Recuerdo muy bien un póster que estaba en el baño del segundo piso de la casa familiar de San Luis 33, adjunto al cuarto de mi hermano mayor con una imagen que no recuerdo bien y con una cita del Salmo 144, en italiano:
“L’uomo è come un soffio,
i suoi giorni come ombra che passa”
[El ser humano es como un soplo,
sus días como una sombra que pasa]
Y esta ―que contiene un mensaje sapiencial a tener presente en la vida― vale también para rememorar y conmemorar a quienes han muerto o ―dicho desde la convicción de la fe cristiana― a quienes ya degustan el banquete perdurable de manjares suculentos y vinos generosos del que habla el profeta Isaías.
Pues bien, esto “viene a cuento” en estas “palabras” teniendo como fuente el soplo y la sombra de mi hermano Manuel que, por estas fechas, año tras año ―desde aquel 2018― se hace presente en el recuerdo, en el agradecimiento y en la celebración.
Cada año que pasa, el soplo y la sombra se van haciendo más leves y sutiles, pero no dejan de traer siempre consigo cosas nuevas que bien puede ser consideradas como señales de esa vida nueva y plena de la que ha empezado a gozar más allá de este tiempo y de estos espacios en que nosotros seguimos peregrinando…
En los archivos de El Meridiano de Nayarit he rastreado tres artículos dedicados a su legado: dos que escribí en 2022; el primero, publicado el 25 de mayo “Manuel Olimón Nolasco: su tesoro y su legado”, escrito con ocasión de la creación de un espacio para la “Biblioteca Digital ‘Manuel Olimón” en la página electrónica de la Diócesis de Tepic; el segundo ―publicado el 03 de agosto y escrito con motivo del cuarto aniversario de su Pascua, que lleva por título “Voces y silencios de la historia de Nayarit” y cuya denominación y contenido provienen de su Discurso de ingreso a la Academia Mexicana de la Historia y, el tercero ―”In memoriam… siete años después”― publicado el 05 de agosto de 2025, con motivo del séptimo aniversario de su fallecimiento y del traslado de sus cenizas del Templo de Nuestra Señora del Carmen a la Santa Iglesia Catedral de Tepic, en el que comparto algunos recuerdos de encuentros familiares y fraternos, expongo ―en unas pocas palabras― lo que, desde mi punto de vista, constituyó su identidad, el culmen de su vida [de su misión diría hoy] y su mayor dolor y concluyo con tres citas testimoniales, entre ellas una de su gran amigo Mario Espinosa y otra del Dr. Jean Meyer.
En este espacio de transición entre lo ya dicho y escrito y lo que diré escribiendo, una referencia más al “ser humano que es como un soplo, cuyos días son como una sombra que pasa”. Me ha llamado la atención el número de visitas a los enlaces aquí compartidos: 1,859, al primero, 1,039, al segundo y 216 al tercero…
En la segunda parte de estas “palabras”, abordaré tres puntos concretos: la “entrada” “Manuel Olimón Nolasco” en Wikipedia, la enciclopedia libre; la publicación de la segunda edición de su “Historia de la Iglesia en México. Desde la primera evangelización hasta nuestros días” y una exhortación a leer el capítulo dedicado al tema de las Reformas Constitucionales en materia religiosa en su “Historia de la Iglesia en México”…
Hace apenas unas semanas, la Dra. Mónica Uribe me preguntó si había visto ya la “entrada” de Wikipedia dedicada a Manuel y le dije que no… Pero, eso sí, de manera inmediata, me di a la tarea de accesar a ella.
Y, tal como me lo había comentado Mónica, me encontré con un contenido suficientemente amplio, con información precisa, con un enfoque muy positivo y un propósito evidente de destacar su relación con el cardenal Carlos Aguiar…
De esta “entrada” citaré aquí, el párrafo de apertura:
“Manuel Olimón Nolasco (Ciudad de México, 18 de noviembre de 1947 – Edimburgo, Escocia, 2 de agosto de 2018) fue un sacerdote considerado el historiador católico más importante de México en su tiempo. Dejó una obra de más de 16 libros y cientos de artículos que siguen siendo referencia obligada para comprender las relaciones entre la Iglesia y el Estado en el país”.
Y el segundo párrafo de la sección dedicada a su fallecimiento:
“Con su muerte, la Iglesia católica mexicana perdió a quien era ampliamente reconocido como su historiador más riguroso y relevante: un sacerdote diocesano que durante décadas concilió el ministerio pastoral con una carrera intelectual de primer nivel, forjada en instituciones de México, Estados Unidos, Italia y reconocida en las más altas esferas académicas y eclesiásticas del mundo”.
En cuanto a las omisiones, sin duda hace falta una referencia al rol desempeñado por Manuel en el proceso que desembocó en la Reforma Constitucional en materia religiosa durante el sexenio de Carlos Salinas de Gortari y bajo la Presidencia de la CEM de Don Adolfo Suárez Rivera; algo acerca de sus grandes amigos sacerdotes: Mario Espinosa, Gonzalo Gutiérrez, Rafael Navarrete y Luis Ramírez y una actualización del lugar en que se encuentran ahora sus cenizas…
En relación con su “Opus Magnum et Postumum”, solo decir que, después de un buen tiempo en que parecía estar agotada la primera edición, ya está disponible la segunda edición en la página electrónica de Ediciones San Pablo: https://sanpablo.com.mx/producto/historia-de-la-iglesia-en-mexico-san-pablo/ y en las Librerías San Pablo y que, en un primer acercamiento encontré solamente unos pequeños cambios: una etiqueta que muestra que se trata de la 2ª edición en la portada; la referencia a la Dra. Mónica Uribe como prologuista; el cambio de denominación de los nombres que aparecen al final, antes del Índice: en la 1ª edición se titulaba “Índice onomástico” y ahora “Apéndice. Personajes notables en la Historia de la Iglesia en México”; un tamaño un poco menor, letra más pequeña y mejor calidad del papel…
En cuanto al capítulo que dedicó al tema de la Reforma Constitucional en materia religiosa en su “Historia de la Iglesia en México” [pp. 911-926, en la 1ª edición; pp. 791-804, en la 2ª edición] en el que ofrece una visión-interpretación “desde dentro” del proceso iniciado en el anuncio de la modernización de las relaciones con la Iglesia [“sic”] en el discurso de toma de posesión de Carlos Salinas de Gortari y concluido con la instalación de la Embajada de México ante la Santa Sede y el nombramiento de Girolamo Prigione como Nuncio Apostólico en nuestro país, etapa que estoy convencido que constituyó el culmen de su misión en el seno de la Iglesia que peregrina en México y que muestra la habilidad y fecundidad que alcanzó su anhelo juvenil [¡su vocación primera!] de llegar a ser diplomático de carrera privilegiando siempre el consenso sobre el disenso, la concordia sobre la discordia y me limito a invitar a leerlo y hacerlo como lo sugieren dos personajes aparentemente tan lejanos entre sí: San Ignacio de Loyola y Frederick Nietzsche: degustándolo…, rumiándolo…
Ya se verá y se dirá ―quizás― si estas “palabras” serán también ―como lo humano― nada más que un soplo, que una sombra que pasa…







