Por José Luis Olimón Nolasco

En medio de tantas y tantas “palabras” —ubicables, sin dificultad, [como suele suceder en torno a casi todo en esta hora de nuestro país] en dos posturas fundamentales antagónicas que evocan las famosas contradicciones fundamentales del marxismo— no es fácil encontrar algunas que digan algo distinto y que posibilite la reflexión.

Sin embargo, —de nuevo irrumpe esta expresión tan clave en la historia del pensamiento— creo que es posible hacerlo… y lo haré…

Comienzo con los datos duros y, en cierto modo, definitivos, publicados por el Instituto Nacional Electoral.

Los votos asentados en las actas correspondientes alcanzaron la cifra de 16,502,636, que representa el 17.7785% de los ciudadanos y ciudadanas registrados en el Padrón Electoral. De ese total de votos: 1,063,209 [6.4426% del total] se emitieron en el sentido de solicitar la revocación del mandato por pérdida de confianza; 15,159,323 [91.8600% del total] expresaron su acuerdo con que Andrés Manuel López Obrador siga en la Presidencia de la República hasta que termine su periodo; 280,104 [1.69735 del total] fueron anulados. De los más de 17,000 ciudadanos mexicanos que viven en el extranjero y solicitaron participar en la revocación de mandato, se recibieron 6,324 votos pidiendo “que siga hasta el fin de su mandato”, 1,915 pidiendo “que se le revoque el mandato” y se anularon 48 votos.

En Nayarit, el total de votos asentados en las actas correspondientes alcanzaron la cifra de 179,554 [20.2392% del total de ciudadanos y ciudadanos registrados en el Padrón Electoral]. 7,572 [4.2171% del total] votaron por la revocación; 169,317% [94.2986% del total] por la continuación y se anularon 2,665 [1.4842% del total]. El Distrito 1. Santiago Ixcuintla fue el que registró el porcentaje más alto de participación 25.3798%, seguido por el Distrito 2. Tepic, con un 18.1201% y, muy cerca, por el Distrito 3, con un 18.1078%. En números absolutos, los votos se repartieron con relativa equidad: 65,859 en el Distrito 2; 57,088 en el Distrito 2 y; 56,607 en el Distrito 3. En el Distrito 1, el porcentaje de votos por la continuidad fue el más alto con un 95.4628%, seguido por el Distrito 3 con un 94.6119% y por el Distrito 2, con un 92.4642%. En cuanto al voto por la revocación, el Distrito 2 alcanzó el porcentaje menos bajo, con un 6.5127%, seguido por el Distrito 3, con un 3.9429% y el Distrito 1, con un 2.4628%.

A nivel nacional, dando un paso más allá de los simples datos, se puede contemplar un fenómeno interesante, que muestra que el más alto porcentaje de participación [más del 20%] se dio fundamentalmente en el sur del país [Tabasco 36%, Chiapas 32%, Campeche 28%]; el más bajo [menos del 10%] en los Estados de Jalisco [9.04%] y Guanajuato [9.48%], mientras que los estados en que el voto por la revocación alcanzó los porcentajes menos bajos (no creo que sea posible denominarlos más altos) [más del 10%] fueron Nuevo León, Jalisco y la Ciudad de México.

Como era de esperarse, en un país bipolarizado, es decir, en el que una realidad compleja [multipolar] se ha venido simplificando en dos polos, las interpretaciones fundamentales parecen reducirse —salvo en honrosas excepciones—, a dos:

La que celebra como algo histórico la inauguración formal de este mecanismo de democracia directa recientemente incorporado a la Constitución que pone en manos del pueblo la posibilidad de revocar el mandato del Presidente de la República por pérdida de la confianza en él por robarle, mentirle o traicionarle; que celebra que, a pesar de los intentos de los conservadores y sus intelectuales orgánicos y a pesar de los obstáculos que puso en el camino el Instituto Nacional Electoral —en especial el Consejero Presidente—, fue un triunfo del pueblo, que mostró, de manera contundente, que “sigue estando con Obrador”.

La que considera que considera que, a pesar de haberse convertido en una elección de Estado en la que se violó, de manera descarada las leyes que habrían de regir este tipo de ejercicios, en la que se involucraron indebidamente funcionarios públicos de alto nivel, en el que se utilizaron recursos públicos y de oscura procedencia, así como prácticas tradicionales de intimidación, entrega de apoyos, acarreo, el ejercicio fue un fracaso ya que no alcanzó el porcentaje requerido para ser vinculatorio.

Más allá —o más acá— de esas interpretaciones, considero que el ejercicio del pasado domingo mostró que un amplio sector de la ciudadanía de este país sigue confiando en el Presidente y que el Movimiento de Regeneración Nacional ha alcanzado un nivel significativo de movilización en el que lo único importante parece ser el fin, no los medios para alcanzarlo.

En el título de estas “palabras” he introducido dos “sui generis”, es decir, que no coincide con lo que designa y, en el subtítulo, entrecomillado “revocación”, porque, con una creatividad digna de mención, un instrumento al servicio “del derecho político de las ciudadanas y los ciudadanos a solicitar, participar, ser consultados y votar respecto a la revocación del mandato de la persona que resultó electa popularmente como titular de la Presidencia de la República”, se amplió hacia el que se podría denominar “derecho a ratificar el mandato del titular de la Presidencia de la República” y, posteriormente, se transformó en un instrumento cuya finalidad principal consistiría ya no en la revocación, sino en la ratificación del mandato.

De ahí que, desde un punto de vista crítico, hemos sido testigos de lo que en los cuentos de Supermán se llamaba el “mundo bizarro”, a saber, un mundo al revés. En este caso, con un ejercicio encabezado por quien habría estado sujeto a la revocación de su mandato por pérdida de confianza y apoyado y promovido por los miembros de su gabinete, por los gobernadores de su partido, por los miembros de su partido y por los simpatizantes de su proyecto. Con un ejercicio que sería rechazado por la gran mayoría de sus opositores, quienes tendrían que haber sido sus principales promotore.

Para concluir, una palabra crítica sobre el acento puesto en la confianza —etimológicamente algo que tiene que ver con una fe común en alguien— como criterio para la revocación de mandato. Creo que sería más pertinente un criterio que tuviera que ver con algo objetivo y medible, como el desempeño en materia social, laboral, de salud, de educación, de seguridad…

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