México, que llegaba en condición de local, cargaba también con el peso de la polémica. Durante la madrugada previa al encuentro, decenas de aficionados mexicanos se congregaron frente al hotel Westin Santa Fe —donde se concentraba la selección ecuatoriana— con tambores, trompetas, cláxones e incluso pirotecnia, con la intención de impedir el descanso de los jugadores rivales. La Federación Ecuatoriana de Fútbol calificó lo ocurrido como “antideportivo” y presentó un reclamo formal ante la FIFA, advirtiendo que Ecuador “siempre responderá en la cancha estas acciones”. Y vaya que el escenario estaba cargado cuando ambas selecciones pisaron un Estadio Azteca pintado de verde.
El comienzo del partido se retrasó una hora debido a una tormenta eléctrica que, por protocolo FIFA, impidió el inicio reglamentario del encuentro. La lluvia, los rayos y los truenos sobre el Coloso de Santa Úrsula apenas lograron enfriar la euforia de un estadio que esperó con paciencia.
La primera mitad fue mágica para México. Gilberto Mora se adueñó del balón desde el primer minuto y se consolidó como el futbolista que marcaba el ritmo del encuentro, el principal responsable de que la selección mexicana impusiera condiciones desde el inicio. Lejos de esconderse por la magnitud del compromiso, el canterano de Tijuana pidió constantemente el balón y apareció por todo el frente de ataque: se movió por el centro, cayó a las bandas, retrocedió para iniciar las jugadas y apareció entre líneas, obligando a Ecuador a modificar continuamente sus referencias defensivas.
Y no era para menos. Con 17 años y 259 días, Gilberto Mora se convirtió en el segundo jugador más joven de la historia en ser titular en un partido de fase final de una Copa del Mundo, únicamente por detrás de Pelé, quien lo logró con 17 años y 239 días en Suecia 1958. En el escenario más grande del mundo, “Morita” jugó como si llevara años en él.
Al minuto 22, Julián Quiñones abrió el marcador con un potente remate que no dejó opciones al portero ecuatoriano Hernán Galíndez, enviando el esférico al ángulo superior derecho. El Azteca rugió. Nueve minutos después, tras un mal despeje de Joel Ordóñez, Raúl Jiménez apareció para firmar el segundo con un contundente remate de derecha que sentenció el partido antes del descanso.
Las estadísticas revelaron el dominio mexicano: diez intentos a portería en la primera mitad, frente a solo tres de Ecuador. El técnico ecuatoriano Sebastián Beccacece lo reconoció sin rodeos al término del encuentro: “Fuimos muy superados en el primer tiempo. Después reaccionamos, pero no encontramos el gol que nos hubiese dado ánimo.”
Con esta victoria, México avanza en una fase de eliminatorias de Copa del Mundo por primera vez desde 1986, el año en que el país organizó su segundo Mundial y Diego Armando Maradona hizo historia. Cuarenta años después, el Tri vuelve a bailar en su propia fiesta. Y esta vez, la fiesta apenas comienza.
El siguiente rival de México será el ganador del duelo entre Inglaterra y la República Democrática del Congo, encuentro que se disputará el 6 de julio, nuevamente en el Estadio Azteca.







