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Mueve apoyos Mario Aldaco Jr. desde el celular

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El creador de contenido nayarita y recién egresado de la unidad académica de medicina de la UAN, Mario Aldaco Jr., conversó con Antonio Tello en el programa semanal La Entrevista, de 8NTV, sobre los seis meses de trabajo en redes sociales que esta semana lo llevaron a la noticia nacional, tras el rescate de dos hermanos adultos mayores en abandono en Tepic. Aldaco habló de la línea entre influencer y ciudadano útil, del emprendimiento que financia su operación, de los casos que ha visibilizado y de los que prefiere no contar

Lo primero que la persona dijo al asomarse fue “comida, dame comida”. Mario Aldaco Jr. estaba parado afuera del domicilio, en la colonia Centro de Tepic. La puerta de la casa tenía cadena y candado por fuera. La luz no llegaba. Por una ventana se veían dos hermanos: él de 82 años; ella, de 78. Aldaco grabó la escena, subió el video el 21 de junio, y tres días después, el jueves 24, la Fiscalía General del Estado obtuvo orden de cateo, rescató a los hermanos y abrió carpeta por abandono y descuido.

La señora falleció el domingo 28, ya en su domicilio, después de que el inmueble fuera rehabilitado y los hermanos regresaran el sábado bajo seguimiento médico de las autoridades. El caso se publicó en Aristegui Noticias, El Heraldo de México, N+ y Televisa. Es lo que llevó al creador de contenido nayarita al estudio de Antonio Tello en el programa La Entrevista, de 8NTV, esta semana.

“Me lo compartieron”, explicó Aldaco al periodista. La denuncia llegó a su bandeja de mensajes, una entre las trescientas o cuatrocientas que recibe cada día. La eligió. “Yo siento que fue Dios, no sé qué pasó ahí. Le piqué ese mensaje y lo vi”, dijo. Cuando llegó al domicilio, pensaba que se trataba de una pareja de adultos mayores en condiciones precarias. Lo que vio era peor. “No me imaginaba que estuviera tan gacho, tan gacho”, afirmó.

Mario Aldaco Jr. tiene 22 años. Acaba de terminar sus estudios en la Unidad Académica de Medicina de la Universidad Autónoma de Nayarit. Su carrera, dice, la eligió por la misma razón por la que graba: le gusta ayudar. “Yo medicina la escogí, sinceramente, porque me gusta ayudar. Ese sentimiento cuando un paciente te dice muchas gracias es muy satisfactorio. No tiene precio.”

Viene de una de las familias más identificables del comercio popular tepiqueño. Apellido Aldaco. Bisabuelo boxeador y panadero en la plazuela Hidalgo. Abuelo con dieciocho hermanos. Panaderías y fondas distribuidas en varios puntos de la capital nayarita, como la panadería Aldaco frente al kínder México, en el Infonavit Los Fresnos, que sigue operando su abuelo. “Somos bien chambeadores, siempre andamos moviéndonos. Nos gusta andar con un peso en la bolsa y andar viendo qué hacemos”, lo resumió.

A las dos actividades que ya pesan en su biografía, medicina y comercio familiar, suma el deporte. Fue medallista nacional en lucha olímpica, integrante de la selección de Nayarit. Entrenó boxeo y artes marciales mixtas. Su entrenador, Omar Linares, lo siguió por la transmisión del programa y le mandó saludo en vivo. Aldaco lo registró: “Ése es mi entrenador, que ahora no hay que entrenar, pero es mi entrenador.”

El trabajo en redes sociales tiene seis meses de formalidad, aunque, dice, “yo siempre he grabado, es como forma de divertirme”. El parteaguas fue conocer a Ricardo, su productor y amigo, a quien menciona en cada respuesta: “el tío Rich”, “el Rich”, “mi productor Ricardo”. Aldaco describe la sociedad en términos prácticos: él observa, Ricardo es una máquina de ideas. “Es sorprendente, de veras. Tiene un talento, ahora sí que nato.”

