Para la Iglesia Católica, la Semana Santa no concluye el Domingo de Resurrección. La liturgia extiende esa celebración durante ocho días consecutivos, un periodo conocido como la Octava de Pascua en el que cada jornada mantiene el mismo rango festivo que el domingo inaugural.
La analogía es doméstica: así como una familia prolonga la reunión del día grande comiendo y celebrando los días siguientes, la liturgia católica alarga el gozo de la Resurrección durante una semana completa antes de continuar el Tiempo Pascual.
Se trata de la semana más importante del año litúrgico, afirmó Rafael Luquín, sacerdote que habló desde Roma. Las misas de estos ocho días repiten elementos propios del Domingo de Resurrección y mantienen un tono festivo que distingue este periodo del resto del calendario.
El principal signo que articula toda esta celebración es el cirio pascual, señaló Luquín, que permanece encendido junto al ambón, el lugar desde donde se proclama la Palabra de Dios, durante los 50 días que abarca el Tiempo Pascual.
Ese periodo de 50 días es el más importante del calendario litúrgico de la Iglesia Católica, por encima de cualquier otra festividad del año.







