Por Ernesto Acero C.

Una elección se gana con votos, no con “likes”. Esos “likes” son los que suelen buscarse en las redes sociales, de manera afanosa. Hay quienes viven de ellos y otros que mueren por ellos. La mayoría de las personas, acceden a las redes sociales movidos por temas sexuales, por modas, para comunicarse con pequeños grupos de amigos o familiares.

Esas redes sociales ya han sido utilizadas también con fines políticos y electorales. Incluso han sido utilizadas en movimientos sociales como en el caso de la primavera árabe. No obstante, no existen, hasta ahora, evaluaciones, mediciones que nos revelen el grado de influencia en esos movimientos sociales.

Hasta ahora no podemos saber cuántos votos recibió un candidato en una elección, por influencia de las redes sociales. No sabemos cuántas personas se sumaron a movimientos sociales por influencia de lo publicado en las redes sociales.

De lo que existe mayor evidencia, es del uso de fuertes sumas de dinero destinadas a inyectarse a movimientos sociales o a campañas electorales. De eso no hay duda: se requieren grandes sumas de dinero o de fuerte respaldo social a un movimiento, para lograr resultados favorables en las redes sociales. El éxito en las redes sociales no garantiza en éxito en las urnas electorales.

¿Qué garantiza el uso de las redes sociales en los procesos electorales? El uso de las redes sociales garantiza la respuesta casi inmediata a los ataques provenientes de “enemigos” o de “adversarios”. Usar las redes sociales también garantiza el acercamiento de información a vastas comunidades. El uso de las redes sociales se parece a un avión que atraviesa el cielo lanzando panfletos para que lleguen a lectores conocidos y desconocidos.

Las redes sociales tienen una igual o mayor cobertura demográfica que la televisión en su mejor momento. Esas mismas redes sociales tienen una mayor o igual cobertura que la radio. La radio ha logrado mantener una mayor cobertura que la televisión, hasta ahora. Tanto radio como televisión acabarán por hundirse en el olvido en la medida que la conectividad o acceso a internet se facilite a la población (por razones económicas, principalmente).

Las redes sociales siguen siendo una forma incipiente de comunicación. Aún están muy lejanos los escenarios asimovianos. No obstante, a estas alturas podría asegurarse qué en su actual estatus evolutivo, tienen una mayor influencia que la radio o la televisión.

Ni la radio ni la televisión tienen el poder de la inmediatez que tiene internet. Ni la radio ni la televisión pueden comunicar con la misma celeridad que internet, un hecho, un acontecimiento.

Su inmediatez, hace de internet (en especial de las redes sociales), un instrumento deseado para quienes actúan en la escena pública. La comunicación gubernamental por las redes sociales aún deja mucho que desear; internet solamente sirve para resolver el desafío de la transparencia, misma que no se resuelve con aparatos burocráticos, sino con voluntad política. La comunicación política y en especial la comunicación electoral, está en peores condiciones que la gubernamental.

En redes sociales no se observa una actividad propositiva. Lo que se percibe, son montañas de ataques mutuos. De estos existen diversos estudios, que han servido para detectar el uso de “bots”. Los ataques que se registran en las redes sociales son contra campañas que se conciben y despliegan para dañare la imagen de los competidores.

Las contra campañas, no son críticas, sino simples ataques en los que se suele valer de todo. En redes sociales es común que se tire la piedra y se esconda la mano. Esos ataques tienen en la vida privada una mina de elevado poder destructivo. La vida privada es una fuente inagotable de material destructivo; es una mina dado que la vida privada se ataca con información, con chismes o con pura y vil imaginación. De ser información, en realidad es cosa que a nadie debería importar, pero el morbo es grande y prejuicioso. Si es chisme lo que se dice de la vida privada, tampoco debería manejarse porque sigue siendo espacio intocable. Si es imaginación con lo que se ataca la vida privada, se entra a un espacio en el que no queda ladrillo sobre ladrillo, ni en el lado de tirios, ni en el de troyanos.

Las redes sociales pueden llegar a tener un efecto en el ánimo de los electores, de suma cero. Una campaña propositiva suele no tener efecto alguno, excepto si agrega la variable demagogia. La demagogia detona ataques en contra o más demagogia.

Una campaña de ataques puede tener un mayor efecto entre los electores. Aquí es donde aparece el concepto “fake news”. Estas no son sino mentiras, simplemente mentiras o noticias falsas. Esas falsas noticias pueden ser difundidas citando medios reales o inexistentes para lograr mayor credibilidad de los destinatarios. La falsa noticia generalmente es un ataque revestido de información.

Se sabe que buena parte de los electores emite su voto movido más por sentimientos que por razonamientos. Una buena parte de las falsas noticias se conciben para provocar el malestar de la población contra un personaje. A eso le apostaron los publicistas de Felipe Calderón, que presentaban a Andrés Manuel López Obrador como “un peligro para México”. En 2018, los malquerientes de López Obrador intentaron promover el odio en sui contra, pero fracasaron.

Las redes sociales no son el mejor medio para realizar una campaña electoral. No obstante, no usarlas puede constituir un error. Las elecciones se ganan con votos; para eso se requiere construir redes políticas.

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí