Edith Sánchez tiene 69 años, sobrevivió a dos cánceres y vive con diabetes y artrosis. Durante más de 25 años se ocupó de que a Luis Miguel, el cantante más conocido de América Latina, no le faltara nada en sus casas ni en sus giras. Hoy subsiste con lo que le prestan sus familiares y sus amistades, y mantiene un solo reclamo: que el artista le pague una liquidación por las décadas que trabajó a su lado. Su historia salió a la luz esta semana, en una entrevista en exclusiva con el diario español El País, firmada por la periodista Beatriz Guillén, donde la mujer habló por primera vez de modo abierto sobre la disputa que sostiene desde 2017.
Según relató al periódico, su petición no contempla cifras de fantasía. «Yo lo que pido es una liquidación justa porque no puedo seguir así», dijo Sánchez desde Ciudad de México. La frase resume nueve años de espera, una enfermedad que regresó en el peor momento y un vínculo laboral que nunca quedó por escrito.
Edith Sánchez nació en Ixcaquixtla, Puebla, tercera de trece hermanos de una familia humilde. Llegó a Ciudad de México con ocho años para trabajar con unos tíos que tenían un taller en la calle Sullivan, dedicado al vestuario y la joyería fina de las estrellas del espectáculo mexicano. En ese taller se preparaban los trajes de noche de figuras como Angélica María o Monna Bell. De ahí, ya adulta, salió hacia el trabajo que marcaría su vida.
La relación con el cantante empezó a finales de los años ochenta. De acuerdo con el reportaje de El País, el mánager Hugo López había recibido en 1987 la propuesta de dirigir la carrera de Luis Miguel, pero la postergó hasta que el artista cumpliera 18 años y pudiera trabajar sin la tutela de su padre, Luis Rey. Para entonces el equipo buscaba a alguien de absoluta confianza. La esposa de López, la modelo argentina Lucía Miranda, llegó al taller de Sullivan en busca de una persona sin reparos para viajar ni para los horarios. Edith Sánchez tenía 31 años y ya conocía Miami, Nueva York y California, así que cumplía el perfil.
La tarea consistía en buscar y preparar la ropa del artista, acompañarlo en viajes y conciertos, cocinar cuando hacía falta, contratar personal y cuidar sus casas. En la entrevista que le hizo el cantante, contó, éste le pareció «muy agradable», y la única pregunta que le formuló fue si tenía visa para viajar.
Lo que vino después fue un cuarto de siglo de trabajo sin contrato. La asistente nunca firmó un documento laboral, no fue dada de alta en el Instituto Mexicano del Seguro Social y no tuvo derecho a vacaciones, según expuso ante EL PAÍS. Su sueldo era de 1.500 dólares al mes, una cantidad que ella misma calificó de «una miseria». Describió jornadas sin horario fijo. Si el cantante salía a cenar a las diez de la noche, ésa era la hora en que ella arreglaba su habitación y limpiaba su baño, porque a ese cuarto no entraba nadie más. En los hoteles repetía la rutina: recogía lo personal del artista antes de avisar a la recepción para la limpieza. El antiguo jefe de seguridad Gerardo Castell añadió ante el periódico un detalle sobre ese celo. Cuando Luis Miguel se cortaba el cabello, Edith juntaba los restos y los desechaba lejos, para que nadie pudiera usarlos.
Trabajó, dijo, por el cariño y la admiración que le tenía, con la idea de que, al retirarse, el cantante la liquidaría como correspondía. «Yo nunca tuve vacaciones, nunca tuve nada, siempre estuve con él y para él», resumió.
En el entorno del artista circulaba con un apodo. Luis Miguel le decía «Heidina», y así la recuerdan también otros empleados, que la mencionan como Heidi o Heidina. Ella, en cambio, lo trató siempre de «joven» y de «señor», nunca de «Micky». De esa cercanía, sostuvo, no necesitó cláusulas de confidencialidad, porque su discreción se daba como un hecho.
El testimonio que publicó el periódico global en español se apoya en documentación que la propia Sánchez mostró. Conserva una docena de pasaportes que cubren de 1991 a 2014, con sellos de viaje por buena parte de América y Europa, además de visas de trabajo para Estados Unidos donde se especifica que pertenecía al «Luis Miguel Group». También enseñó un cuaderno de la gira por España de 1999, donde figura su cargo, «LM Wardrobe / Valet», junto al entonces tour manager Alejandro Asensi y al jefe de seguridad Joe Madera, y una invitación a una fiesta de la gira de 1999 y 2000 con su nombre impreso. A ese expediente sumó su historial médico del Instituto Nacional de Cancerología.
Detrás de los sellos de esos pasaportes está buena parte de la biografía pública del cantante. Ahí aparece la actuación en la Expo de Sevilla de 1992 y los viajes de urgencia de aquel año, cuando Luis Rey agonizaba. También están las visitas a Santo Domingo, a la casa de Juan Luis Guerra, autor de Hasta que me olvides, una de las baladas que encumbraron al artista en 1993.
Dos hombres que se encargaron de la seguridad del equipo en los años noventa, Francisco y Gerardo Castell, confirmaron al periódico el trabajo de Edith. «En varias ocasiones, Luis Miguel la presentó como la mujer más importante de su vida», dijo Gerardo. Francisco apuntó que ella le dedicó la vida entera al cantante y que rechazó ofertas para vender su historia a libros y producciones.