La consigna interna del operativo, según el creador, es mirar más a fondo: “Uno va a la calle y ve enfermos, ve gente que va pidiendo a lo mejor dinero, ve gente triste. Pero uno anda con sus problemas y le sigues. Si ves a alguien con la cabeza agachada y llegas y dices, oye, cómo estás, no bien, dime cómo estás sin decir que estás bien, ahí ya es cuando empiezas a conocer su historia. Hace falta nada más ver un poquito más, créeme.”

A esa manera de ver le sigue un protocolo doméstico de planeación: “yo me siento en mi casa: a ver, Rich, cómo vamos a organizar esto, hay que hacerlo bien.” En los apoyos se han sumado, dijo, su tía Silvia y su esposo, el ingeniero Patricio, que dirigen una fundación, además de marcas locales que prefiere reconocer por su nombre: la pollería Mateo, entre otras.

El primero, dijo el creador, fue don Sixto, un vendedor de elotes que recorre la calle Samaria, a unos pasos de una farmacia muy concurrida. Lo conoce de la infancia. “Yo iba a la panadería de mi abuela y ella me decía, mira, tu abuelito don Sixto.” Le compró todos los elotes con el megáfono encendido, ofreció el producto al público, y lo registró. Le siguió con apoyos sin cámara. Lo llevó a una óptica para sus lentes. “No le cambié la vida. Pero a lo mejor sí le he contribuido en algo, aunque sea pequeño”, dijo.

Otro caso de los que circularon en su cuenta fue el de los dueños de una lonchería del mercado, identificada por sus tortas y licuados, a quienes Aldaco y su equipo pintaron la fachada como sorpresa. Al inicio se molestaron. Pensaron que les vandalizaban la propiedad. La situación derivó en una invitación a comer cuando el equipo registró el remate: los dueños eran amigos de la familia Aldaco. “Hasta los invitaron unas tortas que no fuimos.”

En el momento de la entrevista, el creador se encontraba a la mitad de una intervención mayor. La remodelación de una vivienda particular para una mujer con problemas de visión que fue operada hace poco. La obra, según dijo, lleva alrededor de dos semanas. La está haciendo con albañiles profesionales. “Antes me decían: oye, no sabes pintar. La verdad es que no tengo tanta experiencia. Pero ahora sí estamos dejándole un trabajo bien.”

A Antonio Tello le contó también el caso que más lo decepcionó. Un malabarista callejero al que ayudó con despensa para su esposa enferma y sus hijos. Un familiar le mandó después un video que mostraba al beneficiario empeñando lo recibido y gastando el dinero en sustancias. Los tenis que Aldaco le obsequió aparecieron a la venta. “Me enojé muy feo”, dijo, y dejó la conclusión a una frase del entrevistador “De todo hay en la viña del Señor.”

La experiencia, sin embargo, no le bastó al creador para retirarse del oficio. “Yo, independientemente de que me graben o no, lo hago. Es parte de mí. Lo hago para divertirme, no para cumplir expectativas ajenas”, afirmó. Y delimitó: si alguien no aprecia el contenido o no le cae bien, la opinión es respetable.

A los seis meses de andar regalando lo que tenía, Aldaco se quedó sin dinero. La sostenibilidad del operativo en redes, dijo, era un problema concreto. Lo resolvió con un emprendimiento: una marca de aguas frescas que opera en sociedad con su productor. La línea se llama Aguavida y se distribuye, por ahora, en restaurantes y loncherías de Tepic, entre ellos Tacos Tecuala. La explicó Aldaco en la entrevista con una anécdota.

Después de una jornada de apoyos, sin haber desayunado, él y Ricardo se acercaron a una camioneta de pan recién salido del horno. Costaba ocho pesos. Buscaron monedas en la cartera y el carro. Juntaron seis. Le ofrecieron al panadero esa suma. El panadero dijo que no. “No pudimos comprar un pan. No traemos dinero. Por eso mismo decidimos sacar este emprendimiento.”

La fórmula del agua, agregó, es artesanal y se prepara con maracuyá, entre otros sabores.

