“… el tigre con chistera, presidente / del Club Vegetariano y la Cruz Roja, / el burro pedagogo, el cocodrilo / metido a redentor, padre de pueblos, / el Jefe, el tiburón, el arquitecto / del porvenir, el cerdo uniformado, / el hijo predilecto de la Iglesia / que se lava la negra dentadura / con el agua bendita y toma clases / de inglés y democracia”
Octavio Paz
Por Ernesto Acero C.
¡Al ladrón, al ladrón!, grita el ladrón. Así es. Quienes designaron como Secretario de Seguridad a Genaro García Luna, ahora acusan a sus odiados enemigos de ligas con el mundo del hampa. Hoy ese ex funcionario está tras las rejas en Estados Unidos por su alianza con el narcotráfico. Quienes hicieron Fiscal a otro personaje que ahora se encuentra tras las rejas en Estados Unidos, dicen que ya no lo volverán a hacer. Los que se han ligado con el mundo criminal, juran y perjuran que ahora sí se van a portar bien. Indebidamente tienen una lengua tan larga como su cola.
Tienen las alacenas retacadas de huesos de muerto y de toda clase de inmundicia. Así se atreven en el colmo del cinismo, a lanzar anatemas y acusaciones sin más sustento que su odio. Ese es el contenido rabioso de una parte del continente discursivo en el proceso electoral en curso. Así actúan los que por la noche disfrutan la ingesta de santos, aunque por la mañana defequen diablos.
Hablan de narco-presidentes y otras linduras. La recalcitrante derecha apuesta al fondeo del odio, de su propio odio. Aunque, ¿quiénes pueden haber tenido ligas con el narcotráfico? Veamos.
Hasta con argumentos matemáticos, podríamos demostrar que quienes son parte de la cadena de poder del narcotráfico, son los que ven la paja en el ojo ajeno (suponiendo, aunque no concediendo, que esa paja existe).
En efecto, si Genaro García Luna ha sido reconocido como aliado de narcotraficantes, no podemos suponer que, el que era su jefe, Calderón Hinojosa, no sabía nada. ¿Quién era el jefe de García Luna? Era Felipe Calderón, estando en el cargo de Presidente de la República. Por su “bien”, pensemos que sí sabía y que no era una tonta marioneta manipulada por un jefe del crimen.
Si Felipe Calderón sabía que García Luna era parte de la maquinaria del crimen organizado, mantenía en el cargo a su “Secretario de Seguridad” por compromisos con bandas criminales. No se debe descartar que la campaña electoral de Felipe Calderón haya sido financiada por bandas criminales. Habría que suponer que García Luna financió la campaña electoral de Felipe Calderón con dinero cuyo origen fue la actividad criminal.
Sobre esa base de razonamiento, se podría enunciar la siguiente igualdad: García Luna obtuvo dinero del narcotráfico para la campaña de Felipe Calderón. En esa lógica, procedería suponer que el ex presidente Calderón Hinojosa hizo pacto con una banda criminal para atacar a la competencia.
Ahora, Felpe Calderón apoya a la candidata de la recalcitrante derecha delirante. Si Calderón recibió dinero del narco, entonces ahora es gestor de dinero del narco para favorecer una candidatura de derecha. Ante lo que estaríamos entonces, es frente a una narco-candidata. ¿Una narco-candidata a la Presidencia?
Me parece que pensar en esa lógica no procede. Tampoco procede desplegar una campaña contra López Obrador partiendo de ese desparpajado amasijo de ideas podridas. No proceden campañas de ese tamaño en función de la existencia de indicios que hacen un camino que enlaza a una candidata con un ex presidente y con su secretario que ahora está tras las rejas en Estados Unidos y cuyos pasos se ligaron con mafias criminales.
En todo caso, en estricto sentido, los mexicanos estamos ante una narco-candidata. También podríamos estar ante una narco-alianza y, por tanto, podría hablarse de asociación delictuosa. Es tan penoso como escandaloso ver como lo que queda de una supuesta izquierda se ha entregado en brazos de esa narco-alianza cuyo ideólogo podría ser García Luna.
Narco-candidata, narco-alianza, narco-campaña; podrían derivarse más decenas de parecidas locuciones a partir de esa pudrición garcíaluna-narcocandidata-calderón-narcoalianza. En esa misma lógica podrían inventarse más mentiras y expresiones igualmente estridentes.
Es verdad que el gobierno de López Obrador no ha acabado con la violencia que azota al país. Tan es verdad como que esa violencia tuvo como caldo de cultivo los gobiernos de Fox, Felipe Calderón y Peña Nieto. Digamos que “haiga sido como haiga sido”, Fox dejó en libertad al Chapo, luego Felipe Calderón entregó la Presidencia y el país mismo a una de las vertientes del narcotráfico.
Sobre la base de indicios muy claros, podría concebirse una campaña en la que no se digan mentiras, pero cuyo sustento podrían ser verdades a medias. A cada mentira que se invente contra López Obrador y todo lo que representa, se puede responder con otra mentira, con una verdad a medias o de plano, con la verdad.
Sería deseable que los discursos de campaña sirviesen a los electores para razonar, para definir el rumbo de su voto. La realidad es que no es así y que se apueste a la mentira, a la estridencia inútil, al discurso fácil sin ideas, sin propuesta de proyecto de nación. Han enloquecido quienes le apuestan a sembrar el odio como eje de su “mensaje” electoral.
Más grave todavía es que se utilice la tragedia nacional que han causado, como materia prima para sembrar odio entre los mexicanos. La violencia de la que hablan ellos la causaron, ellos la sembraron desde el gobierno que entregaron a las mafias del narcotráfico. ¡Al ladrón, al ladrón!, grita el ladrón.







