7.7 C
Tepic
viernes, agosto 7, 2026
InicioOpiniónEl ’68 y evolución de la democracia

El ’68 y evolución de la democracia

Fecha:

spot_imgspot_img

Sostenía don Jesús Reyes Heroles, que “Quienes no conservan algo del pasado, difícilmente construyen algo para el futuro”. Cierto: y al tratar del pasado, habrá que referirse sobre todo a la experiencia. De ahí el valor de la historia. Valor de la historia, no su precio. Desde esa perspectiva, conviene contextualizar la saga del ’68, en el ánimo de entenderla y de reconocer una parte de ese código genético presente en la realidad actual.

El movimiento estudiantil popular del ’68 es sin duda punto de inflexión en la historia del país, por registrarse en el apogeo traqueteante del “Milagro Mexicano”. El verdadero cambio de época se registra en 1977, con la reforma reyesheroliana de fuerte aroma hispánico. Cambio que es resultado de todo un periodo de luchas sociales que fueron implacable y sistemáticamente contenidas. El movimiento del ‘68, sin duda tuvo un efecto favorable para la democratización del país. Fue detonante de otros movimientos sociales que desembocarían con posterioridad, en la llamada apertura democrática.

Un poco de historia nos puede dar una idea de ese contexto. Durante los años cincuenta se registraron otros movimientos, quizá más amplios y con mayores costos humanos. El movimiento de Rubén Jaramillo fue reprimido y en 1962 es asesinado al lado de su esposa y sus hijos. En esos mismos años, los cincuenta, se registraron movimientos estudiantiles y de los trabajadores mineros. Otro movimiento destacado es el de los maestros qué aglutinados en el Movimiento Revolucionario del Magisterio liderado por Othón Salazar, apenas logró visibilizar un problema que continuó vivo a pesar de la represión. Quizá el movimiento más destacado es el de los ferrocarrileros, que finalmente fue reprimido de manera cruenta. Son los años felices del desarrollo estabilizador.

Los años sesenta suman a los actos represivos. Inicia la década con el movimiento de los médicos que se suma al de los maestros. Surgen guerrillas rurales y los nombres de Lucio Cabañas y el de Genaro Vázquez. El primero, Lucio, es asesinado en 1974, dos años después de la muerte de Genaro (1972). En 1973 surge la  Liga Comunista 23 de Septiembre. Son años en los que los presos políticos se convierten en un problema de grandes dimensiones para el gobierno. Los movimientos sociales concluyen con la represión del movimiento estudiantil de 1968. Con las armas apenas se logra someter al movimiento, sin que se logren avances democráticos en lo inmediato.

Ahora bien, si la década de los sesenta se convierte en un semillero de presos políticos, ocurre lo peor para el régimen autoritario al arrancar la década de los setenta, que inicia con la administración gubernamental de Luis Echeverría Álvarez.

Había sido Secretario de Gobernación durante el gobierno de Díaz Ordaz y ahora Luis Echeverría asumía el cargo de Presidente de la República a partir del primero de diciembre de 1970. Al año siguiente, a seis meses de haber asumido el cargo, se lanza una dura embestida contra los estudiantes el 10 de junio. Era el inicio de una serie de movimientos que caracterizaron el arranque de la década y el inicio del final del “Milagro Mexicano”. En esos años, los movimientos de trabajadores universitarios, de los trabajadores nucleares, la guerrilla urbana y rural, los movimientos campesinos, todos fueron duramente combatidos a sangre y fuego.

El desarrollo estabilizador posee esa arista en su historia, la de la represión. Fueron años de estabilidad forzada, en los que se controlaron los movimientos sociales no por cooptación, sino por simple y dura represión. Son los años en los que no se permiten movimientos opositores al gobierno con tintes de izquierda. Otros, liderados por personajes representativos del Partido Acción Nacional, comparten el mismo sino, pues también sufren las consecuencias de un modelo electoral que impide el acceso a los cargos públicos por la vía democrática.

El modelo de desarrollo resulta insostenible, tanto en su vertiente económica como en la política. De ahí la necesidad de iniciar un proceso de cambios en los dos planos. Naturalmente, el inicio de la crisis apura los cambios en la esfera económica. La inestabilidad política ya no puede continuar siendo administrada por medio de un modelo represivo ya salido de control.

En diciembre de 1977 se publica en el Diario Oficial de la Federación (DOF) el contenido de las reformas constitucionales que configuran la reforma reyesheroliana de ese año. Es la reforma de la apertura democrática. De esa manera el PAN, única expresión realmente opositora hasta ese momento, logra reforzar su presencia. Esa reforma también abre las puertas a fuerzas que hasta el momento definitivamente no pudieron ser controladas, sino abatidas por medio de la represión o la cárcel.

El 30 de diciembre de ese mismo año, es publicada en el DOF, la Ley Federal de Organizaciones Políticas y Procesos Electorales (LFOPPE). De esa manera da inicio un proceso de evolución democrática. Inicia con la apertura democrática, mediante el reconocimiento de expresiones políticas que carecían de rutas a seguir para acceder a la representación popular, por la vía pacífica.

