La alegría se desbordó sobre el asfalto cuando el silbatazo confirmó el dos por cero. Decenas de familias se reunieron bajo la mirada del Ángel de la Independencia, transformando el cruce vial en un espacio de fiesta colectiva tras el éxito del equipo mexicano frente a su similar de Sudáfrica.
Ciudadanos provenientes de diversos puntos de la capital llegaron para sumarse al festejo masivo. Éste se tradujo en un mosaico de playeras verdes que inundaron la zona, donde el motivo principal era compartir el júbilo por el marcador deportivo que unió a los vecinos en un abrazo espontáneo.
Entre el aroma de las papas doradas y el color de los algodones de azúcar, la economía informal encontró un respiro. Vendedores locales aprovecharon la concentración para ofrecer desde las clásicas camisetas de la selección hasta golosinas, permitiendo que sólo el buen humor reinara durante la jornada.

Agentes de la Policía Municipal y la Policía Vial coordinaron el cierre de la circulación en la avenida Insurgentes. El dispositivo abarcó el tramo entre la avenida Universidad y la calle Eucalipto, garantizando que el flujo peatonal se mantuviera sin riesgos frente al tránsito vehicular habitual de la zona.
Aquéllos que prefirieron el movimiento aprovecharon para bailar al ritmo de la música, mientras otros grupos disfrutaban de bebidas refrescantes. En un rincón del asfalto, jóvenes menores de 15 años improvisaron una “cascarita”, demostrando que la pasión por el balón se vive intensamente incluso fuera de la cancha profesional.
Una unidad de atención médica con tres paramédicos municipales permaneció estacionada de forma estratégica para intervenir en caso de cualquier incidente. Esta medida preventiva permitió que la multitud lanzara porras y cantos con la tranquilidad de contar con asistencia inmediata ante cualquier eventualidad de salud.

Doce músicos de la banda Los Plebes marcaron el ritmo de la tarde con una selección de cumbias y corridos. Los integrantes se encargaron de mantener el ánimo a tope, logrando que la victoria deportiva se convirtiera en una verdadera verbena popular que reafirmó la alegría de los tepiqueños.







