Lo bueno, si breve, doblemente bueno

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Citada a veces en demasía, la idea de Baltasar Gracián de que si algo es bueno y breve es dos veces bueno, cobra relevancia cada que un orador extiende su mensaje, pierde el hilo, suma demasiados puntos, no tiene énfasis, y una larga lista que pudiera seguir, pero iría justo en contra de lo que quiero comentar.

Viene a colación porque en la semana, una vez más dio nota el Papa Francisco quien desde el Vaticano instó a los curas de todo el mundo a que hagan sus homilías más cortas, incluso sugirió que no superen los ocho minutos para que los fieles, así lo dijo Jorge Mario Bergoglio: “no se duerman”.

Esta homilía, también conocida como sermón, es la parte que viene luego del evangelio. Donde el clérigo explica, describe, comparte su opinión de esa lectura y por lo regular trata de ligarlo con un tema actual o de traer la enseñanza con algo cercano a los feligreses que lo escuchan.

El Papa Francisco además fue tajante: “La homilía debe ser corta. Una imagen, un pensamiento, un sentimiento. La homilía no debe superar los ocho minutos porque tras ese lapso de tiempo, se pierde la atención [de los fieles], la gente se duerme, y tienen razón. Así es como debe ser una homilía y eso es lo que quiero decir a los curas que hablan tanto, tan a menudo, y no se entiende de lo que hablan”.

Vale la pena entender esto por los otros factores alrededor. Baste mencionar tres. Primero la competencia con las otras religiones, y la baja en quienes se dicen católicos en todo el mundo, pero vayamos al caso de México, la medición del Censo de 2020 señaló que más de 90 millones de mexicanas y mexicanos se declararon católicos, sin embargo, como en otras partes del mundo han venido disminuyendo sus números.

Segundo, no podemos olvidar que todavía vivimos las secuelas de la pandemia provocada por el Covid-19 donde sin duda los temas religiosos tuvieron que adaptarse para sobrevivir y entonces fuimos testigos de las transmisiones por radio, televisión y sobre todo redes sociales de homilías. Tuvimos como una vez me comentó mi amigo el periodista Antonio Tello, la primera bendición virtual, lo cual se dice muy rápido pero antes de la pandemia parecía algo improbable.

Y tercero, la batalla por la atención (citando al también periodista Mario Campos), con tantas distracciones e impactos que tenemos diariamente, lograr captar la atención durante una hora, y dentro de ella los minutos que dura el sermón, es todo un reto para los sacerdotes.

Así que muy bienvenido esta instrucción disfrazada de consejo del máximo jerarca de la iglesia católica, y bien deberían algunos integrantes de la clase política adoptarlo porque no falta quien piensa que mientras más hablan, elevan la voz, abusan de la arenga y el histrionismo, la gente los admira, cuando es todo lo contrario. Y así tendríamos eventos más breves, quizá mejores, y en términos de comunicación, mucho más efectivos.

@rvargaspasaye

www.consentidocomun.mx

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