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lunes, agosto 17, 2026
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Sobre la donación de sangre

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Son de esas cosas que al menos una vez en la vida hay que hacer. Me ha tocado en varias ocasiones hacerlo, siempre con gusto, siempre por una necesidad, me refiero a la donación de sangre.

Como muchos dejé de hacerlo de manera frecuente con la llegada del Covid; el riesgo o miedo que representaban las instalaciones hospitalarias nos detuvieron a más de uno a seguir con esa práctica. Quizá una donación hace años me puso en la mira para ser padrino de bautizo de mi hoy ahijada María Fernanda en Oaxaca. Con ese razonamiento, en estos días surgió de nuevo la necesidad de donar para el papá de un amigo, lo que hizo que me presentara en el Centro Estatal de Transfusión Sanguínea (CETS) de Nayarit, ubicado en Gustavo Baz #33 (entre el Hospital General y el auditorio que ahí mismo se encuentra).

El horario de atención es de lunes a viernes de 7:00 a 10:30 de la mañana y de 13:00 a 14:30 horas por la tarde, sábado de 7:00 a 13:00 horas. Pero la gente llega desde antes de las 4 de la mañana, así me lo dijo alguien que vino ese día desde Las Varas, en Compostela, y eso porque tres días antes de su llegada le dijeron que ya no había turnos; se entregan pocos, menos de 50 por lo que noté. Arribé antes de las 7, al registrarme fui el número 37, pero me dijo mi amigo vareño que ya otras personas habían sido descartadas en la charla previa, en lo que digamos es el primer filtro, a razón, ser mayor de edad, pesar más de 50 kilos, no haber tomado medicamentos en los últimos 7 días, no haber fumado 12 horas antes ni ingerido bebidas alcohólicas 72 horas previas, haber dormido medianamente bien.

El siguiente filtro es mostrar o llevar impreso el CURP del paciente a quien donaremos, además del estudio de laboratorio donde se señale el grupo sanguíneo y nombre del paciente, el lugar donde está o estará hospitalizado y el servicio en el que se encuentra o se encontrará; por parte de quien dona, no hay que olvidar llevar el INE.

Luego pasan a uno a la entrevista, allí le toman datos con calma en una computadora, y nos asignan un número de predonante; me tocó el 10288259. De nuevo uno regresa a la sala de espera y en ese movimiento cambia de lugar, por lo que también se modifican los compañeros de al lado, lo que da oportunidad de conocer nuevas personas.

El siguiente llamado es para la muestra; en mi caso la sacaron del brazo derecho y el izquierdo fue el seleccionado para la donación, incluso, para evitar confusión, nos colocaron una etiqueta con código de barras en dicho brazo. De nuevo salir y esperar. Muchos ya habían terminado de donar, pese a llegar temprano, pues el servicio como tal empieza a las 7:00 y para cuando me tocó mi toma ya eran cerca de las 9:30.

Luego vino la medición de peso y presión, y de nuevo salir a esperar. En ese momento atestigüé algo que llamó mi atención: pese a que vi cómo a algunos se les decía que ya no había espacio y que regresaran al otro día, llegaron cinco personas provenientes de Jala que tenían, al parecer, a una paciente en Ixtlán del Río cuya donación era urgente.

El responsable dio cabida y los cinco fueron registrados y atendidos. Unas cajas de buen tamaño ocupaban una parte de la sala de espera; eran de algunos aparatos que imagino usarían en el área. Cuál fue mi sorpresa que, dos días después de mi visita, el gobernador Miguel Ángel Navarro entregó la primera etapa de rehabilitación del CETS y anunció una segunda para ampliar y modernizar sus instalaciones, con una inversión de 4 millones 300 mil pesos.

Estábamos en esas cuando vi mi nombre en la pantalla de los llamados: era mi turno para ir al consultorio 3. Pensé que ya era para la donación, pero no. Me recibió un médico experimentado, quien me preguntó si yo fumaba; le dije que fumé mucho tiempo, pero que igual hacía más de una docena de años lo había dejado. Me dijo que mi nivel de hemoglobina rebasó el límite permitido: el máximo era 18 y mi resultado fue 18.3, por lo que no era apto para donar en ese momento. Me hizo firmar un documento donde se dejaba constancia.

Salí un poco destanteado, con apetito pues ya eran las 10:30, y apenado con mi amigo pues no cumplí el objetivo; le mandé un mensaje y lo entendió. En resumen, donar sangre debemos hacerlo todos en la medida de nuestras posibilidades, nada más sí hay que ir con tiempo, paciencia, una botella de agua y llegar a buena hora. @rvargaspasaye www.consentidocomun.mx

Rafael G. Vargas Pasaye
Rafael G. Vargas Pasaye
Académico mexicano, consultor político, escritor y periodista. Maestro en Comunicación Política y Corporativa de l a Universidad Navarra de España. Ha sido catedrático en la Universidad Nacional Autónoma de México y en el Instituto Tecnológico Autónomo de México. Múltiple ganador del Premio Estatal de Periodismo en Nayarit. Actualmente dirige el portal de Sentido Común.
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