Tuve la oportunidad de participar en la primera convocatoria de Rediseño de los Libros de Texto Gratuito de Primaria de 2021, pero las cosas no salieron como la Dirección General de Materiales Educativos (DGME) lo esperó. Por falta de claridad legal hacia los participantes y algunas críticas sensibles, tuvieron que echar atrás lo propuesto por muchos maestros. Al siguiente año volvieron a comenzar de cero y fue ese trabajo el que hasta ahorita se mantiene en los Libros de Texto Gratuitos (LTG).
En la convocatoria de 2021 me asignaron desarrollar un contenido sobre microscopios. La asignación, por lo que pude observar entre colegas y comparándolo en la siguiente convocatoria, parece que fue al azar. A pesar de no ser profesional de la salud ni tecnólogo experto en óptica, éste fue el contenido que tuve que diseñar. Se me pedía agregar notas sobre los tipos que existen y algunas características, pero tuve que darme un tiempo para pensar cómo abordar la parte sustantiva y medular.
Particularmente a mí me interesa la identificación de pseudoproblemas, el desarrollo histórico de las disciplinas científicas y la divulgación de la ciencia. Quería dejar esa marca. Un contenido que ayude a pensar críticamente. A entender que la ciencia moderna alguna vez estuvo atascada en el fango de la pseudociencia, secuestrada por vendedores de humo y charlatanes. No sólo memorizar tipos, partes y características de un aparato. Una parte preciosa de la ciencia es la etapa en la que se enfrenta a valores sociales establecidos.
Entonces me pregunté «¿Cuáles son los antecedentes sociales del microscopio?» «¿Qué mitos refutó?» «¿En qué ayudó a la medicina u otras disciplinas?» Encontré que antes de la existencia de este aparatito, la gente daba por entendido, entre ellos médicos y químicos, que la vida surgía así de la nada, como una espontaneidad. Por ejemplo, a simple vista, una herida que había sido bien cuidada, de un día a otro presentaba formaciones de vida que daba lugar a malos olores, pus y enfermedades. ¿Cómo pudo haber surgido vida en una herida que había sido limpiada?
Cuando los cambios entre un estado de la materia y otro no los podemos captar eficazmente, nuestra necesidad por satisfacer dudas nos lleva a postular hipótesis como la de la generación espontánea. Esta clase de hipótesis perduran hasta que llega evidencia contundente. No es que los fenómenos sean mágicos y fantasmales. Nuestros sentidos tienen una percepción limitada. Para captar más allá de lo que nuestros sentidos nos facultan de forma natural tenemos que recurrir a tecnologías que los extiendan y amplíen.
Las mejoras en el campo de la óptica hicieron posible que nuestros ojos miraran la vida de las bacterias y otros microorganismos. Gracias a una clase de lentes pudimos ver formas de vida inimaginables. Pudimos darnos cuenta que aquellas heridas, en las que habíamos pensado que ocurría generación espontánea de vida, realmente nunca fueron limpiadas correctamente, sólo fue un caldo de cultivo para la propagación de bacterias y otros microorganismos. Gracias a los lentes de los microscopios pudimos terminar por refutar la teoría de la generación espontánea, pero también pudimos poner esfuerzos en desarrollar mejores métodos de curación de heridas y antisépticos.
Unas lentillas hicieron que el hombre fuera capaz de ver más allá de lo que la naturaleza le había permitido desde su propio cuerpo. Luego, le permitió luchar contra creaciones imaginarias que habían solucionado sus dudas a medias en este mundo. Se logró encontrar explicaciones más científicas sobre fenómenos que a simple vista no podemos ver. Finalmente, se desarrollaron recursos, materiales y técnicas de limpieza que permitieron al hombre vivir con mayor salud y poner en menos riesgo su vida frente al enorme mundo de materia diminuta.
Todo en la naturaleza es materia. Pero las dimensiones de esta materia algunas veces engañan a nuestros sentidos. A veces por ser inmensas. Otras por diminutas. La materia nunca desaparece o aparece por acto de magia. La materia es fiel a las leyes de la naturaleza.
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