A través de esos documentos se puede seguir la trayectoria del artista, según describe el reportaje. Edith atravesó a su lado la ruptura con Luis Rey, la muerte del padre y la del mánager Hugo López, los años de giras, los descansos en Las Bahamas y un grave accidente de avión en Guadalajara. También acompañó al cantante durante el embarazo de la actriz Aracely Arámbula y en el dolor por la desaparición de su madre, Marcela Basteri. De aquella época guarda una fotografía fechada el 16 de septiembre de 1994, el día de su cumpleaños, cuando le organizaron una fiesta con mariachis y Luis Miguel le cantó Las Mañanitas. Es la única imagen que conserva junto a su jefe.
Vivió con él en Ciudad de México, luego en Acapulco y más tarde en Los Ángeles. En el puerto guerrerense se encargó de contratar al jardinero, al chef y al personal de limpieza, algo que los Castell también corroboraron. Recordó que, ante un conflicto con una de las recamareras, el propio cantante reunió a los trabajadores y les ordenó acatar lo que ella dispusiera, porque «ella es como si fuera mi madre». Esa comparación, repetida durante años, es la que hoy le pesa. «Me decía que era como su mamá, gracias a Dios no me lo creí», declaró. Aclaró que jamás lo vio como a un hijo, aunque lo quiso «mucho, mucho», consciente de todo lo que el artista cargaba.
El primer cáncer apareció en 2007. Luis Miguel intentó que la atendieran en Los Ángeles, pero el costo lo impidió, así que ella decidió tratarse en México junto a su familia. El artista la ayudó, contó, aunque poco. Joe Madera, su asistente entonces, le explicó que ese apoyo para algunos tratamientos se descontaría de su futura liquidación. Durante el año que duró la enfermedad no le pagaron salario, con el argumento de que, al no estar en funciones, no lo generaba. Se sostuvo con sus ahorros. Regresó después de un año, pero las cosas cambiaron. El cantante dispuso que ya no lo acompañara a las giras y que lo esperara en Los Ángeles o lo alcanzara en sus vacaciones.
De esos años data la única mención a Edith en la prensa del corazón. Una nota de la revista Quién, de noviembre de 2010, la describió como la mujer que más había durado al lado del cantante. Las fotografías de aquel texto, sin embargo, correspondían a otra mujer, Urbana Reyes, quien había entrado como recamarera en la casa de Acapulco bajo las órdenes de Edith y que, según el reportaje, ocupó su lugar cuando la asistente enfermó.
El quiebre llegó en 2017. Sánchez viajó de Los Ángeles a Ciudad de México para su chequeo anual en el Instituto Nacional de Cancerología. Los estudios de rutina salieron bien, pero un dolor persistente en el costado derecho derivó en una biopsia, y la biopsia en un segundo diagnóstico de cáncer. Desde el hospital escribió a Luis Miguel para pedirle que le pagaran lo pendiente, casi un año entero de trabajo. La respuesta fue el silencio. «No me contestó nada de nada y me bloqueó», narró. No volvió a verlo ni a comunicarse con él. Tampoco hubo despido formal, porque nunca había existido un contrato. Las puertas se cerraron sin explicación.
El reportaje no ofrece una causa cerrada para ese alejamiento, aunque ubica el contexto. Hacia 2017 el cantante atravesaba la etapa más difícil de su carrera, acosado por una cascada de demandas, entre ellas las de su exmánager y las de su propia disquera, con cancelaciones de conciertos y un aislamiento cada vez mayor. En ese escenario salió Edith de su vida.
Buscó a Joe Madera para reclamar la liquidación y el año adeudado, sin resultado. Pagó el tratamiento del segundo cáncer con el respaldo de toda su familia, le extirparon el pecho derecho y sobrevivió. Optó por no demandar. Los procesos, explicó, son caros y largos, y todavía conservaba la esperanza de que el artista reaccionara. Tampoco quería convertirse en un problema para él.
Hubo gestos parciales. En 2023, después de que la serie biográfica lo volviera a poner de moda, Luis Miguel le pagó el año que le debía, unos 30.000 dólares. Más tarde la contactó por teléfono un abogado que se presentó como parte del equipo legal del artista en Ciudad de México. Le ofreció 50.000 dólares como liquidación a cambio de no esperar nada más. Ella lo rechazó por considerarlo injusto y pidió que le recordaran al cantante todos los años que trabajó para él de día y de noche. No ha fijado una cifra, aunque sostiene que le corresponde lo de tantos años más una compensación por las jornadas sin descanso.
El País buscó la versión del artista en repetidas ocasiones. Su equipo, tras pedir tres veces más tiempo para responder, declinó hacer comentarios. Sí advirtió, según el diario, que el bufete legal de Luis Miguel estaría «muy pendiente» para emprender acciones contra el medio por dar cabida a este testimonio.
A casi nueve años del portazo, Edith Sánchez se reconoce desesperada. Francisco Castell, uno de los antiguos miembros del equipo, dijo al periódico que su salud está muy deteriorada y que, aun así, no se decide a demandar. Ella misma explicó por qué habló ahora: para ver si el artista reacciona. Sobre la frase que escuchó durante años, la de ser tratada como una madre, dejó una última precisión: «Nunca me creí que fuera como su mamá, gracias a Dios, porque si no, imagínate, sería todavía más duro».
Con información del reportaje «Edith Sánchez pelea por su liquidación tras 25 años trabajando para Luis Miguel», de Beatriz Guillén, publicado por El País el 20 de mayo de 2026.







