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Tepic, 1895: el escándalo de la calle Puebla

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Un expendio de licores, menores bebiendo mezcal y vecinos hartos: la denuncia de El Tepiqueño revela que el relajo en la ciudad tiene más de un siglo de historia

Hace 130 años, en una calle de Tepic, había un lugar donde los vecinos “perdían la cabeza”. El 27 de abril de 1895, el periódico El Tepiqueño se quejaba de un lugar donde el escándalo era cosa de todos los días. Y eso que todavía no existían los celulares, las bocinas Bluetooth ni las transmisiones en vivo.

En la casa número 8 de la calle Puebla funcionaba un expendio de licores que, según el periódico, se había convertido en un verdadero foco de escándalo. A cualquier hora podían verse grupos de ebrios gritando al grado de impedir el paso de los transeúntes.

“Allí véase a todas horas una chusma de ebrios sin hacer ocupación, que vociferan, aúllan y forman corrillos en la banqueta”… nótese la palabra “corrillo”, esa joya léxica que ya poco se utiliza, la cual se refiere a un grupo pequeño de personas que se reúne de forma espontánea para conversar o debatir, generalmente en círculo. En pocas palabras: una “chorcha”, una chorcha turbia, sí, pero “chorcha” al fin.

Sin embargo, lo que más indignaba al redactor era otra cosa. Y aquí el periódico sube el tono, se pone el sombrero de la indignación y escribe con todas sus letras:

“Y no es esto todo, sino que (lo hemos visto) ocurren también a ese centro de corrupción hasta muchachos de doce y catorce años que apuran sendos vasos de mezcal acompañados de los borrachos de oficio.”

Sí. Borrachos… de oficio, con título, con horario y, presumiblemente, con años de experiencia ininterrumpida, el tipo de profesional que nunca faltó al trabajo, ni en lluvias, ni en fiestas patrias, ni en Semana Santa, gente comprometida con su vocación, pues. (Saludos a mis amigos).

Y claro, ante semejante despliegue de talento profesional, El Tepiqueño lanzaba un llamado urgente a la policía para que interviniera.

“Esos pequeños que hoy comienzan a beber serán mañana los criminales, los asesinos, la hez de la sociedad”, sentenció el periódico con esa prosa apocalíptica. 

Las familias que caminaban por la calle Puebla tenían que pasar frente a aquel establecimiento y presenciar el espectáculo completo, gratis, sin boleto y sin poder pedir reembolso.

En fin… el relajo en Tepic no nació ayer, ni con el internet, lleva por lo menos 130 años de antigüedad, domicilio conocido y clientela fiel. Que conste en actas y en el número 8 de la calle Puebla de la vida de Tepic.

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