La pareja de hermanos en la colonia Centro era un caso que tenía denuncias previas. “Me comentaron que ya habían puesto una denuncia a las autoridades. Ya tenían varias denuncias y tenían tres años con el caso. Y que no los volteaban a ver”, dijo Aldaco. El video del 21 de junio movió la maquinaria que las denuncias no habían movido. “Curiosamente, las autoridades al día siguiente ya habían resuelto el caso.”

La diligencia de la Fiscalía aseguró una lavandería contigua al domicilio, según el comunicado oficial. Vecinos refirieron a las autoridades que una persona estaba a cargo de alimentar a los hermanos sin acudir con regularidad, y que les habrían sido retenidas las tarjetas de apoyo gubernamental, según consignó la prensa nacional. La directora del Instituto para la Mujer Nayarita, Margarita Morán Flores, dijo que se han detectado otros casos de personas adultas mayores en situación de abandono en el estado.

Aldaco mencionó un detalle que lo dejó pensando. Vio fotografías anteriores que enviaron los familiares, de dos años atrás. Los hermanos se veían en mejor estado nutricional. “El señor estaba un poquito gordito. La señora tenía sus pantorrillas más gordas, sus piernas más gordas. Son cosas que uno observa. Y al ver las fotos que subieron las autoridades, pues los puros huesitos.”

El fallecimiento de la señora el domingo 28 lo trabajó con una explicación que le ofrecieron en los comentarios y que decidió retomar: “Me dicen que a lo mejor ella estaba esperando la ayuda. Estaba cuidando a su hermano. Vio que ya llegaron a ayudarlo y se fue.”

Sobre la responsabilidad de quien mantuvo a los hermanos en esas condiciones, el creador se mantuvo a distancia. “Ya no me toca a mí eso. Pero la persona que hizo eso, que el perdón es Dios o no sé qué con su conciencia. Yo no podría dormir a gusto si fuera esa persona”, afirmó.

El caso lo puso en pantallas que él, dice, no consume. “No soy tanto de redes sociales. Hago redes sociales y hago contenido para redes sociales. Pero no las consumo.” Fue su padre quien le explicó qué medios habían levantado la historia. Reconoció a Televisa. Al Heraldo y a Aristegui no los ubicaba. “Y dije: ah, wow.”

Sobre cómo le ha caído la fama, Aldaco fue cauto. “La verdad que no me considero alguien famoso. Sí he sentido un cambio. Antes los puros conocidos eran los que me saludaban. Ahora voy en la calle y me dicen Mario, Mario, y me da mucho gusto. Algunas personas me piden foto y yo, con todo el gusto del mundo.” A los pretextos para alejarse de los amigos por la chamba, su lectura es clara: “No es porque no quiera ir.”

A los comentarios de admiradores que llegan por Facebook durante el segmento del programa, los responde uno por uno mientras Tello se los lee. Cuando un seguidor escribe “Mario Aldaco Jr. para presidente”, Aldaco le devuelve la pelota con dos frases: “No, yo soy médico, voy por otro lado. No está en mis planes.”

El plan, lo describió en la última parte de la conversación, está más en el oficio que en el cargo. Quiere terminar la formación médica y abrir un centro de rehabilitación o una clínica. Sueña con una fundación que apoye a personas y a animales. Un albergue para perros está en pausa por la carga actual.

El siguiente trabajo público lo adelantó en el programa, sin terminar de nombrar la colonia: una zona vecina al estadio de Tepic, en condiciones de marginación, donde recolecta lonas, láminas y cobijas porque las viviendas son de madera con bolsas de plástico, sin luz ni agua. Mostró un avance de pocos segundos del video que prepara. Le pidió al periodista que se sumara con apoyo en especie. Antonio Tello aceptó.

“Pues hay mucho trabajo que hacer”, dijo Aldaco hacia el cierre. La fórmula con la que mide su propio papel la dejó intercalada en una respuesta a la observación del entrevistador sobre el cuestionamiento que recibe quien graba mientras ayuda. “Esta vez les digo que hay que visibilizar los casos. Grabar sí ayuda. Y ahí está demostrado.”

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