Aunque a mis hijos les apenen los orgullos de su padre, me encanta contarles que desde niño fui visitante asiduo del Pequeño Larousse Ilustrado, en cuyas páginas descubrí palabras, personajes y mundos. El martes por la mañana asomó a mis ojos la página de Larousse Latam en redes sociales. Su llamado: «Pero, ¿y por qué no? No hace falta nombrar al milagro para creer en él…». Y una imagen con el texto: «¿Y si sí? Pregunta de tres palabras, sinónimo de esperanza». Me alegra ver la brevedad poética con que una editorial de diccionarios entra al mundo digital, tan ayuno de chispa, inteligencia e ideas. ¡Bravo por mi viejo diccionario de cabecera! Lo publicaron el día en que la esperanza mexicana se coronó, bajo la lluvia del Azteca, con el triunfo sobre Ecuador.







