo intervenir ante los procesos desatados por la inseguridad y la violencia derivada del crimen organizado. Para este año se tiene el registro de 136 mil personas desaparecidas y no localizadas, en tanto, existen cuerpos sin identificar que se encuentran en camiones refrigerados o en anfiteatros. Se registran más de 72,000 cuerpos y restos sin identificar; además, diez asesinatos de mujeres por día. 23 Entidades Federativas tienen alertas de género por feminicidio o desaparición. La trata de personas en México registra alrededor de 800 víctimas anuales en cifras oficiales, muchas de ellas vinculadas a organizaciones delictivas.
Entonces, estamos ante una sociedad adolorida, ante la cual el trabajo social tiene nuevos desafíos.
Los desafíos también pueden verse desde distintas ópticas.
- Por ejemplo, la misoginia, el machismo, que atraviesa las relaciones sociales;
- En el ámbito rural, la pobreza y la exclusión de derechos;
- Para las comunidades indígenas, además de la discriminación racista, la pobreza extrema;
- Para la juventud, la carencia de futuros transitables;
- Para las personas adultas mayores la ausencia de institucionalidad, ya que su cuidado y tránsito se deja a la vida privada.
El trabajo social, tiene desafíos ante la realidad compleja de México. Por ejemplo, desde la profesión transitar hacia modelos de trabajo social digital para intervenir en las personas y las comunidades. Generar diálogos con otras disciplinas para abrir horizontes de comprensión. Profundizar en las investigaciones para intervenir socialmente.
El principal aporte es tratar a las personas desde la dignidad, el trabajo social dignifica y trata a las comunidades desde el reconocimiento de sus herencias, de sus riquezas.
El trabajo social aporta la intervención directa ante personas y comunidades, porque la escucha empática, la mano solidaria, estar hombro con hombro entre las personas, provoca alivio, saber que otro u otra está ahí, que puede escuchar y encontrar otra manera de enfrentar los problemas.
Hoy se habla mucho del fortalecimiento del tejido comunitario como una propuesta para enfrentar la violencia y aminorar la desigualdad. Esto que se dice tan fácil no lo es en la práctica, porque estamos atravesados por la desconfianza. En las comunidades se ha perdido la confianza entre las personas, lo que provoca que vivamos en la sociedad de la sospecha. Podemos establecer metas comunes, para de esa manera construirnos como comunidad.
¿Cómo salir del individualismo excesivo para ver al otro y a las otras? Ello podemos documentarlo si respondemos a la pregunta de ¿cuánto trabajo voluntario realizo? ¿en qué organizaciones participo? De ahí entonces que el trabajo social pueda aportar la resolución conjunta de problemas de la proximidad. Es difícil, por ejemplo, que las luchas generales puedan mover a la población, por ejemplo ¡Salvemos al planeta! Si carecemos de propuestas posibles. Por ejemplo, reforestar el barrio, embellecer el parque público para el bienestar de niñas y niños. Son en estas pequeñas acciones donde se fraguan los grandes cambios. De ahí que el trabajo social, pueda aportar a la organización de las comunidades.
El trabajo social puede aportar modelos de organizaciones sociales horizontales y altruistas entendiendo que no solo se puede realizar altruismo como una obligación de quienes tienen más recursos, sino como una responsabilidad social de todos y todas porque todos tenemos capacidad de participar para el bienestar de los demás y de uno mismo.
Quizá la clave es que el trabajo social nos ayude a ver al otro no como algo relativo, desde la despersonalización tecnológica, sino como parte de la humanidad de la que todos somos parte.
Desde los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ONU, 2015) se contempla la necesidad de que los Estados se comprometan en el desarrollo de políticas públicas que prevean y combaten el malestar social.
El altruismo, pensado como responsabilidad social compartida, puede prever una crisis humanitaria. Una crisis donde cada quien solo busque su propio beneficio y confort. Hacia ello nos conducen las políticas deshumanizadas que enfocan su mirada al individuo egoísta. El trabajo social puede aportar esa parte de humanidad para revertir procesos que pueden instalarse en una generación o en varias y después, ser difícil de desestructurar.
Lo anterior porque somos seres de comunidad. El acompañamiento del otro es lo que nos modela y nos hace humanos.
En síntesis, el trabajo social debe incidir en lo personal, lo relacional y lo comunitario; tres esferas entrelazadas donde habitamos lo humano.







