Por José Luis Olimón Nolasco

En el “ancho mundo del deporte”, la semana pasada estuvo fuertemente condicionada por el impacto de la “fecha FIFA” que tiene como consecuencia un receso en las principales ligas de futbol en el mundo —incluso la Liga MX a sola una fecha de llegar al final de la etapa de clasificación—, dando paso a una serie de partidos amistosos y, en el continente europeo, a una fecha más de la “Europa Nations League”, la que, en esta ocasión, además de servir de preparación para el Mundial de Catar a las selecciones que participarán en él, servirá para conocer a los equipos que descenderán al nivel inferior, así como a los que clasificarán a las finales de cada una de las cuatro ligas —A, B, C y D— que la conforman.

Además de la noticia del descenso de la selección inglesa a la Liga B y la clasificación a semifinales de las selecciones de Croacia y Países Bajos, los resultados y el desempeño de la selección polaca en sus encuentros contra Países Bajos y Gales resulta relevante porque será contra ella que se enfrentará “el Tri” en la primera fecha del mundial y porque todo parece indicar que será en ese encuentro en el que la selección mexicana se jugará su clasificación a la siguiente ronda. En su primer encuentro, los polacos perdieron 0-2 en su encuentro contra Países Bajos y, en el segundo, vencieron 1-0 al equipo representativo de País de Gales, sin mostrar grandes cosas en ninguno de los dos encuentros, salvo una asistencia magistral de Lewandowski. Arabia Saudita, otro de los rivales de México en el Mundial catarí, por su parte, empató contra el representativo de Ecuador, mientras la oncena argentina mostró su poderío al vencer 3-0 a la selección de Honduras. México, por su parte, tampoco mostró gran cosa en su triunfo sobre la selección peruana 1-0, con un gol tardío —y poco menos que increíble— del Chucky Lozano.

En los primeros días de la semana, concluyó la “Serie del Rey” en la Liga Mexicana de béisbol, con los Leones de Yucatán coronándose campeones en una serie que se extendió a siete juegos. En la Ligas Mayores, poco a poco se van conociendo los equipos que clasificarán a las series de campeonato de División: Yanquis de Nueva York y Astros de Houston en la Liga Americana; Dodgers de Los Ángeles y Mets de Nueva York tienen ya asegurado su lugar. Esta semana también fue importante en el tema de los cuadrangulares: Albert Pujols llegó a la marca de 700 en su carrera y Aaron Judge alcanzó la marca de 60 en una temporada de Babe Ruth y todo parece augurar que alcanzará y superará la marca de 61 de Roger Maris…

En el “deporte blanco”, Londres se convirtió este fin de semana en el centro de atención con motivo de la realización de la Copa Laver, un torneo en el que participan dos equipos: uno que representa a Europa y otro que representa al Resto del Mundo; que convoca tenistas que ocupan algunos de los mejores lugares en la clasificación mundial y que disputan partidos individuales y de dobles. Para ganar el torneo, uno de los dos equipos debe alcanzar 13 puntos. Los partidos se distribuyen en tres jornadas con cuatro partidos por día: tres individuales y uno de dobles. Los partidos del primer día valen 1 punto; los del segundo 2 puntos y los del tercero, 3 puntos.

“En el papel”, el equipo representante del continente europeo parecía más fuerte que el del resto del mundo, ya que formaron parte de él cuatro de los mejores tenistas de los años recientes: Roger Federer, Novak Djokovic, Rafael Nadal y Andy Murray, acompañados por Casper Ruud [2], Stefanos Tsisipas [6] y Matteo Berretini [15], mientras los mejor clasificados del “Resto del mundo” fueron Taylor Fritz [12], Félix Auger-Aliassime [13], Diego Schwartzman [17] y Frances Tiafoe [19]. Y, sin embargo, fue este equipo el que, finalmente, se quedó con la Copa Laver este año y por primera vez.

Este año, la “Laver Cup” despertó una atención que nunca había despertado en sus cuatro ediciones anteriores y que, quizás, no vuelva a despertar. ¿El motivo? Haber servido de marco para la despedida de “su majestad” Roger Federer, quien es considerado por muchos el mejor tenista de todos los tiempos, no porque sea el que haya ganado más torneo de “Gran Slam” [ganó 20] —rubro en el que es superado por Rafael Nadal [22] y Novak Djokovic [21]—; tampoco porque haya sido quien se haya mantenido más semanas en el primer lugar de la clasificación de la ATP [sumó 310 semanas] —Djokovic lo supera con 373; ni por tener un récord positivo en sus enfrentamientos con el tenista manacorí —con quien tiene un récord negativo 16-24— o con el tenista serbio —con quien tiene también un récord negativo 23-27, ampliado en los últimos años—, sino porque es quien más triunfos ha alcanzado en ese tipo de torneos y, sobre todo, porque nadie ha sido capaz de combinar, como él, la eficiencia con la belleza en su juego, una muestra indudable de lo que es la dimensión estética del deporte, esa que trasciende lo ordinario, lo cotidiano y que incursiona en ámbitos en que —Wittgenstein “dixit”— es mejor callar y limitarse a contemplar y agradecer.

Y sí, en el ocaso de su carrera profesional, el tenista suizo, teniendo a su lado —y no frente a sí, como lo tuvo ordinariamente— a Rafa Nadal, incluso habiendo resultado derrotado —las lesiones, el largo tiempo sin jugar, el peso de los años y el no ser especialista en juegos de dobles le “pasaron factura”— fue capaz de mostrar su calidad y ofrecer unas pinceladas finales de lo que fue su arte tenístico en un marco increíble: la compañía de los demás miembros de su equipo y de los miembros del equipo rival; la compañía de otros dos tenistas de los mejores de todos los tiempos: el sueco Björn Borg, capitán del equipo europeo y el norteamericano John McEnroe, capitán del equipo del resto del mundo. Y, por supuesto, Rod Laver, otro de los más grandes de todos los tiempos y cuyo nombre lleva este torneo que, el año próximo, se llevará a cabo en la Rogers Arena de Vancouver, Canadá y en 2024 en la Mercedes-Benz Arena de Berlín, Alemania.

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