Los números le resultan entretenidos, la cumbia la libera y la cocina la espera. Con 9 años, Aranza Regina Cardona reparte su tiempo entre el cuadro de honor de su escuela, las clases de baile y el sueño de convertirse en chef.
Su historial académico comenzó antes de que entendiera lo que significaba. La primera vez que recibió un reconocimiento era tan pequeña que preguntó a su mamá qué era; cuando le explicaron que había sacado el primer lugar, la respuesta fue otra pregunta. Desde entonces, trimestre a trimestre, su nombre no ha salido del cuadro de honor.

El método es suyo, explicó Aranza: repasar lo que no sabe, investigar, anotarlo y leerlo hasta aprenderlo. Cuando domina el tema, dice, todo se vuelve fácil.
El baile llegó después y ocupó su propio espacio. Antes de salir al escenario siente ansiedad, ganas de llorar, pero respira, suelta el aire y en cuanto escucha el intro todo cambia. Bailar cumbia, dijo, es el momento en que siente que es ella misma.
En el Día de la Niñez, su mensaje a otros niños no tiene rodeos: echarle ganas en la escuela, hacerles caso a sus papás y no borrar nunca la sonrisa.







