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La UAN está de pie

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Norma Galván habló sin rodeos sobre la universidad que recibió, los problemas que aún carga y los avances que ya se notan: pagos completos, control financiero, investigación útil, obras con fondos etiquetados y una advertencia clara sobre viejas prácticas: “ya no hay cabida”

Entrevistar a la rectora Norma Galván Meza, a cuatro años de haber asumido la conducción de la Universidad Autónoma de Nayarit, permite medir no solo el paso del tiempo, sino el tamaño del reto que enfrentó la institución y el punto en el que hoy se encuentra.

Lo dije durante la conversación y lo sostengo ahora: hace cuatro años, la UAN estaba marcada por urgencias muy graves. Los retos siguen siendo grandes, pero ya no son los mismos. Había una universidad obligada a apagar incendios, a cerrar el año entre presiones, incertidumbre y malas noticias. Hoy, sin negar los problemas de fondo, la rectora afirma que hay avances que se ven “en el papel y en los hechos”.

Uno de los datos más relevantes es que, desde hace dos años, la universidad ha logrado pagar antes del 31 de diciembre las prestaciones de sus trabajadores. Para una institución que durante años hizo del cierre anual una crisis recurrente, ese cambio no es menor.

Norma Galván reconoce que la UAN mantiene retos financieros y estructurales. Pero también sostiene que la universidad ha logrado ordenar su gasto ordinario y avanzar en una ruta de saneamiento, acompañada por autoridades federales, estatales y los propios organismos involucrados.

La calidad académica no se detuvo

Durante el programa La Entrevista de esta semana en 8NTV, recordé que hay unidades académicas de enorme prestigio, como Medicina, Enfermería, Veterinaria y otras escuelas que siguen siendo altamente demandadas por los jóvenes nayaritas. La rectora Galván respondió con una frase que resume bien la prioridad institucional: “No hemos permitido como universidad que la calidad o la excelencia de los programas académicos vaya en detrimento”.

Eso implica infraestructura, profesorado, capacitación, academias, programas de estudio y evaluación permanente. Nada de eso ocurre por casualidad.

La UAN ofrece actualmente 77 opciones de licenciatura. Su matrícula ronda los 29 mil 500 estudiantes: casi 12 mil en nivel medio superior y más de 17 mil en superior. Además, después de la baja que provocó la pandemia, la matrícula ha venido creciendo de manera sostenida desde 2022.

También hay un dato que vale la pena subrayar: la universidad sometió 15 programas de posgrado a evaluación ante la Secretaría de Ciencia, Tecnología y Humanidades, y los 15 fueron aceptados. Eso habla de una planta académica fuerte y de condiciones institucionales que sostienen el nivel educativo.

Investigación para las decisiones públicas

En la conversación le pregunté a la rectora por la investigación universitaria. Lo hice porque muchas veces, cuando buscamos información sobre problemas ambientales, sociales o productivos de Nayarit –como una reciente en Meridiano sobre la contaminación del río Santiago– terminamos citando investigaciones de otras universidades, cuando la UAN también genera conocimiento valioso.

La respuesta fue contundente. La universidad cuenta con más de 220 investigadoras e investigadores en el Sistema Nacional de Investigadores y con más de 70 cuerpos académicos, 36 de ellos consolidados.

Pero el punto central no es solo cuántos investigadores tiene la UAN, sino para qué sirve ese conocimiento. Norma Galván habló de estudios sobre la laguna de Santa María del Oro, contaminación, fertilizantes, riesgos a la salud, meteorología y otras problemáticas directamente relacionadas con Nayarit: “Una investigación que se queda en un cajón o se queda en un paper, se queda en la mitad de su objetivo”.

Tiene razón. La investigación universitaria debe llegar a las autoridades, a las comunidades, a las instituciones y a la sociedad. Debe servir para tomar decisiones, diseñar políticas públicas y actuar frente a problemas reales.

Dinero con trazabilidad

Otro tema de fondo fue la administración interna. Durante años, la UAN cargó con una imagen complicada en materia financiera. Por eso resulta importante que hoy se hable de bancarización, control de ingresos, comprobación y auditorías.

La rectora explicó que los pagos ya ingresan a cuentas institucionales y que eso permite saber cuánto dinero entra, hacia dónde se va y en qué debe gastarse.

“Todo tiene trazabilidad”, dijo. En una universidad pública, donde cada peso debe justificarse, la trazabilidad no es un detalle técnico: es una condición mínima de confianza.

A ese proceso se suma la firma electrónica avanzada de la UAN, una herramienta que la rectora explicó como una especie de firma institucional interna, parecida en su lógica a la del SAT, pero aplicada a los trámites universitarios. El objetivo es reducir tiempos, transparentar procesos, dar seguridad a los documentos y fortalecer la autonomía de la institución.

