
¡Híole, chato! Mire usted que uno se levanta muy temprano con ganas de leer los deportes o de perdida el pronóstico del clima para ver si va a llover en Tepic, pero fíjese bien en el detalle, porque este jueves los diarios nacionales no traen noticias, ¡traen un incendio! Resulta y resalta que la comentocracia de las grandes capitales amaneció con los dedos entumidos de tanto desmenuzar la famosa carta que don Andrés Manuel mandó la noche anterior desde su hamaca en Palenque. En los cafés de la grilla y en los escritorios donde se decide qué es nota y qué es mitote, el veredicto es unánime: el expresidente rompió el voto de silencio y le metió una buena dosis de dinamita a la diplomacia de tila que andaba intentando Palacio Nacional.
Fíjese usted cómo está el enredo en las columnas de este día. Las plumas más institucionales de la prensa formal andan rascándose la cabeza, preguntándose si este “apoyo incondicional” a la presidenta Claudia Sheinbaum es en realidad un espaldarazo o un jalón de rebozo que le quita el brillo a la conducción oficial de la política exterior. Dicen los analistas más agudos que justo cuando la Cancillería andaba con los algodones puestos para negociar las duras amenazas de aranceles que nos quieren recetar del norte, sale el hombre de Chiapas a llamarle “hitlerianos” a los estrategas de Washington y a decirle a Donald Trump que está rodeado de “fanáticos, tinterillos y vividores”. ¡Ándele! Es como si el vecino se mete a su pleito de linderos a gritarle al de enfrente, mientras usted ya tenía los papeles de la propiedad listos para el acuerdo técnico.
Pero ahí no está el detalle, chato. El detalle fino que hoy traen las columnas financieras es el susto que se metieron los mercados. Los analistas económicos advierten que la retórica del “mátalos en caliente” y el recordatorio del caso del general Cienfuegos no caen muy bien en los oídos de Wall Street, donde la inversión prefiere la diplomacia de las cifras y no las citas de Calle 13 sobre el amor a la madre patria. La prensa especializada subraya que pedirle a Trump que “rectifique” por el buen recuerdo de los tomates y el tratado comercial es pecar de un romanticismo político que los halcones de Washington simplemente no entienden. Allá arriba lo que cuentan son los votos de noviembre y el negocio, chato, y no las nostalgias de las reuniones en la Casa Blanca.
En las columnas políticas la cosa se pone todavía más ácida. Se comenta con insistencia que esta misiva expone una verdad incómoda: que el segundo piso de la transformación sigue teniendo el techo muy bajo y que la sombra del constructor sigue siendo muy alargada. Algunos editorialistas señalan que calificar a Sheinbaum como “la mejor presidenta de nuestro tiempo” es una flor muy bonita, pero que al mismo tiempo funciona como una especie de certificación papal que una mandataria soberana no tendría por qué necesitar si el mando fuera único y sin tutelajes. El debate en los diarios es si la carta ayuda a cerrar filas ante la embestida intervencionista o si, por el contrario, le da la razón a los que en Estados Unidos argumentan que en México las decisiones importantes se siguen tomando con vista al sureste y sabor a selva.
Por su parte, los reportes de los corresponsales en Washington que hoy publican los diarios formales mencionan que en el equipo de asesores de Trump la carta provocó entre risas y cejas levantadas. Los “fanáticos consejeros” de los que habla don Andrés ni se dieron por aludidos, y más bien andan usando el texto como gasolina para su propia propaganda electoral, diciendo que el gobierno de México se está poniendo nervioso ante el término de narcoterrorismo. O sea, chato, que les pusimos la pelota botando en el área para que metieran el gol de la campaña con el cuento de la soberanía energética y la “ley fuga”.
La realidad es monda y lironda: las columnas de este jueves nos dejan en claro que en la alta política las cartas de amor del pasado no sirven para pagar los platos rotos del presente. El enredo bilateral está muy rasposo y la doctora Sheinbaum necesita toda la libertad técnica para operar con la frialdad que los tiempos exigen, sin que le anden recordando desde el retiro cómo se hacían las cosas cuando el mundo era otro. Habrá que ver si el fin de semana calma los ánimos de las rotativas o si la pluma de Palenque vuelve a cargarse de tinta para darnos otra lección de diplomacia epistolar, porque fíjese usted que para mandar al carajo a las rémoras se necesita estar en el barco, y no viéndolo desde la orilla del río.
Ahí, precisamente ahí… está el detalle.







