Bajo el sol de Tepic, la primera misa en honor a los abuelos que celebró Jardines de San Juan se convirtió en un refugio para la gratitud y la esperanza, transformando el espacio en un punto de reunión para los afectos.
Melodías de mariachi rompieron el silencio habitual de los senderos de Jardines de San Juan, recordándoles a los asistentes que la muerte es sólo una extensión de la vida celebrada. Los acordes acompañaron las oraciones de quienes acudieron para conmemorar el aniversario luctuoso de sus seres queridos con una alegría nostálgica que inundó el ambiente.
Repartir bocadillos y pequeños presentes permitió que la jornada fuera un encuentro de convivencia más que de duelo. Los rostros de los participantes reflejaban la serenidad de saber que el legado de sus antecesores permanece intacto en cada anécdota compartida durante la tarde, fortaleciendo el tejido social a través del respeto a los mayores.

“Gracias de todo corazón a quienes nos acompañaron en este día tan especial”, expresaron los asistentes al cierre de la liturgia. El evento permitió que los recuerdos unieran a extraños y amigos por igual en un abrazo colectivo de identidad y respeto por quienes entregaron su vida al cuidado de las nuevas generaciones.
Esta ceremonia marca el inicio de una tradición que busca dignificar la memoria de los pilares del hogar en la capital estatal. Las familias se retiraron con la promesa de volver, llevando consigo la calidez de una jornada dedicada a honrar las raíces que los sostienen y el compromiso de mantener viva la llama de su historia familiar.