La primera prueba para la reforma reyesheroliana, son las elecciones federales intermedias de 1979. En ellas participan tres partidos de nueva creación: el Partido Comunista de México, el Partido Demócrata Mexicano y el Partido Socialista de los Trabajadores. Estos tres últimos partidos logran presencia en la Cámara de Diputados por la vía de la representación proporcional. Solamente el PAN logra acceder a las diputaciones por mayoría relativa (4, de 300) e incrementa su presencia por la vía de la representación proporcional (39 escaños).

La reforma reyesheroliana, quizá inspirada en la transición española iniciada tras la muerte de Franco (20 de noviembre de 1975) no es graciosa concesión de un régimen políticamente cerrado. El establishment pudo continuar haciendo uso de la represión, con los peligros que eso hubiera conllevado. La presencia de Reyes Heroles, de cualquier manera, es fundamental para entender ese momento: su inteligencia y su talante político son piedra angular de la reforma.

Esta es quizá la mejor prueba de los avances dramáticos impulsados por los movimientos sociales realizados durante décadas. El desarrollo estabilizador (el “Milagro mexicano”) fue también un desarrollo bloqueado políticamente, un crecimiento estabilizador cerrado. No se trata pues, de una etapa de desarrollo, sino de crecimiento: esa aportación debe ser reconocida, tanto como sus costos sociales. Crecimiento para nada milagroso, sino sustentado en la represión de todos los movimientos sociales: el autoritarismo político  es el factor subyacente. La violencia de Estado no tiene nada de milagrosa.

Esa reforma, la de 1977, es sin duda una consecuencia del reconocimiento de la necesidad de distender el sistema político que se había cerrado a la presencia de fuerzas minoritarias pero reclamantes de representación política. Aunado a este reclamo de amplios sectores de la sociedad mexicana el país empieza a sufrir las consecuencias de un proceso de transformaciones en el entorno internacional.

Existen varios indicadores que conviene revisar para darnos una idea de esos cambios. En 1976, Echeverría deja la paridad peso-dólar en 22 pesos, misma que había recibido de Díaz Ordaz en 12.50 pesos. Al iniciar el sexenio de López Portillo, 1977, año de la reforma política, la paridad ya es de 22.74 pesos por dólar; esa paridad es entregada a su sucesor en 1982, Miguel de la Madrid, en 149.25 pesos. Resulta significativo que la paridad haya sido contenida de forma absurda, pues un año antes, en 1981, la paridad era de 26.16 pesos por dólar.

El mundo mismo se había derrumbado. El milagro mexicano consistió en mantener el statu quo de manera artificial unos pocos años más. En 1971, el gobierno norteamericano declara la inconvertibilidad del dólar en oro. Los acuerdos de Bretton Woods ya venían desfalleciendo, pero al iniciar la séptima década del siglo XX definitivamente sucumbe. Eso constituyó una derrota política para los Estados Unidos, por lo que debió imponer su decisión contra la opinión de, prácticamente, el resto del mundo.

El modelo de crecimiento era ya insostenible, tanto en su flanco económico, como en el político. Durante el periodo de gobierno de Echeverría se sostuvo, hasta donde fue posible, el “milagro Mexicano”, por lo que el país no se preparó para lo que ya estaba encima y que se dejaba entrever en lo que estaba ocurriendo con la paridad peso-dólar. En ese mismo orden de ideas, tengamos en consideración que los movimientos políticos y sociales de la quinta y sexta décadas del siglo XX, se caracterizan en el mundo por un constante reacomodo de la geografía política y por la represión de movimientos sociales, tanto en el mundo libre como en Europa del este. Las turbulencias políticas en el mundo, acentuadas en los años cincuenta, sesenta y exacerbadas en la séptima década del siglo XX, afectan claramente la evolución política y económica de México en esos mismos años.

En ese contexto nacional e internacional, el movimiento del ’68 resulta altamente emblemático del dinamismo que desata en los ulteriores años, sin llegar al culto religioso del mismo. Es interesante percibir que en todos esos años, la participación de la mujer en los movimientos sociales, es contenida por todos los medios, pero sobre todo, por medios culturales y estructurales.

El ’68 no es el milagro mexicano de la democratización, pero sí el movimiento que resulta más emblemático de la resistencia popular ante el modelo político represivo en el que se sustentó el “desarrollo estabilizador”. El ’68, por otra parte, queda intestado y se convierte en un bien histórico del que nadie puede apropiarse. Esto, para finalizar, conviene revisarlo más adelante debido a que el movimiento suele ser utilizado como escudo de quienes se afanan por capitalizarlo a su favor como legado libertario y peor, con fines de lucro.

spot_img

Más artículos

spot_img
spot_img
spot_img
Artículo anterior
Artículo siguiente