También habló de OCIEL, el agente virtual de la universidad, diseñado con información institucional validada para responder dudas de estudiantes, docentes, aspirantes y ciudadanos. No se trata, dijo, de una inteligencia artificial comercial alimentada con datos generales, sino de una herramienta propia de la UAN, construida con su información oficial.

Ya no hay cabida para aviadores

Le hice una pregunta directa sobre un tema que durante muchos años persiguió a la Universidad Autónoma de Nayarit: los aviadores. La respuesta de Norma Galván fue igual de directa: “Ya no hay cabida para eso”.

Dijo que cada quien está haciendo la parte que le toca. Que quien no podía cumplir con su horario o con sus compromisos asignados se retiró, se jubiló o fue dado de baja. Y agregó: “Están en la universidad quienes realmente están realizando sus actividades y lo evidencian”.

No es una declaración menor. Durante años, hablar de aviadores era hablar de una de las heridas más visibles en la percepción pública de la UAN. La rectora sentencia con un peso político e institucional: “No hay marcha atrás”. La universidad, dijo, ya está en otra dinámica.

También hablamos de la relación con los sindicatos. La rectora sostuvo que existe diálogo permanente y que las dirigencias han acompañado decisiones complicadas, entendiendo que el objetivo es la sostenibilidad de la institución. “Han sido grandes aliados de la universidad, no de la administración”, reconoce.

La diferencia es relevante. No se trata, al menos en su planteamiento, de respaldar a una persona o a una gestión, sino de acompañar decisiones que permitan a la universidad tener futuro.

En una institución tan compleja como la UAN, con historia sindical, contratos colectivos y tensiones acumuladas, mantener esa relación en condiciones de diálogo tampoco es un asunto menor.

Hay avance en obras

Otro tema que suele generar dudas es el de las obras universitarias. ¿Cómo puede construir la UAN si tiene problemas financieros?

La rectora lo explicó con claridad: son bolsas distintas. Hay recursos etiquetados para infraestructura que no pueden usarse para nómina, y recursos ordinarios que tampoco pueden desviarse a construcción.

La universidad ha rehabilitado y construido espacios con fondos de aportaciones múltiples y con apoyo del Patronato. Entre las obras mencionó el edificio de Enfermería, el edificio de Químico Farmacobiólogo, el comedor universitario, canchas, domos, módulos deportivos, el estadio de béisbol, la pista olímpica y el Mesón de los Deportes.

También destacó algo que me parece fundamental: “No todo es el campus central”. La UAN ha llevado obras a unidades académicas y preparatorias de municipios como Acaponeta, Tecuala, Tuxpan, Ruiz, Santiago Ixcuintla, Compostela y Bahía de Banderas. Para quienes estudian fuera de Tepic, un domo, una cancha, un aula digna o un espacio rehabilitado no son lujos: son condiciones básicas para estudiar y convivir.

La UAN no está libre de problemas

Hacia el final de la entrevista apareció un tema que puede parecer simbólico, pero que también dice mucho: la identidad universitaria.

Durante años, la conversación pública sobre la UAN estuvo dominada por deudas, crisis, aviadores y conflictos. Hoy, la rectora dice que también se habla de los Ocelotes, de triunfos deportivos, de sentido de pertenencia y de orgullo universitario.

Los resultados recientes en competencias nacionales, incluido el oro en béisbol y la final de fútbol varonil, han fortalecido esa identidad. Pero más allá de las medallas, lo importante es el ánimo que se está generando entre los jóvenes.

“Hay un orgullo de representar a la institución”, dijo Norma Galván.

Ese orgullo importa porque ninguna universidad puede reconstruirse solo con números. También necesita confianza, pertenencia y una comunidad que vuelva a creer en sí misma.

De toda la conversación, me quedo con una frase de la rectora: “Que la sociedad tenga la claridad de que la Universidad Autónoma de Nayarit está de pie”.

La UAN no está libre de problemas. Sigue cargando adeudos históricos, retos financieros y desafíos estructurales. Pero tampoco es la universidad inmóvil, inviable o derrotada que algunos llegaron a imaginar.

Hoy hay pagos cumplidos, matrícula en crecimiento, programas académicos vigentes, investigación reconocida, obras en desarrollo, procesos bancarizados, firma electrónica, control interno, identidad universitaria y una decisión expresa de no regresar a viejas prácticas.

Por eso, después de escuchar a la rectora Norma Galván, la conclusión es clara: la Universidad Autónoma de Nayarit sigue teniendo problemas, sí; pero también tiene rumbo, trabajo y una comunidad que la mantiene de pie.

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