
CONTEXTO
De acuerdo con Abel Ortiz Prado –aborpra@hotmail.com Consultor en gobierno, finanzas y administración pública. Estructurador de Asociaciones Público Privadas-, la economía mexicana arrancó en el 2026 con una señal preocupante. La generación de empleo formal durante el primer trimestre muestra signos de debilidad, encendiendo alertas en los indicadores laborales. Sin embargo, detrás de este fenómeno hay una dinámica más profunda que pocas veces se discute con la suficiente claridad: cuando el empleo formal se estanca, la economía informal no solo crece, sino que se convierte en el principal mecanismo de absorción laboral. En un país donde más de la mitad de la población ocupada ya se encuentra en condiciones de informalidad, este comportamiento deja de ser coyuntural para convertirse en un rasgo estructural del modelo económico.
EL TRABAJO INFORMAL GANA TERRENO
Conforme a información reciente, alrededor del 54.6% de la población ocupada en México se desempeña en la informalidad, lo que equivale a cerca de 33 millones de personas, mientras que aproximadamente el 25.4% del Producto Interno Bruto proviene de este sector. Esta realidad no surge de manera espontánea, sino que responde a factores bien identificados: insuficiente generación de empleo formal, baja productividad, complejidad del sistema tributario, debilidad institucional y una limitada cultura contributiva. En este contexto, la informalidad no debe entenderse únicamente como evasión fiscal, sino como una respuesta racional de millones de personas ante un entorno económico que no logra integrarlas plenamente a la formalidad. El problema de fondo, entonces, no es la informalidad en sí misma, sino la incapacidad estructural de la economía para generar condiciones de formalidad sostenida. Mientras el empleo formal continúe creciendo por debajo de las necesidades reales de la población, -un millón de empleos anuales- cualquier estrategia basada exclusivamente en fiscalización estará condenada a resultados marginales.
EL DESAFÍO NACIONAL
México enfrenta así un desafío mayor: transitar de una política centrada en el control a una orientada a la inclusión productiva, donde la formalidad sea una opción viable y atractiva, no una carga. Porque al final del día, cuando el empleo formal se debilita, la economía informal no crece por elección… crece por necesidad.
VEREMOS Y DIREMOS.







