La luz atraviesa los cuerpos
para convertirse en tiempo detenido.
Cuando se hizo la primera impresión de una imagen en 1826 por el físico francés Joseph Nicépore Niepce (1765-1833), una impresión que se conoce como “Vista desde la ventana en Le Gras”, su autor no imaginó el éxito que tendría la fotografía en los años siguientes. Ello porque una vez que se hubo avanzado técnicamente en la impresión de las imágenes, la fotografía se convirtió en una tecnología para documentar la realidad.
La pregunta sobre si la fotografía puede mostrar la realidad ha dado lugar a diversas discusiones porque la propia realidad es una construcción desde la cultura. De ahí que la fotografía se pueda considerar un dispositivo para mostrar ciertos aspectos de la realidad dependiendo de lo que se enfatiza en cada toma. No obstante, se pueden distinguir ámbitos donde la fotografía se ha convertido en cotidiana, como la fotografía de reportaje, la científica, la erótica, la publicitaria, la histórica, la fotografía desde el poder, y desde luego, la fotografía nuestra de cada día.
¿Es cierto lo que proyectan las fotografías? Puede ser que no, porque toda fotografía es el producto de un encuadre desde un sujeto situado. Sin embargo, la fotografía nos da una idea de lo que fue, de lo que ocurrió y de la manera como ocurrió. Podemos decir que la fotografía usurpa la realidad porque vemos fotografías de principios del siglo XX: esas fotos en blanco y negro o en sepia donde se muestra a los hombres con sombreros anchos, a las mujeres con rebozo y esas imágenes tienen el poder de hacernos pensar que proyectan la realidad de esa época. El pasado, ese pasado se quedó ahí, congelado en un único gesto para existir para siempre.
Más engañosa es, incluso la fotografía publicitaria, que tiene como finalidad vender productos o servicios en la sociedad actual. La fotografía publicitaria proyecta los deseos que deben generar los consumidores para alcanzar lo que se publicita. Me aclararon que, por ejemplo, la publicidad del queso fundido de las hamburguesas deliciosas se realizó con ¡pegamento! Y nos dejamos engañar.
Se ha sostenido que la fotografía preserva la memoria de las comunidades. Ello es cierto, desde el momento en que existe la fotografía porque anteriormente, los registros fueron otros. De cualquier manera, nos dan una idea de los vestuarios, el uso del cuerpo de mujeres y hombres, la relación con la naturaleza, el mundo animal, etc. Lo lamentable es que confundamos que lo que muestra la fotografía es lo que fue. Sin duda, las fotografías se encuentran ancladas a la realidad, pero eso no significa que muestren la veracidad de lo real.
Existe un uso de la fotografía desde el poder. En los años 80, en plena Guerra Fría, las fotografías que circulaban en el mundo occidental “libre”, encabezado por los Estados Unidos, difundían imágenes de personas encarceladas en los países que se autodenominaban socialista encabezados por la URSS. Se trataba de imágenes que priorizaban las cárceles, la sociedad autoritaria, la falta de libertad. Eran clásicas las imágenes de personas que escapaban de Berlín Socialista, la capital de la República Democrática Alemana para buscar su libertad en Berlín Occidental. A su vez, las imágenes que se divulgaban en Berlín socialista eran imágenes de la pobreza que existía en el Tercer Mundo, del peligro que sufrían las mujeres, del abandono de poblaciones, de la migración de países pobres a países ricos, etc. Como se ve, cada grupo de países seleccionaba aquellas fotografías que les permitían denostar al otro.
La fotografía depende de la tecnología con que se ha realizado o más bien, a partir del avance de la tecnología, las fotos, su calidad y precisión han cambiado. Algunas personas tienen nostalgia de las fotografías tomadas con cámaras con lentes de gran angular o teleobjetivo; de la precisión de combinar el tiempo de exposición con la velocidad del obturador; de la ceremonia de revelado en cuarto obscuro, el manejo de químicos y ver, cómo entre las sombras, surgen las imágenes apenas adivinadas. La nostalgia de enrollar los rollos de negativos, guardarlos como tesoros en lugares frescos. Pues bien, todo eso ha sido sustituido por la cámara digital, por la fotografía que, así como es producida es desechada, porque son fotografías para verlas en un solo instante, como flores de un segundo. Después pasan al panteón de lo “ya visto” y quedarán ahí para toda la eternidad en el limbo digital que crece a la velocidad inversa de la luz.
No sabemos que nos depara la fotografía. La literatura en ocasiones, se adelanta a lo posible. En El retrato de Dorian Gray de Oscar Wilde encontramos la sustitución de la fotografía por el personaje, de tal manera de que en lugar de que la imagen de la persona se conserve joven, es la fotografía la que envejece. En Harry Potter descubrimos las fotografías vivientes, personajes que se mueven de un marco a otro y que, desde ahí, interactúan con las personas realmente vivas. En el episodio Eulogy o Apología de la serie Black Mirror las fotografías se utilizan para recuperar recuerdos. Eso no es ninguna novedad, lo que sí lo es consiste en que el personaje puede “entrar” a la fotografía para, desde ahí, encontrar recovecos de su pasado.
En México se puede consultar un video sobre La fotografía en México. La fama de los retratos o los originales de la fotografía en México (https://interfaz.cenart.gob.mx/video/la-fotografia-en-mexico/). En ese video se explica la llegada del daguerrotipo a Veracruz a finales de 1839, lo que desató una verdadera furia por ser retratado. Seguramente la novedad de verse impreso alentó el narcisismo de la clase adinerada. Los estudios fotográficos tuvieron auge puesto que las personas querían tener testimonios de sus eventos memorables. En los estudios se “actuaba” la pose en medio de columnas, cortinajes y elementos que recordaban el estatus de las personas retratadas. Los tiempos de exposición, es decir, de toma de la fotografía, eran largos, los cuales fueron cambiando con la evolución técnica.
Hoy vemos algunos retratos de principios del siglo XX correspondientes a nuestras abuelas o bisabuelos y sí, son ellos, pero no son. No son porque los muestran en un momento excepcional: están arreglados para una ceremonia. La fotografía, por lo tanto, nos engaña, pero nos agrada. Las conservamos con cariño para enseñarlas a nuestras hijas con la ilusión de que las abuelas vivan mientras alguien las recuerde, en la certeza de que nosotras también pasaremos a ser el recuerdo de alguien, en una fotografía.







