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Es ciencia antes que arte el trabajo del restaurador

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En el Día del Restaurador, el experto del INAH detalla el rescate de íconos como el Señor de Huaynamota y la Virgen de la Asunción en Jala; es un trabajo que puede tardar años

Cada 27 de enero, los “guardianes de la historia” celebran su día. Detrás de cada pieza antigua que recupera su esplendor, no hay un pincel inspirado por la musa. Lo que existe es un proceso riguroso de ciencia aplicada. Daniel Gallo Arana, quien suma ya más de 15 años como restaurador del Centro INAH (Instituto Nacional de Antropología e Historia) Nayarit, aprovechó la fecha para desmitificar su profesión y subrayar que su labor está mucho más cerca del laboratorio que del taller de arte.

“No somos ni pintores, ni escultores, ni artistas”, sentenció el especialista, aclarando que su formación es estrictamente técnica. El perfil del restaurador moderno combina conocimientos de química, historia y análisis de materiales, desde papel hasta cerámica, para entender la composición molecular del deterioro y frenarlo sin alterar la esencia del objeto.

La intervención de un bien cultural es física y simbólica. Gallo explicó que antes de tocar una pieza es obligatorio estudiar su “valor social e historicidad”. Este respeto se vuelve crítico cuando se trata de imaginería religiosa, donde el objeto es una antigüedad y el centro de la fe de una comunidad entera.

El catálogo de rescates en Nayarit es vasto y significativo. El equipo del INAH ha trabajado en la restauración de piezas de alto culto como la Santísima Trinidad de la Mesa del Nayar, el venerado Señor de Huaynamota y la Virgen de la Asunción, patrona de Jala. Además, su labor se extiende a los hallazgos arqueológicos extraídos durante la construcción de carreteras e infraestructura hotelera, piezas que hoy forman parte de las exposiciones permanentes de los museos estatales.

Finalmente, el restaurador advirtió que en este oficio la paciencia es la única regla general. No existen plazos fijos; el tiempo de recuperación depende enteramente del estado de conservación y la gravedad del daño, por lo que un proyecto puede resolverse en semanas o demandar años de “arduo trabajo” minucioso para devolverle la vida a la historia.

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