Breverías | El oficio de escuchar

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Resulta paradójico que el oído sea el primer sentido que pierden los políticos. Siendo el más importante en el ejercicio público, apenas llegan al poder se apodera de ellos una sordera selectiva: sólo escuchan sus monólogos y los halagos de su corte. Hablan sin cesar. Se vuelven generadores de frases célebres que quisieran inscribir en mármol. Escuchar mucho y hablar poco es una recomendación que no están dispuestos a seguir. El periodismo debería ser un auxiliar auditivo para las mujeres y hombres del poder dispuestos a escuchar. Lamentable que en lugar de recoger las voces de gobernados y mostrar las sombras de la realidad colorida que suele observase desde el altar de los puestos públicos, privilegie la comunicación unidireccional gobernante-gobernados. Corremos el riesgo de un diálogo estéril de sordos sin voluntad de cura.

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